martes, 14 de septiembre de 2021

MÁS ALLÁ DE UNA AVENTURA - CAPÍTULO V - EL VIAJE

 


Bella y Sonia fueron a comer mientras sus hijos estaban en una actividad para niños en la iglesia.  Bella estaba muy nerviosa. Se sobaba las manos, se tronaba los dedos, se movía de un lado a otro en la silla.
-Es la última vez que te lo digo, Bella. ¿Estás segura de que Yassine no te ha engañado?
-Aquí la única que está engañando soy yo. Tú lo sabes- respondió sonriendo tristemente.
-Me refiero a que tal vez él te lleve con engaños para allá y luego ya no te deje regresar. Dicen que los marroquíes son muy malos. Que allá las mujeres no tienen derechos y que son consideradas inferiores a los hombres.
-Estoy completamente segura de que él no es así. Yo se que la cultura de ellos es totalmente  diferente a la nuestra, pero también se que ya están cambiando su forma de pensar. Se que, al igual que en todo el mundo, hay gente buena y gente mala- respiró hondamente. -Y no me cabe la menor duda de que  Yassine es bueno.
-¿Y cómo es que sabes que ya están cambiando las cosas en Marruecos? ¿Te lo dijo Yassine?- preguntó Sonia, sonriendo mientras movía la cabeza negativamente.
-Lo he leído. He investigado un poco sobre la cultura en este país- dijo agachándose.
-Entonces…. ¿Estás completamente decidida a ir?
-Sí- respondió viéndola a los ojos. -¿Me vas a ayudar?
Sonia se recargó en el respaldo de la silla, levantó la mirada al cielo, y cerrando los ojos respondió:
-Eres mi amiga y te quiero mucho. Y aunque no estoy de acuerdo en esto, te voy a ayudar.
-¡Gracias!- respondió tomándole las manos. -Todo va a salir bien. Ya lo verás.
-Javier me ha sugerido ir a visitar a mi mamá a Idaho. He aceptado, y le comenté que te invitaría. El viaje es para los días en que los niños van a estar en el campamento de la iglesia.
-¡Perfecto! – Eso es en Julio, y Yassine me ha invitado a ir en ese mes- dijo mientras se quitaba un mechón de su cabello que caía sobre uno de sus ojos. -¡Perfecto!- repitió.
-No tan perfecto, amiga- dijo Sonia muy seria. -Esto se pone cada vez más peligroso.
-No te entiendo- dijo desconcertada.
-Algún día, Javier puede mencionarle a mi mamá mi visita contigo a su casa. Y mi mamá podría descubrirnos.
Guardaron silencio por unos momentos, hasta que Bella se entusiasmó nuevamente.
-No va a pasar nada. Te lo aseguro.
Sonia movió la cabeza resignada. Y juntas, empezaron a planearlo todo, para que Bella pudiera ir a Marruecos a encontrarse con Yassine.


De regreso a su casa con sus hijos, Bella iba pensando en las mentiras que le diría a Adolfo para que la dejara ir con Sonia a Idaho. Primero se imaginaba que él se negaba rotundamente, que no estaba dispuesto a que ella se fuera por dos semanas sola. Luego, veía las cosas muy fáciles y lo imaginaba tan entusiasmado como ella, apoyándola con lo del viaje para que descansara. Todo el camino iba callada, estaba muy nerviosa.
«Si Adolfo se niega a que vaya, me voy a poner a llorar ahí mismo, enfrente de él» pensaba mientras sentía un dolorcito en la boca del estómago.


Una vez que sus hijos dormían, Bella fue a la biblioteca para plantearle su viaje a Adolfo. Se detuvo en la puerta para tomar aire y tranquilizarse un poco. Cuando abrió la puerta, su esposo estaba parado de espaldas mirando por la ventana, mientras hablaba por su celular. Cuando la escuchó entrar, se dio la vuelta rápidamente y a Bella le pareció notar que se ponía nervioso.
-No se preocupe, todo va a estar bien- le dijo a la persona con quien hablaba. -Todo va a salir bien. En cuanto tenga novedades, me comunico con usted. Hasta luego.
Se quedó en silencio, muy serio, sin moverse, mientras veía a Bella.
-¿Con quién hablabas?- preguntó ella.
-Un cliente- respondió mientras metía su celular en el bolsillo de su pantalón.
-Hay problemas, ¿verdad?
-¿Por qué crees que siempre hay problemas?- contestó molesto, mientras movía la cabeza negativamente y se sentaba al escritorio, mientras organizaba unos papeles.
-Perdona- dijo ella descontrolada por la forma en que él le contestó.
-Perdóname tú a mí- se levantó y la abrazó. -Estoy un poco estresado, es todo. Dime…- la tomó de la mano, llevándola hacia una de las sillas del escritorio. -¿cómo les fue esta tarde?
-Muy bien. A los niños les encantan las actividades de la iglesia. Mientras ellos estaban ahí, Sonia y yo fuimos a comer- Tomó aire nuevamente. -Me ha invitado a ir a Idaho en Julio, mientras los niños están en el campamento.
-Ah, ¡Qué bien!- respondió sonriendo. -¿Te gustaría ir?
-En realidad, sí- dijo acomodándose el cabello detrás de las orejas. -Durante las dos semanas en que los niños están en el campamento, me siento muy sola aquí en la casa. Tú con tanto trabajo últimamente, y yo solita en mis vacaciones aquí…- se agachó- no es muy agradable pasar tanto tiempo sola- dijo débilmente.
-Ve, entonces. Se que te hace falta distraerte. ¡Adelante!
-¿Estás seguro?- no podía creerlo.
-Por supuesto.
Tuvo que hacer grandes esfuerzos por no brincar de gusto, ahí enfrente de su esposo. Cuando salió de la biblioteca fue casi corriedo hacia su habitación y se sentó enfrente del ordenador.
“Yassine, tengo todo resuelto para Julio. Puedes comprar el boleto para que te vaya a visitar. No sabes lo feliz que estoy por que pronto voy a volverte a ver.”


-Estoy feliz- le dijo a Sonia, después de que quedaron solas en el salón.
-¿No te puso ninguna traba?- preguntó sorprendida.
-No. Fue de lo más fácil- dijo mientras se sentaban. -Simplemente le dije que me hacía falta distraerme y él lo entendió.
-¡Vaya!- dijo Sonia frunciendo el ceño extrañada. -Tienes razón al decir que siempre se te facilitan las cosas con tu marroquí. -Apenas puedo creer que así de fácil haya aceptado. Pero… ¡bien!, bien por ti, amiga.
De pronto Bella se quedó pensativa. Recordando cómo fue la conversación que tuvo con su esposo la noche anterior.
-Tienes razón- dijo por fin. -Me puse tan contenta al saber que voy a ir a Marruecos, que no le dí importancia a eso.
-¿A qué?- preguntó extrañada.
-A la facilidad con que Adolfo me dejó hacer el viaje contigo. Ahora que lo pienso, es raro eso. Creo que no le importó que me desaparezca por unos días.
-No vayas a salir ahora, con que te duele que Adolfo no se haya mostrado triste por que te le vas a ir por dos semanas- movió la cabeza a manera de confusión.
-Claro que no. Es solo que lo he notado raro últimamente, pero es por tanto trabajo que tiene. En fin- dijo soplándose los rizos que caían sobre uno de sus ojos. -Lo que ahora me importa es que pronto voy a estar con Yassine.


-Ya saben, mis amores. Cualquier cosa que suceda, llamen a su papá. Recuerden que yo voy a ir con Sonia de vacaciones- dijo a sus hijos mientras los besaba en el campamento.
Una vez en su casa, estaba muy emocionada pensando en que en un par de días estaría con Yassine. Tenía que apurarse a hacer sus maletas, para estar lista. En eso estaba cuando Adolfo entró a la recámara.
-¿Lista para tu viaje?
-Ya casi- respondió sin verlo a la cara.
-¿Dónde está tu boleto?- preguntó él, buscándolo en el tocador.
-Los compramos por internet, así que solo tenemos los números de confirmación.
-Ah, ya veo. Bella…- le dijo caminando nerviosamente por la recámara. -No voy a poder acompañarte al aeropuerto.
-No te preocupes. Sonia va a venir a recogerme para irnos juntas. Vamos a dejar su coche en el estacionamiento del aeropuerto.
-Bien- respondió aliviado. -Tengo que salir a una reunión. Quizás llegue tarde.
-¿Te veré por la mañana, antes de irme?
-Por supuesto- le dio un beso en la mejilla y salió de la habitación.
«Algo le pasa» pensó mientras veía la puerta por donde Adolfo salió. Pero rápidamente se olvidó del asunto y terminó de arreglar su maleta.


Después de bañarse, Bella se arreglaba esa mañana para irse. Adolfo despertó y se enderezó en la cama. No decía nada, solamente la miraba.
-¿Qué pasa?- le preguntó Bella, viéndolo por el espejo.
-Te voy a extrañar- respondió sonriendo.
-Sólo serán dos semanas- dijo desviando la mirada. Se puso nerviosa. Temía que Adolfo le pidiera que no fuera.
-Lo sé. Aún así voy a extrañarte.
En eso escucharon el timbre de la casa. Era Sonia, y Bella corrió a abrirle la puerta.
-Pasa, en unos segundos nos vamos.
-¿Te robas a mi mujer?- dijo Adolfo, mientras besaba a Sonia en la mejilla.
-Ya era hora, ¿no crees?- sonrió. -Ahora vas a sentir lo que ella, cuando tú te vas.
-Yo me voy por cuestiones de trabajo, no de placer- replicó.
-¿Quieres que me quede contigo?- preguntó Bella, con la voz temblorosa.
-Estoy bromeando, cariño- la abrazó. -Te mereces una vacaciones.


Bella no podía con los nervios. En unos momentos, se separaría de su amiga. Cada una tomaría difentes aviones. Sonia la notó un poco pálida.
-¿Te encuentras bien?
-Sí. Sólo un poco nerviosa.
-Estás a tiempo, Bella. Si de pronto has tenido dudas con este viaje, no vayas- le dijo tomándola de los brazos.
-No tengo dudas- dijo con determinación. -Estoy nerviosa, por la emoción de volver a ver a Yassine.
-Bien. No dudes en llamarme para cualquier cosa que se te ofrezca.
-Gracias- se despidieron con un abrazo.
-Bella…- alcanzó a escuchar a Sonia. -Ten cuidado, por favor.
Ella sonrió y asintió con la cabeza.


Yassine tenía poco menos de una hora en el aeropuerto de Casablanca. Había decidido llegar temprano, para estar allí antes de que Bella llegara. Estaba nervioso; deseaba tenerla ya entre sus brazos. Desde que supo que Bella iría a visitarlo, se había organizado con su familia, para darle una calurosa bienvenida.  Le había pedido a Hayat y a Fatima que hicieran una rica comida tradicional. Quería que Bella se sintiera cómoda y feliz con su familia.
Caminaba de un lado a otro por los pasillos del aeropuerto. Veía cómo la demás gente recibía a las pesonas que esperaban. El tiempo pasaba muy lento. Por ratos se sentaba, pero la ansiedad hacía que volviera a levantarse. Cada que consultaba su reloj, se daba cuenta que solo habían pasado unos cuantos minutos, pero que a él le parecían horas. De pronto, escuchó el anuncio por el altavoz. El avión que venía de París estaba llegando. Consultó el número de vuelo, y sí, era el avión en que Bella venía.
Fue hacia la sala de llegada, cuando la alcanzó a ver caminando. Ella no lo vio a él, parecía poner atención a la maleta rodante que jalaba. Yassine corrió hacia ella, mas quiso sorprenderla.  Llegó por detrás de ella, y le tapó los ojos.
Bella se sobresaltó. Se llevó las manos hacia las manos que le tapaban los ojos.
-Adivina quién soy- le dijo Yassine al oído.
-¿Qué premio me gano, si adivino?- preguntó al reconocer la voz.
-Todo mi amor- respondió mordiendo suavemente el lóbulo de la oreja.
La enlazó por la cintura, dándole vuelta y colocándola de frente a él.
-Gracias, mi Bella- la besó en la boca.
-Gracias, ¿porqué?- sonrió.
-Por estar aquí conmigo.


-Tienes un lindo coche- dijo mientras Yassine conducía hacia su casa.
-Tú eres mucho más linda, mi luna- dijo mientras ponía su mano sobre la pierna de Bella.
Ella se estremeció cuando sintió su contacto.
-¿A dónde vamos?
-A casa. Quiero que conozcas a mi familia.
-Preferiría llegar primero a un hotel, para asearme y dejar ahí mis cosas.
-¿Cómo se te ocurre pensar eso, mi bella?- dijo acariciando una de sus mejillas. -No vas a quedarte en ningún hotel. Te quedarás en mi casa.
-¡No!, por favor. No puedo quedarme en tu casa.
-Mi casa es tu casa, Bella.
-Por favor, Yassine. Llévame a un hotel. Traigo dinero para pagarlo.
-No se trata de dinero- soltó la carcajada. -Eres mi novia, Bella. Vas a ser parte de mi familia. Te quedarás en mi casa.
-No. No puedo. Me da mucha vergüenza. ¿Qué va a pensar tu familia?
-¡Por favor, mi alma! Ellos no van a pensar nada malo. Saben que eres la mujer que amo y con quien me casaré pronto.
Bella volteó a verlo sorprendida. Creyó haber entendido mal. Volteó la mirada hacia la calle, pensando en lo que estaba sucediendo.
«¿Y si Sonia tenía razón?» comenzó a preocuparse.
-Por favor, detén el auto- le pidió.
Una vez que se pararon a la orilla de la calle, Bella tomó aire.
-¿Te sientes mal? Estás pálida.
-Yassine, siempre he pensado que eres un hombre bueno. Pero de pronto me has hecho dudar- dijo viéndolo a los ojos.
-¿Porqué dices eso?- la vio sorprendido.
-Me quieres llevar a tu casa sabiendo que para mí es un poco incómodo. Y has mencionado que nos casaremos.
-¿Eso te ha hecho pensar que no soy un hombre bueno?- sonrió.
-Me niego a creer que eres de los hombres que piensan que las mujeres no podemos opinar. Pero siento como si te estuvieras imponiendo sobre mí.
-Nada de eso, mi alma. Hagamos un trato- sugirió él, después de un breve silencio. -Vamos a mi casa a comer, a platicar con mi familia. Si para en la noche no te sientes a gusto, nos vamos a un hotel. ¿Te parece?
-Está bien- suspiró. -En cuanto al tema de casarnos, lo dejamos pendiente, ¿de acuerdo? Es muy pronto para hablar sobre eso.
Yassine rio y le dio un beso en la frente.
Después de conducir por aproximadamente unos veinticinco minutos, salieron de la ciudad y pronto tomaron un camino de terracería. El camino era muy angosto, y ambos lados de la carretera estaban llenos de enormes árboles frondosos.
Nuevamente se sintió nerviosa y él lo percibió.
-Me tienes confianza, ¿verdad, mi alma?
-Sí, claro- respondió bajito.
-Vivimos en una casa afuera de la ciudad, en el campo- dijo riendo divertido, al ver que Bella estaba nerviosa. -Pronto llegaremos.
De pronto, el camino se hizo mucho más ancho, hasta convertirse en un terreno completamente abierto. El pasto era muy verde y muy bien cuidado. Más allá se alcanzaba a ver una casa enorme de dos pisos. Cuando llegaron a ella, Bella no pudo dejar de admirar la belleza de esa casa.  El jardín estaba lleno de rosales rojos y blancos, perfectamente podados. También había muchos árboles de troncos delgados y de ramas muy frondosas. Del verde intenso de sus hojas resaltaban unas bolitas rojas. Eran cerezas.
-¿Lista para conocer a la familia?- le preguntó Yassine.
Ella asintió con la cabeza, mientras se acomodaba el cabello. Subieron una escalinata para llegar a la puerta principal de la casa. Entraron a un salón grande. Bella no podía dejar de voltear para todos lados. Era un salón muy elegante, muy iluminado. Tenía ventanas grandes, con largas cortinas doradas abiertas de par en par, para permitir que la luz del día iluminara. Los sillones de la sala eran muy grandes y había varios tapetes decorando el suelo.
-Tu casa es muy bonita- dijo sin dejar de mirar para todos lados.
-Es tu presencia la que la hace verse bonita, mi bella.
En eso escucharon voces acercándose.


Entraron al salón una mujer con un chal alrededor de la cabeza, y un hombre. Le sonrieron mientras hablaban en árabe con Yassine. Bella se incomodó. No tenía idea de lo que hablaban. Entonces, la mujer la abrazó y le habló en español.
-Bienvenida, Bella.
-Muchas gracias- respondió aliviada. De pronto pensó que no se podrían comunicar.
-Bella, ella es mi hermana Hayat, y su esposo- dijo señalando al hombre.
Él la abrazó también y le dijo algo en árabe.
-No habla español- dijo Hayat. -Dice que le da mucho gusto conocerte. Vamos, Bella, imagino que quieres asearte.
Bella la siguió hacia el que sería su dormitorio. Al salir del salón se encontraba un patio enorme con una fuente en medio. Alrededor de ella había cuatro macetas con tulipanes rojos y amarillos.  Siguieron caminando por la orilla de otras habitaciones con puertas grandes de cristal hasta llegar a una escalera. Subieron al segundo piso y caminaron hasta llegar a la última habitación.
-Este es tu cuarto- dijo Hayat sonriendo, mientras abría las puertas de cristal de par en par. -Aquél es el baño- señaló una puerta. -Puedes acomodar tu ropa en este armario.
-Muchas gracias- respondió. -Hablas muy bien el español.
Hayat salió cerrando tras de ella las puertas. Bella no pudo dejar de soltar un “wow”. Era una casa increíble. Parecía sacada de un cuento. Cerró las cortinas largas de color rojo que colgaban a los lados de las puertas. No se molestó en cerrar las de la ventana; nadie la podría ver, ya que estaba en el segundo piso, y no había nada más que campo alrededor de la finca. Cuando entró al baño, vio una bañera blanca y no pensó en nada más que en meterse en ella con agua tibia.
Más tarde, cuando terminaba de arreglarse, oyó que tocaban a su puerta. Abrió y vio a Yassine.
-Mi bella luna… más bonita que nunca- le dijo besándola en la boca mientras entraba en la habitación.
-Hace calor- dijo sonriendo.
-Vamos, mi luna. Toda mi familia está esperándonos en el comedor. Supongo que tienes hambre.
Tomados de la mano bajaron. Una vez en el patio, Bella fue hacia la fuente y se quedó pensativa viendo el agua saltarina.
-Vamos, mi alma. Pasemos al comedor.
-Espera- dijo con la voz temblorosa. -¿Estás seguro de que no me hace falta usar algo en la cabeza?
-Estás perfecta- dijo él, soltando la carcajada. -Sabemos que en tu cultura no usan el chal, y créeme- dijo abrazándola, -respetamos todas las culturas.
Bella suspiró y pasaron a la habitación en la que estaba el comedor. De pronto, los tres hombres que estaban allí se pusieron de pie, respetuosamente.
-Quiero presentarles a Bella, mi novia- dijo Yassine muy emocionado.
Las mujeres se levantaron de los asientos y la saludaron muy sonrientes. Todas llevaban un chal cubriendo su cabello.
-Bienvenida, Bella- dijo Fátima. Ella también hablaba español. -Tenía muchas ganas de conocerte. Espero que seamos buenas amigas.
-Mucho gusto en conocerte- dijo Dahara, la esposa de Mohamed. Su español era malo, pero le podía entender bien.
Después la saludaron el esposo de Fátima y Mohamed. También hablaban español. Por fin, Yassine la invitó a sentarse y cuando ella se hubo sentado, todos los hombres hicieron lo mismo.
«Todos muy amables y caballerosos» pensó sorprendida.
Fue entonces que se percató de que las mujeres estaban en la cocina. Rápidamente se puso de pie, y todos los hombres hicieron lo mismo.
-Voy a ayudarlas- dijo sin poder evitar una risa.
-No, Bella- dijo Fátima, acercándose con una vianda. -Eres nuestra invitada y nosotras tus anfitrionas.
-Pero no me siento a gusto. Prefiero ayudar.
-De ninguna manera- dijo mientras le tocaba el hombro, haciendo que volviera a sentarse. -Si insistes, nos vamos a molestar. ¿Entendido?
Bella sonrió y todos volvieron a sentarse.
Después, durante la comida, todos platicaban animadamente. Hayat le traducía a su esposo. Poco a poco, Bella fue sintiéndose mejor. En realidad, eran una familia muy unida y muy amable.
-¿Cómo es que saben español?- les preguntó.
-Por la cercanía con España.


Pasaron una tarde excelente platicando y riendo mucho. Le estaba resultando muy fácil convivir con esa familia. Todos eran muy amables y le parecía que todos la aceptaban de buena gana.

-¿No hay niños en esta familia?- se atrevió a preguntar.
-Por supuesto que sí- respondió Hayat. -Yo tengo tres hijos varones, y Dahara tiene un varoncito y una hembrita.
-Dios no me ha concedido la fortuna de tener bebés aún- dijo Fátima.
-Pronto vendrán- dijo Yassine, abrazándola.
-Entonces… ¿En dónde están los niños?- preguntó Bella.
-Mañana los conocerás. Hoy, por ser la primera vez que vienes a casa, preferimos estar solo los adultos- respondió Mohamed.
-¡Ah! Ya veo.
Por la noche, Hayat y su esposo decidieron irse a su casa. Yassine los acompañó hasta el jardín, mientras Bella seguía en el salón platicando con los demás.
-Te agradezco tanto tu amabilidad- dijo Yassine mientras la abrazaba.
-Parece una buena mujer. Tenías razón, me cayó muy bien.


Bella estaba sentada en el borde de la fuente. Le gustaba ver los destellos que emanaban de ella, debido a las luces de colores que había bajo el agua. El patio estaba tenuemente iluminado. Y también le gustaba el olor de los tulipanes que había alrededor de la fuente.
-Gracias, mi bella.
-¿Y ahora porqué me das las gracias?- sonrió.
-Por haber viajado hasta acá, por ser tan encantadora con mi familia, por aceptar quedarte en casa- dijo sentándose a su lado. -¿Te gusta la fuente?- preguntó al ver que metía la mano dentro del agua.
-Mucho. Y me gusta escuchar el chapoteo del agua, enmedio del silencio.
Yassine guardó silencio mientras la tomaba de la mano. Así permanecieron largo rato. Escuchando el sonido del agua, cayendo. Bella volteó la mirada al cielo y vio la luna; era cuarto menguante; preciosa como siempre, y no pudo evitar suspirar.
-Te extrañé mucho- dijo ella.
-Yo más, mi alma- respondió él acercándose a ella.
Rozó sus labios con los suyos, suavemente, delicadamente. Bella cerró los ojos y un ruidito de su garganta escapó. Él se retiró un poco, para verla. Luego, se acercó nuevamente y volvió a rozar sus labios, pero ahora abriendo la boca. Ella abrió la suya también, esperando su lengua. Sin embargo, él sólo humedeció ligeramente sus labios y seguía rozándolos suavemente.
A pesar de que la caricia no parecía erótica, Bella estaba excitada. Su corazón estaba acelerando su ritmo y suspiró profundamente.
-Ven- le dijo él con voz ronca.
Fueron a la habitación de Bella. Cuando Yassine abrió una de las puertas, ella se quedó de una pieza. El cuarto estaba tenuemente iluminado por las velas de un gran candelabro que pendía del techo. En el suelo, perfectamente ordenadas, había varias macetas con flores rojas y blancas; flores que ella nunca había visto, pero que eran preciosas y que despedían un aroma delicioso. Las enormes cortinas estaban abiertas de par en par y se movían ligeramente al ritmo del viento que pasaba através de la ventana que estaba abierta.
Una vez adentro y con las puertas cerradas, Yassine le besó las orejas mientras le decía cuánto la quería. Bella cerró los ojos, emocionada, mientras él la tumbaba delicadamente sobre la cama. Besaba sus ojos, su cuello, sus hombros, su frente y por fin, besó su boca. Bella disfrutó ese beso, como si fuera el primero en su vida. Enlazados, se dieron la vuelta, quedando él, debajo de ella. Mientras seguían besándose, ella hizo el intento de quitarse la blusa.
-Espera, mi luna. Quiero ser yo quien te desvista- dijo atrayéndola hacia él, para seguir besándola.
Lentamente la desvistió, entre besos y caricias. Luego, él se puso de pie para desvestirse, pero entonces Bella se ofreció a hacerlo. Ella no logró hacerlo despacio. Lo hizo lo más rápido que pudo, de rodillas en la cama, besando su pecho y su estómago. Cuando Yassine quedó totalmente desnudo, lo abrazó del cuello jalándolo hacia la cama, mientras lo besaba apasionadamente.
Hicieron el amor diciéndose cuánto se querían, entre una mezcla de ternura y erotismo, que los llevó a la cima del placer.


-Creo que mejor los veo desde aquí- dijo Bella nerviosa. Nunca había montado a caballo y tenía miedo de caerse.
-Vamos- dijo Mohamed. -Nosotros te cuidamos.
En eso se acercó Yassine montando un bello caballo gris. Desmontó y besó a Bella, abrazándola de la cintura.
-Le estoy diciendo que se anime a montar a Relámpago- dijo Mohamed.
-Anda, Bella- insistió Yassine.
-No. De verdad, me da mucho miedo.
-No voy a permitir que te pase nada malo, yo te cuidaré.
Más tarde, Bella montaba a Relámpago. Yassine sujetaba las riendas, caminando a su lado. Mohamed iba en otro caballo negro, precioso.
-¿Te gusta?- preguntó Yassine.
-Claro- dijo riendo. -Pero por favor, no vayas a soltar las riendas.
Los tres rieron al mismo tiempo. Fue un paseo agradable. Platicaron mucho. De regreso, Yassine montó con ella. Relámpago aceleró el paso y Bella iba abrazando a Yassine, con la cara recargada en su espalda.
Cuando llegaron a casa, los hijos de Hayat y Dahara estaban jugando en el jardín. Fueron a saludarla.
-¿Eres la novia de mi tío Yassine?- preguntó la nena.
-Sí, corazón.
-¿Y es verdad que tienes tres hijos?- la veía sorprendida.
-Sí, pequeña. Tengo dos niños y una niña, igual de hermosa que tú- dijo acariciando el cabello de la niña.
La primera semana la pasaron muy bien. Pasearon por varias ciudades antiguas. Fueron a nadar a la playa con toda la familia. Pasearon por la orilla de la playa en camello. También pasaron alegres veladas en casa, en las cuales Bella se encargó de cocinar comida latina. Todos estaban gratamente sorprendidos con ella. Era una buena persona, alegre, amable, cariñosa con Yassine y además cocinaba muy sabroso.


Una mañana, al despertar, Bella vio a Yassine sentado en un sillón enfrente de la cama. La estaba observando muy sonriente.
-Buenos días- la saludó.
-¿Llevas mucho tiempo despierto?
-Hace una media hora.
-Me hubieras despertado. Es tarde ya- dijo enderezándose en la cama.
-Anda. Ve a bañarte porque vamos a salir.
Bella sonrió.
Más tarde se encontraban en un gran mercado. Ahí había de todo. Vendían joyas, tapetes, artesanías, zapatos y ropa típica de Marruecos. El mercado estaba repleto de gente; mucha de ella eran turistas. Los puestos contaban con una gran cantidad de productos y eso le daba mucho color al mercado, además de la algarabía que había en él, debido a tanta gente.
Después de ver muchas cosas, se detuvieron en un puesto de ropa típica de Marruecos.
-¡Qué ropa tan bonita!- dijo Bella al ver los vestidos.
-¿Te gustan?
-Por supuesto que sí- respondió mientras con la mano buscaba más de ellos.
-Me da gusto que te gusten, porque hemos venido a comprar un vestido.
-¿Para quién?- preguntó Bella sin voltear a verlo, entretenida con tantos tipos de vestidos.
-Para ti, mi bella.
Bella volteó a mirarlo sorprendida
-No. ¿Cómo se te ocurre?- preguntó riendo.
-Estoy seguro que te verás hermosa con un vestido de éstos.
-No tengo ningún tipo de ocasión en el que pueda lucir algo así- soltó la carcajada. -De verdad, gracias, pero no necesito algo así. Ni siquiera como recuerdo- dijo tristemente. -Sería un gasto innecesario.
-Bella, hoy por la noche te voy a llevar a un lugar que te va a encantar. Para esa ocasión es el vestido- dijo besándole una mejilla.
-¿A dónde me vas a llevar?- preguntó intrigada.
-Es una sorpresa.
-Dime, por favor… ¿A dónde vamos a ir?- insistió.
-Si te digo ya no sería una sorpresa.


Yassine platicaba con Mohamed y el esposo de Fátima en el salón. Vestía elegantemente un traje negro, el cual contaba con un chaleco del mismo color; camisa blanca perfectamente almidonada y corbata azul grisáceo. Los zapatos negros brillaban muy bien lustrados.
De pronto escucharon las voces de Dahara y Fátima, entrando en el salón. Todos se pusieron de pie.
-¿Estás listo, Yassine?- preguntaron riendo.
Yassine volteó hacia la puerta. Bella apareció sonriendo. Él, con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón quedó inmóvil, incapaz de moverse; solo admirándola.
-Como tu nombre- dijo cuando pudo reaccionar. -Eres bella, mi luna. Te ves fabulosa- dijo besándola en la frente.
Bella lucía un vestido marroquí de color rosa, con colores vivos morados y bordados dorados. El vestido era largo, y usaba un chal rosa que le cubría el cabello.
-¿De verdad te gusta como me veo?- no dejaba de sonreir.
-Por supuesto, mi alma. Vas a ser la mujer más bella del evento.
-Dime, por favor, ¿a dónde vamos?- le rogó por enésima vez.
-Ya lo sabrás.
Yassine la tomó de la cintura, invitándola a salir. Iban contentos, aunque ella no tenía idea de a dónde iban.

MÁS ALLÁ DE UNA AVENTURA - CAPÍTULO VI - LA SORPRESA

 



Llegaron a un restaurante muy bonito, muy lujoso. Toda la gente iba vestida con trajes árabes tradicionales. Bella sentía como si estuviera en un cuento de hadas.
-¡Me encanta todo esto!- dijo emocionada, mientras tomaban asiento en una de las mesitas que se encontraban enfrente de un escenario.
-Me da gusto, mi alma- respondió tomando sus manos entre las de él. -Ahora me pareces la mujer más hermosa de Miami y Marruecos. Eres bella, mi luna.
Bella sonrió y volvió la mirada hacia el escenario.
-¿Hay música viva, aquí?- preguntó al ver que había muchas sillas e instrumentos al lado de ellas, en el estrado.
-Sí, mi alma. Ya verás qué buena música tocan aquí.


Pidieron unas bebidas y al poco rato, las luces se fueron apagando. Sólo el escenario estaba ligeramente iluminado. Un maestro de ceremonias apareció y dirigió algunas palabras al público.
-¿Qué dice?- le preguntó en voz baja a Yassine.
-Está presentando a una cantante.
La muchacha, muy bonita, cantó varias canciones que a Bella le gustaron y se fue. Volvió a aparecer el maestro de ceremonias y algo dijo. Volteó a ver interrogante a Yassine, pero él le hizo una seña con la mano, indicándole que aguardara.
De pronto, la gente aplaudió entusiasmada y las mujeres gritaban alegres. Bella pensó que habían presentado a alguna orquesta.
Las luces del escenario se apagaron y empezaron a prenderse muchas lucecitas blancas, cual si fueran estrellas en el cielo oscuro. Los músicos de la orquesta aparecieron y empezaron a tocar. De pronto un hombre apareció en escena; la luz de un reflector lo iluminaba. Bella veía cómo el público le aplaudía entusiasmado. Cuando empezó a cantar lo reconoció inmediatamente.
-¡Ay, no! ¡Me voy a morir!- dijo sorprendida. -¿Es Kathem, verdad?
-Así es mi bella. Ésta es la sorpresa que te tenía.
-¡Gracias!- le dijo mientras lo abrazaba y besaba.
No sabía ni una palabra en árabe, pero tarareó en voz alta las canciones. Al ver que varias mujeres se emocionaban y se paraban para cantar, ella hizo lo mismo. Notó que bailaban suavemente, mientras tronaban los dedos con las manos levantadas, al ritmo de las canciones, y ella hizo lo mismo. Se acopló perfectamente al ambiente.
-¿Porqué gritan así?- le preguntó a Yassine, al ver que gritaban y al mismo tiempo se llevaban la mano a la boca, al estilo indio.
-Es una tradición árabe- le dijo. -Con ello, las mujeres demuestran su alegría. Siempre lo hacen en las bodas, fiestas o conciertos de este tipo. Pero solo las mujeres lo hacen.
Bella decidió hacer lo mismo.  Disfrutó mucho de ese concierto. Cantó, bailó y gritó mucho.  Cuando Kathem acabó de cantar, siguió la cena.
-No sabes lo feliz que me has hecho, al traerme aquí- le dijo tomándolo de las manos.
-Lo sé. Por eso te pedí que vinieras en estas fechas.
-Gracias, corazón.


Bella salió del baño en ropa interior. El la esperaba en la cama. La forma en que recorrió su cuerpo con la mirada, la hizo estremecer de pies a cabeza. Fue hacia él y se inclinó para besarlo.
-He pasado unos días muy bonitos, pero esta noche, fue lo máximo.
Yassine la enlazó por la cintura y la subió en él. Deslizó las manos por su espalda y luego con una de ellas, movió el cabello de Bella hacia un lado, para besarle el cuello.
-Te veías hermosa esta noche. Tus ojos brillaban muy bonito.
La besó en los ojos y luego en la boca. Bella suspiraba.
-Te quiero… no debo, pero te quiero- dijo Bella mientras la penetraba.


-¿Hay algún lugar en dónde pueda comprar una tarjeta telefónica para hablarle a mis hijos?- le preguntó a Dahara, mientras cocinaban.
-Puedes usar el teléfono de la casa.
-Por supuesto que no- contestó Bella. -No quiero causarles más molestias. Son muy caras las llamadas.
-Dile entonces a Yassine que te deje usar su celular. El te llama de ahí.
Más tarde, Bella tenía el celular de Yassine en sus manos. Fue hacia el campo y se sentó debajo de un árbol. Iba a llamar a Adolfo, pero decidió no hacerlo. No era buena idea que Yassine tuviera su número. Decidió llamar primero a Sonia.
-¡Vaya, mujer!- le dijo Sonia. -¡Estaba preocupada! ¿Estás bien?
-Muy bien- contestó alegre. -Dime, ¿Hay alguna novedad por allá? Quise llamarte primero a ti para saber si ha habido algo nuevo.
-Nada. Ni siquiera Adolfo se ha comunicado.
Después les llamó a sus hijos. Ellos estaban felices en el campamento. Le contaron brevemente algunas de las actividades que habían tenido en esos días.
-Los extraño mucho- les dijo emocionada.
Terminó de hablar con ellos y se quedó pensativa por un rato. Estuvo pensando en Adolfo. El que no quisiera llamarlo, por temor a que Yassine tuviera su número, era una mera excusa. En realidad no deseaba hablar con él. No tenía ganas de escuchar su voz. Pero se sintió culpable por ello y decidió llamarlo a la oficina. Si Yassine le preguntaba qué número era ése, le diría que era el de la compañía en que trabajaba el esposo de Sonia. Que le había hablado a él, porque no localizaba a sus hijos y pensó en llamarlos a ellos, para saber algo de sus nenes.
Instantes después estaba pidiendo que la comunicaran a la oficina de Adolfo.
-¿Si?- lo escuchó a través del teléfono.
-Hola. ¿Cómo estás?- le preguntó nerviosa.
-Bien. Con mucho trabajo.
-No me has llamado- le reprochó.
-He tenido mucho trabajo, cariño.
-¡Oh!- guardó silencio.
-¿Todo bien por allá?- preguntó.
-Sí. Todo bien.
-Me da gusto. Ahora discúlpame, por favor. Tengo unos clientes esperando.
-No hay problema, cuídate- se despidió.
Bella quedó con un hueco en el estómago. Notó raro a Adolfo; muy raro, muy frío.
«¿Sospechará algo?» pensó, mientras se levantaba nerviosa del suelo. «No creo. Me parece que sus problemas no se han resuelto».


Entró al patio de la casa y vio a Yassine jugando con sus sobrinos. Todos reían y gritaban. Yassine cargaba a la nena y todos corrían detrás de ellos, mientras él los empujaba con el cuerpo de la niña. De pronto, a uno de los chiquillos se le ocurrió aventar a otro de ellos adentro de la fuente, y todo se convirtió en un caos. Todos, incluso Yassine, terminaron dentro de ella, mojándose y gritando.
-¿Hablaste con tus hijos?- le preguntó Hayat, que había llegado mientras ella estaba en el campo.
-Sí. Están bien, gracias a Dios- respondió. -Están tan felices en el campamento de la iglesia, que creo que no me extrañan nadita.
-Claro que te han de extrañar- dijo Hayat mientras le pasaba un brazo por los hombros. -Dime, ¿has pensado en que tus hijos y Yassine se conozcan algún día?
-Sí, claro que sí- dijo nerviosa. -Tengo que planear bien eso.
-No quiero que pienses que me meto en tu vida, pero quiero mucho a Yassine y…- hizo una breve pausa para tomar aire. -No me gustaría que mi hermano sufriera. Está muy ilusionado contigo.
-Estoy enamorada de él. Más de lo que pensé. Pero también quiero que me entiendan a mí. Tengo que ser cuidadosa con mis hijos. Ellos son lo más importante en mi vida y debo  cuidar su integridad. Es decir, no quiero causarles problemas emocionales. Debo ir con cuidado… hablarles poco a poco de Yassine, hasta que ellos mismos deseen conocerlo.
Hayat sonrió satisfecha. Bella le parecía una buena mujer, y terminó aceptando que sus miedos eran infundados.
-Mi hermano tenía razón- dijo volviendo la mirada hacia él y los niños que seguían gritando dentro de la fuente.
-¿Con respecto a qué?- preguntó Bella.
-Me dijo que tú y yo seríamos buenas amigas.
-Muchas gracias, Hayat- le dijo abrazándola, mientras las dos reían al ver la escena en la fuente.


-Te ruego, Padre, que me ayudes. Se que estoy pecando grandemente, pero no puedo evitarlo- rezaba Bella en la mezquita. -Ayúdame, Señor, me he enamorado perdidamente de Yassine, y no quiero perder a mis hijos.
Habían ido todos a rezar a la mezquita. La gente hacía oración y reverencia a Dios. Bella no entendía nada, y optó por orar, como ella sabía hacerlo.
Yassine le acarició las manos, al ver que varias lágrimas rodaban por sus mejillas.
Cuando salieron de ahí, toda la familia de Yassine se regresó a casa, mientras él y Bella fueron a Sefrou, una ciudad pequeña, pero rica en tradiciones; muy antigua. La ciudad se encontraba rodeada de una gran muralla con nueve entradas enormes.
-¿Porqué está cercada esta ciudad con esta muralla?- preguntó Bella.
-Era una forma de protección para el pueblo. Antes, en la antigüedad, cuando venían extranjeros a atacar al pueblo, estas entradas tenían puertas de madera y las cerraban, impidiendo el paso a los invasores y así protegían a la gente- le explicó Yassine.
-¿Como en las películas de los vikingos?- preguntó sorprendida.
-Algo así- respondió soltando la carcajada.
Pasearon largo rato; visitaron los tenderetes, los cuales estaban repletos de ropa, comida, frutas; Bella disfrutó de la vista de la ciudad. Todas las casas eran blancas, muy antiguas. La gente parecía muy amable. Después fueron a comer a un pequeño restaurante. Había mucha gente y música ambientando. Ahí platicaron con algunas personas. Algunos hablaban español. Bella estaba contenta. Estaba pasando un rato muy agradable.
Por último fueron a caminar por los puentes que atravesaban el río que cruzaba la vieja medina. Allí se detuvieron por unos momentos.
-Dime, mi alma. ¿Porqué llorabas en la mezquita?- preguntó él, mientras la abrazaba, recargándola en el pasamanos del puente.
-Extraño a mis hijos. Es la primera vez que me separo tanto tiempo de ellos.
-Me gustaría mucho conocerlos.
-Dame tiempo, mi amor. Yo también quiero que se conozcan.


Esa noche estaban abrazados, después de hacer el amor. Bella estaba de espaldas a Yassine, quien dormía profundamente. Ella no podía hacer lo mismo. Pensaba mucho en su situación. Se había enamorado como  una tonta de Yassine y ahora se encontraba en un callejón sin salida.
«Tantas mentiras aquí y allá» pensaba. «¿Qué voy a hacer?».
Por un lado, estaba segura de no querer más a Adolfo, pero temía perder a sus hijos. Por otro lado, se negaba a terminar la relación con Yassine. En definitiva, no sabía qué hacer. Y además su regreso a Miami se acercaba. En dos días más partiría de regreso y eso la hacía sufrir. Ya no quería separarse de él. Después de pensar durante mucho rato sobre ello, se quedó dormida.
Estaba durmiendo, cuando sintió una sensación muy agradable. No sabía si estaba soñando o ya estaba despierta, pero la sensación se hacía cada vez más intensa. De pronto, sin poder evitarlo, un gritito escapó de ella, y aún con los ojos cerrados levantó las caderas.  Con sus manos buscó en la entrepierna y se encontró con la cabeza de Yassine. Él no se retiró de ahí hasta que Bella se humedeció. Entonces ella lo jaló hacia su boca y lo besó apasionadamente.
-¡Qué agradable despertar!- le dijo mientras enlazaba las piernas en su cintura.
-Dormida te ves muy sexy, mi alma. No pude resistirme.
Volvió a besarla mordiéndole los labios suavemente mientras se movían al mismo ritmo. Llegaron juntos al clímax.


Una noche antes de regresar a Miami, fueron a cenar a un restaurante muy bonito. Bella no podía evitar sentirse triste.
-Te voy a extrañar mucho, corazón- dijo suspirando tristemente.
Yassine dio un sorbo al vino de su copa; tomó las manos de ella entre las suyas y las besó.
-Bella, ¿recuerdas que aquella vez, en el aeropuerto de Miami, te dije que tenía planes contigo y tus hijos?- le dijo acariciándole las manos.
-Quedamos en que ese tema lo dejaríamos pendiente- replicó débilmente.
-No, mi luna. Necesito hablar contigo. No puedes irte sin saber lo que siento por ti.
Bella abrió la boca en un intento por hacerlo callar, pero él puso el dedo índice en su boca, impidiéndole así que pudiera hablar.
-Mi alma, estoy locamente enamorado de ti. Esto que siento es algo que nunca antes había sentido. No imagino mi vida ya más sin ti- besaba sus manos una y otra vez. -Dame la oportunidad de convivir con tus hijos. Sería el hombre más feliz del mundo si tú y tus hijos me permitieran ser parte de su familia.
Bella lo veía sorprendida. Sus ojos verdes brillaban.
-Yassine, yo también me he enamorado de ti. Solo te pido tiempo para asimilar todo esto. Debo ordenar algunas cosas de mi vida; pero te prometo hacer todo lo posible porque estemos juntos.
-Tu sola presencia es un honor para mí, pero más me honrarías si aceptaras casarte conmigo- dijo emocionado.
De los ojos verdes de Bella brotaron lágrimas incontenibles. Lloraba de emoción y de tristeza al mismo tiempo. La hacía feliz el que Yassine le declarara su amor. Pero la llenaba de tristeza el sentirse atrapada en sus propias mentiras. ¿Cómo iba a resolver todo esto? De ninguna manera le podría confesar a Yassine la verdad; él era un hombre honesto, recto, y jamás le perdonaría el engaño. Aún así, deseaba con toda su alma vivir con él por el resto de sus días.
-¿Qué pasa, mi bella?- preguntó Yassine al verla llorando, con el rostro bajo. -¿Es que tu amor por mí no es suficiente, como para casarte conmigo?
-No es eso, mi amor. Te amo como no tienes idea. Es solo que me emociona tanto oírte hablándome de amor.
Yassine secó sus lágrimas y luego besó esos ojos verdes que tanto le gustaban.


Durante el trayecto de Marruecos hacia Miami, Bella no hacía otra cosa más que pensar en lo que haría respecto a su vida. Le daba vueltas al asunto y no sabía qué hacer. De lo que sí estaba completamente segura, era de no querer más a Adolfo.  El tiempo que duró el viaje lo pasó mal. Se sentía mareada y le dolía mucho la cabeza.
Cuando por fin llegó a Miami, tuvo que esperar a Sonia. Ella llegaría de Idaho ese mismo día, pero una hora más tarde.
-¡Mira nada más cómo vienes!- dijo Sonia al verla.
-Me siento mal. Creo que algo me hizo daño- respondió bajando la mirada.
Sonia solamente sonrió, pero no dijo nada al respecto.
-¿Qué tal te fue?- cambió el tema.
-Muy bien. Te platico después, ¿te parece?- dijo con los ojos llenos de lágrimas.
-Bien. Pero Bella, debes controlarte. Adolfo se va a dar cuenta.
Antes de salir del aeropuerto, Bella fue al baño a vomitar. Hizo ejercicios de respiración y se humedeció la cara con agua fría. Una vez que se tranquilizó se fueron hacia su casa. Mientras Sonia conducía, le daba consejos.
-Piensa en tus hijos, Bella. Ellos deben ser lo más importante en tu vida.
-No necesitas recordármelo a cada rato. Lo se perfectamente- dijo mientras se reclinaba sobre el asiento del coche y cerraba los ojos.
-¡Ah!, casi olvidaba regresártelo- dijo Sonia, mientras le entregaba su celular. -Tuviste algunas llamadas, que por supuesto no contesté; pero ninguna de Adolfo.
Más tarde, Bella estaba tomando un baño de agua caliente en su casa. Deseaba tanto ver a sus hijos, pero no quería ver a Adolfo.
«¿Qué va a pasar, Dios mío?»- se preguntaba una y otra vez.


-¿Qué tal descansaste?- le preguntó Adolfo, mientras la besaba en la mejilla.
-Mucho. Pero extrañé mucho por acá.
-Me imagino. ¿Van a regresar hoy los niños?
-Hasta mañana. Por eso llegué hoy, para estar lista e ir a recogerlos- respondió mientras caminaba de un lado a otro por la sala.
-Disculpa, Bella, pero tengo muchos pendientes. Más tarde platicamos- se despidió.
Bella fue a la cocina. Buscaría comida para guisar.


Al día siguiente, toda la famila estaba reunida nuevamente. A la hora de la comida, los niños no dejaban de platicar todo lo que había sucedido durante el campamento. Pero ahora, algo había cambiado. Solamente ellos platicaban. Ni Adolfo ni Bella platicaban nada. Se limitaban a preguntar a los nenes sobre sus actividades, pero no decían nada sobre ellos dos.
-¿Pasa algo que yo no se?- le preguntó Bella por la noche, mientras se acostaba.
-¿Porqué lo preguntas?
-No has hablado mucho desde ayer.
-Entonces, quizás yo deba preguntarte lo mismo.
-¿Cómo?- se sorprendió Bella.
-Tú tampoco has hablado mucho desde ayer- dijo mientras se acostaba dándole la espalda.
Bella no pudo dormir esa noche. Algo no estaba bien, pero no lograba descifrar qué era. Empezaba a dudar que fueran problemas en los negocios de Adolfo. Habían pasado varias semanas desde la primera vez que lo notó raro. Nunca habían durado tanto tiempo los problemas. Entonces… ¿qué estaba pasando? Empezó a sentir miedo de que tal vez él sospechara que lo estaba engañando.  El miedo no era por perderlo a él, sino a sus hijos. Siguió pensando sobre ello, y desechó ese pensamiento. Eso era absurdo. Conocía perfectamente a Adolfo. Él no reaccionaría así si tuviera la más mínima sospecha sobre un engaño de parte de ella. Él era de los hombres que afrontaban inmediatamente todo tipo de situaciones. No. Definitivamente eso no estaba pasando.
«Deben ser problemas muy serios» pensó alarmada. «¿Qué estará pasando?».


Un par de días después, Sonia y sus hijos llegaron a su casa. Habían planeado pasar la tarde juntas. Decidieron ordenar pizzas para comer ahí. Bella no se sentía con muchos ánimos para salir. Cuando los niños salieron a jugar al jardín, ellas aprovecharon para platicar.
-No puedo creer que Adolfo no te haya notado rara- dijo Sonia. -Estás muy ojerosa y has perdido peso.
-No he dormido bien. Pero no creas que es solo por que extraño a Yassine.
-¿Entonces?
-Ya no quiero a Adolfo. Y lo digo totalmente en serio. No siento nada por él. Incluso…- tomó aire -no hemos tenido relaciones sexuales desde antes de irme a Marruecos.
-No te lo creo- respondió Sonia alarmada.
-Te lo juro. Y no es solo porque yo no quiero. Adolfo ha estado muy raro últimamente. Él tampoco me busca. Cuando nos acostamos, ya ni siquiera platicamos. Cada quien se acuesta en su respectivo espacio y a dormir.
-¿Han discutido?
-No. Nada de eso. Con todo este asunto mío, no le puse mucha atención al desapego que Adolfo ha tenido para conmigo. Pero ahora es diferente.
-¿Porqué lo dices?- preguntó Sonia mirándola fijamente.
-Ahora que me he dado cuenta de que ya no lo quiero, he estado pensando en muchas cosas; he puesto más atención a mi alrededor. Y sí… Adolfo ha cambiado mucho.
-Bella, habla con él. Quizás sólamente se trate de falta de comunicación. Tal vez se trate de un distanciamiento normal. Suele pasar en todos los matrimonios.
-No, Sonia. Por mi parte estoy completamente segura de no quererlo más. Me he enamorado como una tonta de Yassine y es con él con quien quiero estar.
-¿Te has vuelto loca?- se levantó molesta de su asiento.
-No. Créeme. Ya no quiero vivir con Adolfo, y no se cómo voy a resolver este asunto.
-Bella, necesitas pensar bien las cosas. Habla con Adolfo. No tires todo esto por la borda.
-Claro que voy a hablar con él, pero no como tu quieres que lo haga.
Cuando Sonia se fue para su casa, iba muy preocupada. Estaba segurísima de que su amiga había perdido la razón.


Bella despertó al escuchar a sus hijos gritando mientras jugaban en el jardín.  Adolfo ya se había ido. Vio el reloj; eran  las diez de la mañana. Siguió acostada por varios minutos más. Era sábado, día de descanso. Estiró la mano hacia el buró y tomó su celular. Lo encendió y se dio cuenta de que tenía un correo de voz. Era de Yassine. Después de escuchar las palabras de amor que él le dedicaba, borró el mensaje.
-Lo amo- dijo suspirando profundamente.
Hacía cuatro meses que estuvo en Marruecos, y Yassine seguía insistiendo en que se casara con él.
Después de desayunar con los niños, y mientras limpiaba la cocina, decidió escribirle un correo electrónico a Yassine, el cual decía:
“Corazón, necesito hablar contigo. Llámame antes de las siete de la tarde, horario de Miami. Te quiero. Bella.”
Toda la mañana estuvo inquieta. A todas horas revisaba su celular, imaginando que tal vez ya la había llamado, y no lo escuchó.
Por fin la llamó.
-Hola, mi luna bella- lo escuchó.
-Hola, corazón- dijo con voz baja, sentada en la sala y mirando por la ventana a sus hijos. -Tengo que decirte algo.
-Dime, mi luna. ¿De qué se trata?
-Te quiero. Quiero estar contigo toda la vida. No puedo estar más sin ti- dijo sin más.
-¿Eso quiere decir que has aceptado casarte conmigo, mi bella?
-Corazón… hay muchas cosas que no se cómo las vamos a resolver.
-¿Como cuáles, mi alma?- preguntó pacientemente.
-¿Dónde vamos a vivir?
-Pero si todavía no te he escuchado darme el sí- dijo soltando la carcajada.
-Yassine…- no pudo seguir.
-Dime, Bella.
-No te he dicho toda la verdad.
-Dímela ahora- le pidió él, con tono serio.
-Te vas a enojar mucho.
-Prometo no enojarme- respondió todavía más serio. -Dime todo lo que tenga que saber, por favor. No quiero mentiras.
Bella tomó aire. La voz se le quebraba; estaba temblando de miedo. Pero lo mejor era decirle la verdad, aunque a medias, como lo había planeado esa mañana.
-Yassine… en realidad no estoy divorciada legalmente.
-¿Qué significa eso?- preguntó calmado.
-Sólo estoy separada del papá de mis hijos, pero no hemos firmado ningún papel de divorcio.
Hubo un silencio que a Bella le pareció eterno.
-¿El vive aún en tu casa?
-No, claro que no. El vive en su casa. Pero viene seguido acá a ver a los niños.
-¿Todavía te acuestas con él?- preguntó muy quedo.
-Por supuesto que no- contestó angustiada. -Te estoy diciendo que estamos separados. Entre nosotros ya no hay nada. Lo único que tenemos en común es a los nenes.
-Bella- dijo suspirando. -Estoy enamorado de ti y lo único que quiero es hacerte feliz. No veo ningún problema en lo que me has dicho. Lo único que tienes que hacer es empezar el trámite de divorcio, para así poder casarnos.
-Entonces, ¿no estás enojado conmigo?- preguntó temerosa.
-Claro que no, mi alma. No me gustó mucho enterarme hasta ahora de tu situación, pero no estoy enojado. Sólo te pido que siempre me hables con la verdad, ¿de acuerdo?
Bella estaba feliz. Ahora sólo tendría que plantearle a Adolfo su decisión y en unos meses estaría divorciada para unirse a Yassine. También tenía que hablar con él sobre temas como el de dónde vivirían.


-¿Has perdido el juicio?- preguntó Sonia muy enojada.
-Lo tengo bien decidido. Entre Adolfo y yo todo se ha acabado. Casi no nos hablamos; siempre está muy serio conmigo; no tenemos intimidad.
-¿Has pensado en tus hijos?
-Claro. Pero no creo que les afecte mucho. Ellos también han notado cambiado a su padre. Me han dicho que ya casi nunca está en casa con nosotros. Lo han notado muy serio, pensativo.
-No quiero molestarte, pero… ¿has pensado en la diferencia de edades?
-Sí, amiga. He pensado mucho en eso. Pero estoy segura de que eso no va a ser ningún problema.
Sonia sonrió forzadamente. Se levantó a tirar la basura de su almuerzo y regresó a sentarse con Bella. La miraba fijamente a los ojos, esperando a que dijera algo.
-Entonces estás enamorada.
-Sonia, no tienes idea de la clase de persona que es Yassine. El es un hombre bueno, noble. Estoy completamente segura de que me va a ir bien con él.
-¿Ya le confesaste la verdad?- preguntó molesta. -¿Sabe que lo engañaste?
-Bueno… le he dicho que no estoy divorciada. Que solamente estoy separada.
Bella le contó la historia.
-De verdad que te desconozco. El amor te ha hecho muy hábil en cuanto a mentiras se refiere- dijo levantándose de su asiento.
-Es casi la verdad- replicó Bella.
-¿Casi la verdad?- dijo burlona.
-Sonia, te he dicho que Adolfo ya no es el mismo. Incluso sábados y domingos se sale de la casa, con el pretexto de tener mucho trabajo. No solo yo he cambiado. También él.
Con una mano, Sonia le hizo una seña de despedida y se fue con algunos de sus alumnos. Bella siguió sentada, pensativa.
«Esto es lo que siempre pasa cuando un matrimonio se acaba» pensó. «Hasta las amistades se retiran de uno».


Esa tarde comieron sin Adolfo, como lo hacían últimamente. Bella decidió ir a buscarlo, para hablar con él. Sería mejor hacerlo en la compañía. Si se alteraba, por lo menos los niños no escucharían nada. Así que llamó a Irene para que fuera a cuidarlos.
Durante el trayecto de su casa hacia la oficina de Adolfo, iba pensando en la forma en que le plantearía el divorcio. Estaba sumamente nerviosa, pero confiaba en que, aunque fuera por dignidad, no se lo negaría. Iba a tomar como pretexto el alejamiento de él, su indiferencia hacia ella.
Las puertas del elevador se abrieron, y lo primero que vio fue el escritorio de Karina, la secretaria de Adolfo. Avanzó despacio, buscándola con la mirada. No la vio por ningún lado, pero tampoco vio a nadie más. Decidió entonces ir directamente hacia la oficina de Adolfo, después de todo, era su esposa y no necesitaba que la anunciaran.
Abrió la puerta y lo que vio la dejó de una sola pieza. Adolfo estaba sentado en el sofá que tenía en un lado de su escritorio y Karina estaba sentada en sus piernas, con la blusa desabrochada. Se estaban besando.
-¡Bella!- dijo Adolfo tratando de ponerse de pie.
Ella no pudo decir nada. Solamente veía la escena. Karina se levantó y, arreglándose la blusa, salió rápidamente de ahí con la cabeza agachada y cerró la puerta tras de ella.
-Así que esto era- dijo tranquila.
Adolfo fue hacia la ventana y guardó silencio. Se sentía mal con ella, no sabía qué decir.
-Bella…- guardó silencio.
-Sabía que algo no estaba bien, pero no sabía de qué se trataba. Por eso he venido hoy.
-No tiene caso que tratemos de arreglar las cosas, Bella. Yo iba…
-No vine a tratar de arreglar nada- lo interrumpió. -Vine a pedirte el divorcio.
El volteó a verla sorprendido. Nunca se imaginó que Bella fuera capaz de pedírselo algún día. Sin embargo se alegró. Tenía más de un año saliendo con Karina y no sabía cómo terminar con Bella, sin lastimarla.
-¿Estás segura?- preguntó todavía dudoso.
-Cien por ciento segura.
Afuera, Karina estaba muy nerviosa. No los oía gritar, ni escuchaba ruidos de objetos volando. No sabía que estaría pasando adentro. Casi una hora después escuchó la puerta abrirse. Vio a Bella salir muy erguida, muy digna, sin voltear a verla. Una vez que entró al elevador, ella entró nuevamente a la oficina.
-¿Qué pasó? ¿Qué te dijo?- lo interrogó con las palabras atropelladas por el nerviosismo.
-Vino a pedirme el divorcio- dijo muy serio, sin voltear a verla.
-Entonces, ¿ya sabía algo?
-Sospechaba nada más, pero al entrar, lo comprobó.
Karina no pudo evitar esbozar una sonrisa de satisfacción.


-¿Se trata de una más de tus mentiras, para salir bien airada de todo esto?- preguntó Sonia incrédula.
-Es la verdad. Así como te lo estoy platicando- dijo suspirando agachada.
-¿Estás triste o me lo estoy imaginando?
-No te niego que me dolió un poco. Imagínate… yo sufriendo por todas las mentiras que dije. Atormentada pensando en que Adolfo no se merecía lo que yo le estaba haciendo. Noches de largos insomnios pensando en cómo iba a resolver este problema, y mira lo que descubro.
-Quizás él estaba pasando por lo mismo- lo defendió Sonia.
-Tal vez.
-¿Le dijiste lo de Yassine?
-No. ¿Para qué?- se sobó las manos. -Sólo le dije que notaba algo raro, y que después de haber visto lo que ví, prefería el divorcio. Nos pusimos de acuerdo y… asunto arreglado.
-¿Así de fácil?- levantó una ceja.
-¿Qué caso tiene poner trabas, si los dos deseamos la separación?
-¿Todavía duerme contigo?
-No, claro queno. Duerme en la biblioteca.
-Es raro- dijo extrañada.
-¿Qué te parece raro?
-Oír que una pareja decide divorciarse tan civilizadamente- soltó la carcajada.
Bella también se rió. Por fin arreglaría su situación.


El fin de semana los dos hablaron con los nenes. Adolfo fue quien inició la plática. No era fácil decirle a sus hijos que su madre y él iban a divorciarse. Se sentía fatal con ellos. Caminaba de un lado para otro y los niños lo seguían con la mirada, en silencio.
-Hijos- comenzó. -Primero que nada, quiero que sepan que tanto su mami como yo los queremos con toda el alma. Ustedes son lo más importante en nuestras vidas.
Ellos solo lo miraban atentos, sentados en la sala.
-Tenemos que decirles algo muy importante- intervino Bella. -Es algo que no les va a gustar mucho, pero que es lo mejor para todos- volteó a ver a Adolfo.
-Su madre y yo no podemos seguir juntos. No nos entendemos muy bien y, para que ustedes no nos vean siempre enojados, hemos decidido divorciarnos.
La niña empezó a llorar. Los nenes solo agacharon la cabeza. Bella cargó a su hija y la sentó en sus piernas, acariciando sus cabellos y besando sus mejillas.
-Tu papá los vendrá a ver seguido, ¿verdad Adolfo?
-Claro. Los amo con toda mi alma, y nunca me voy a olvidar de ustedes.
-Pero si ya nunca estás en la casa- dijo la niña llorando.
-Es por eso que hemos decidido divorciarnos. Ahora, con las cosas claras, podré verlos siempre que queramos- dijo Adolfo.
-Y además nos van a ver más contentos- dijo Bella.
Adolfo abrazó a los muchachitos y los besó.


El tiempo siguió su curso y llegó el día en que Bella y Adolfo por fin se divorciaron. Él visitaba seguido a los niños; los llevaba a pasear.  Adolfo hizo pública su relación con Karina y los niños convivían con ella también.  En conclusión, mantenían una buena relación entre todos ellos.
Bella ya les había hablado a sus hijos de Yassine.
-Es un muchacho muy buena gente- les dijo un día. -Es musulmán y vive en Marruecos.
-¿En dónde está Marruecos?- preguntó uno de los niños.
-En África.
Les platicó cómo lo había conocido y que mantenían contacto vía internet y por teléfono. Les dijo que él tenía muchas ganas de conocerlos, porque ella siempre le hablaba mucho de ellos.
-A finales del mes va a venir- les dijo entusiasmada.

MÁS ALLÁ DE UNA AVENTURA - CAPÍTULO VII - SIEMPRE JUNTOS

 


Mientras los nenes caminaban de un lado a otro en la sala de llegadas del aeropuerto, Bella le acomodaba el cabello a la niña.
-No vayan a pelear enfrente de Yassine, por favor- les pidió a los tres.
-Nunca peleamos, mami- dijo uno de ellos.
-Ya lo sé, mi amor. Fue una forma de pedirles que se porten bien.
-¿Nos va a llevar a comer a un restaurante?- preguntó la nena.
-Sí, mi vida. Ahí vamos a platicar mucho con él.
Pronto, la sala se empezó a llenar de gente que venía llegando. Entonces, Bella lo alcanzó a ver. Le pareció más guapo que nunca.
-Ya viene, hijos- les dijo tomando aire.
Yassine se acercó a ellos y besó a Bella en la mejilla.
-¡Hola!- dijo a todos, sonriendo. -Tú debes de ser Silvia- le dijo a la nena, poniéndose en cuclillas, mientras le ofrecía su mano.
-Sí- respondió muy sonriente, mientras lo besaba en la mejilla.
-Tu mami me dijo que eras muy bonita, y es verdad.
-Y tú- se dirigió al mayor de los varones. -Tú eres Eduardo; y tú, Jorge- señaló al pequeño.
-¿Cómo sabes?-preguntó Jorge sorprendido.
-Su mami me habla tanto de ustedes que los he reconocido de inmediato.
-Creí que eras negro- dijo Eduardo.
-¿Por qué?- preguntó levantando una ceja.
-Creí que la gente de África era negra.
-No toda. Los que somos del norte de África somos blancos.
-Bueno, vamos a comer y ahí seguimos platicando- intervino Bella.
La comida se desarrolló dentro de un ambiente muy alegre. Los niños le hacían toda clase de preguntas a Yassine y él las contestaba animadamente. También él les preguntaba sobre la escuela, sus gustos, su deporte favorito.
Bella no podía disimular su alegría. Estaba feliz porque sus hijos se entendieran muy bien con Yassine.
Más tarde fueron al hotel que Yassine había reservado para dejar su equipaje y esperar a que se diera un buen baño. Bella y los niños esperaron en el lobby. Cuando él regresó, fueron a un parque. Ahí los niños jugaron mientras ellos dos platicaban.
-Extrañé tanto estos lindos ojos- dijo viéndola amorosamente.
-Yo también te extrañé a ti.
-¿Cuándo vamos a decirle a los niños que somos novios?- preguntó Yassine.
-En dos días, ¿te parece bien?
-Perfecto.
-¿Sería posible que pasaras la noche conmigo, mi luna?- la miró suplicante.
-No lo creo, corazón. Ten paciencia, por favor.
-Claro, mi alma. Pero con solo verte, me hierve la sangre.
Bella se sonrojó.
-Yo siento lo mismo, pero debemos ser prudentes.
-Esto es un martirio para mí. Tenerte tan cerca y no poder ni siquiera tomarte de la mano.
-Ven. Vamos a jugar con los niños, para distraernos- dijo Bella riendo mientras corría hacia donde estaban sus hijos.
En la noche, después de dejar a Yassine en el hotel, los niños y Bella iban platicando a su casa.
-Me cayó muy bien Yassine, mami- dijo Jorge.
-Me da gusto, mi amor. Les dije que era una buena persona.
Los tres coincidieron en que les había agradado conocerlo. Bella sonreía escuchando a sus hijos. Estaba realmente emocionada. Había pasado un día muy contenta.


Estaba acostada viendo las noticias cuando sonó su celular. Era Yassine.
-Te extraño- le dijo él.
-¿Tan pronto?- preguntó ella con voz melosa.
-Me haces mucha falta, mi alma.
-Es mejor que te duermas. Mañana vamos a ir muy temprano por ti.
-¿Estás acostada?
-Sí, corazón. Quiero dormirme temprano.
-Dime, mi luna, ¿qué ropa traes puesta?
-Esa pregunta me la hiciste cuando recien nos conocimos, ¿recuerdas?- dijo riendo.
-Responde, mi bella- dijo suplicante.
-Mejor duerme, corazón y sueña conmigo, como yo lo haré contigo.
-Te amo- dijo con voz ronca.
Bella se despidió, pero tardó mucho en dormirse. Ella también deseaba estar con Yassine. También lo necesitaba y no dejaba de imaginar las cosas que estarían haciendo si estuvieran juntos en ese momento.


Después de desayunar juntos, fueron a la playa. Hacía calor y el día era perfecto para ir a nadar a la playa. Yassine jugaba con los niños a ser tiburón. Ellos escapaban nadando mientras él fingía no alcanzarlos. De pronto, alcanzó a Silvia y la levantó en brazos, dándole varias vueltas en el aire, para después lanzarla suavemente al agua otra vez. Todos gritaban y reían felices.
Después de un par de horas, la nena quiso ir a la arena a juntar conchitas con su mamá. Desde el agua, Yassine miraba de vez en cuando a Bella. Tenía un cuerpo muy bonito. Y con ese traje de baño de dos piezas, se veía muy sexy. El bañador era blanco, con rayas diagonales de color lila. Nada extravagante, pero Bella era tan atractiva, que cualquier cosa le iba bien.
Pronto las alcanzaron él y los niños.
-Vamos a hacer un castillo de arena- dijo Yassine.
-¿Sabes hacerlos?- preguntó Bella.
-Voy a intentarlo. En realidad, es un pretexto para estar cerca de ti- dijo sin más.
-¿Te gusta mi mami?- preguntó Silvia.
-Me gusta mucho- respondió rápidamente.
-¿Ya son novios?- preguntó Eduardo.
Bella y Yassine soltaron la carcajada sin saber qué responder. El volteó a verla interrogante.
-Yo creo que sí- dijo Jorge.
-Hijos…- dijo Bella sonriendo nerviosamente. -Yassine y yo somos novios, pero queremos saber si ustedes están de acuerdo.
-¡Sí!- respondieron al mismo tiempo.
Todos rieron y siguieron haciendo el castillo, sin comentar nada más. Yassine miraba a Bella y le guiñaba el ojo de vez en cuando.


Al atardecer, decidieron irse a cenar. Pero antes, Yassine les ofreció bañarse en su cuarto de hotel. Todos estuvieron de acuerdo.
-¿Porqué no vas a dormir a nuestra casa?- preguntó la nena.
-Prefiero dormir en el hotel.
-Yo quiero que conozcas mi casa. Es muy linda. Tenemos un jardín muy grande, con columpios. Ahí puedes jugar con nosotros.
-Tengo una idea- dijo Bella. -Mañana, al terminar nuestras labores, iremos por ti y pasaremos la tarde en nuestra casa. Ahí comeremos comida que yo misma cocinaré.
-¿Estás segura?- preguntó él.
-Claro que sí. Además todos están de acuerdo, ¿verdad?- se dirigió a sus hijos.
-Sí. Te invitamos a comer a nuestra casa- dijo uno de los nenes.


En su hora de descanso, Bella almorzaba y hablaba por teléfono con Yassine. Reía mucho con las cosas que él le decía. Cuando se despidieron, Sonia fue a sentarse con ella. La había estado observando mientras hablaba con él.
-¿Cómo estás?- preguntó Bella.
-Bien. Y parece que tú estás muy bien, ¿verdad?- dijo Sonia intrigada.
-Estoy feliz- dijo riendo.
-Me da gusto. ¿Se puede saber a qué se debe tanta felicidad?
-Yassine está aquí.
-¿En serio?
-¡Sí!- respondió emocionada. Llegó el sábado. Todos hemos pasado un fin de semana precioso.
-¿Todos?- preguntó sin comprender.
-Mis hijos, él y yo.
-¿Tus hijos lo han conocido? ¿Cuándo?
-El mismo sábado. Me acompañaron a recibirlo al aeropuerto. No tienes idea de lo bien que se llevan- dijo alegremente.
-¡Vaya! Ustedes sí que son modernos.
Esta ocasión fue Bella quien se levantó y con una mano le hizo un ademán de despedida. Sonia se quedó descontrolada, mirando cómo se alejaba con una sonrisa de oreja a oreja.


-Tienes una casa muy bonita- dijo Yassine mientras entraban.
-Vamos a los columpios- lo invitó Silvia.
-Vayan. Mientras tanto, cocino- lo alentó Bella.
En el refrigerador tenía pollo que había cocido la noche anterior, así que decidió hacer mole verde y arroz. Mientras cocinaba, veía por la ventana a Yassine meciendo a la nena en los columpios con las manos, mientras con una pierna, pateaba el balón que los niños le lanzaban. Igual que siempre, todos reían mucho.
Bella suspiró. Estaba feliz. Todo parecía indicar que sus hijos y Yassine se entendían muy bien. Cuando la comida estuvo lista, los llamó.
-¡A lavarse las manos!- anunció. -La comida está lista.
Cuando todos estuvieron sentados, Bella comenzó a servir la comida.
-Esto huele delicioso- dijo Yassine. -Pero, ¿qué es esa pasta verde?
-Se llama mole verde. Pruébalo. Te gustará.
-Delicioso- dijo saboreando la comida. -Sabe exquisito.
Bella sonrió satisfecha.
Cuando terminaron de comer, los niños fueron a hacer sus tareas, y Yassine la ayudó a lavar los platos y a limpliar la cocina. En una oportunidad que tuvo, la tomó de la cintura atrayéndola hacia él y la besó apasionadamente en la boca.
-Me moría por hacer esto- dijo cuando separó sus labios de los de ella.
Fueron a la sala y se sentaron a platicar.
-Me gustaría que el viernes fuéramos a cenar solos, mi alma. ¿Será posible?
-Sí, corazón.


El viernes llegó. Bella se arregló con mucho esmero. Escogió un vestido negro. Le quedaba ligeramente entallado y sus rodillas asomaban descaradamente. Su figura lucía muy bien con ese vestido. Optó por recogerse el cabello en una coleta, de la cual sus rizos caían alborotados. Parecía más joven de lo que realmente era.
-Mi bella luna- le dijo Yassine después de cenar. -Quiero que hoy formalicemos nuestro compromiso- dijo mientras ponía una cajita sobre la mesa.
Bella veía emocionada como él abría la caja y de ella sacaba un anillo hermoso, con una reluciente piedra.
-Me honrarás enormemente, mi alma, casándote conmigo- dijo mientras le colocaba el anillo en el dedo.
Ella tuvo que hacer esfuerzos por que las lágrimas no salieran de sus ojos.
-Deseo tanto ser tu esposa, corazón.
Se dieron un beso.
-Quiero que este fin de semana, que son los últimos días que estarás aquí, te quedes en mi casa.
-Pero… ¿Y los niños? ¿Qué van a decir?- preguntó Yassine.
-No van a decir nada. Ellos también quieren que estés con nosotros.
Fueron por sus cosas al hotel y de ahí fueron a su casa. Irene los miró extrañada cuando llegaron.
-Te presento a mi novio- dijo Bella con toda naturaleza.
-Mucho gusto- dijo él.
-Igualmente- contestó Irene. -Los niños ya están dormidos- Y sin más, se despidió.
Al cerrar la puerta, Yassine le impidió moverse. La repegó en la puerta y la besó largamente en la boca. Con la lengua recorrió sus labios, le dio pequeñas mordidas en ellos. Besó su cuello y luego volvió a besarla en la boca. Poco a poco, Bella sintió crecer la virilidad de Yassine, mientras él balanceaba sus caderas hacia las de ella.
-Te deseo tanto, mi alma.
-Vamos a mi recámara.
Pronto estaban ahí. Siguieron besándose mientras él le bajaba el cierre del vestido. Acarició su espalda suavemente, y por fin, le soltó el vestido de los hombros. Fue así como cayó completamente al suelo, quedando solamente en ropa interior.
-Eres hermosa, mi luna- dijo mientras la levantaba en sus brazos, para depositarla en la cama.
Se desvistió tan rápido como pudo y comenzó a besarle los dedos de los pies. Los besó y los chupó. Luego hizo lo mismo con los pies, las piernas, las rodillas. Así fue subiendo hasta llegar a su entrepierna. Hizo a un lado la tanguita y jugó un rato ahí, haciéndola estremecer. Después le quitó la tanguita, la jaló de las piernas y las colocó en sus hombros. Poco a poco la fue penetrando, mientras le chupaba los dedos de los pies, y con una mano acariciaba sus pechos, apretando sus pezones. Bella gritaba de placer.
-Eres tan hermosa, mi bella- le decía él.
Cuando por fin llegaron al clímax, se acostaron abrazados.
-Te quiero, mi luna- le dijo antes de dormir.


-¡Te quedaste a dormir!- dijo Silvia cuando, al entrar a la recámara de Bella, los vió abrazados.
Bella se enderezó sobresaltada buscando con las manos su pijama, mientras la nena se sentaba a un lado de la cama.
-¿Se van a casar?- preguntó sonriendo.
-¿Te gustaría?- le preguntó Yassine, mientras acomodaba la almohada para recargarse sobre ella.
-¡Sí!- gritó Silvia.


Mientras desayunaban, los niños no dejaban de hablar del partido de béisbol que iban a tener esa tarde. Estaban muy emocionados porque Yassine iba a ir con ellos.
-Mi mami se va a casar con Yassine- dijo de pronto Silvia.
¿De verdad?- preguntó Jorge.
-Sí, hijos. ¿No les agrada la idea?- dijo Bella muy sonriente, mientras levantaba la mano izquierda, mostrándoles el anillo que Yassine le diera la noche anterior.
-¡Qué bonito!- gritó Silvia emocionada.
Jorge y Eduardo guardaron silencio. Yassine les agradaba mucho, pero era extraño escuchar que su mamá volvería a casarse. Silvia estaba feliz con la idea, pero los niños parecieron descontrolados. Jorge los veía sonriendo, pero no dijo nada. En cambio Eduardo estaba serio. Quizás por ser mayor que sus hermanos no veía las cosas tan simples. No protestó, pero tampoco dijo nada.
-¿Qué pasa Eduardo?- preguntó Yassine buscando su mirada. -Dime lo que piensas, amigo. Es importante para nosotros saber lo que ustedes tres piensan.
Eduardo sonrió y se acomodó en su asiento, sin decir una sola palabra.
-Hijo, si esto te molesta, dímelo. Ustedes son mi vida y yo no pienso hacer nada que les afecte a ustedes.
-¿Acaso no soy de tu agrado?- preguntó Yassine.
-No es eso- dijo tristemente.
-¿Entonces? ¿Qué es lo que pasa?- preguntó Bella.
-Si ustedes se casan, ¿Vamos a vivir en Marruecos?- preguntó tristemente.
-Claro que no- dijo Bella riendo.
Yassine volteó a mirarla extrañado. El siempre pensó que Bella y sus hijos irían a vivir con él a su país.
Bella notó su desconcierto.
-Vamos a vivir acá, ¿verdad, corazón?- dijo sonriendo, pero con cierta duda en su voz.
-Bella, yo no puedo vivir en Estados Unidos. Mi trabajo está en Marruecos y…
-Y mi trabajo está acá- lo interrumpió.
-Yo no quiero vivir en otro país- dijo Eduardo.
-Yo tampoco- dijo Jorge. -No conocemos a nadie allá- recalcó.
Bella y Yassine guardaron silencio. De pronto, todo había cambiado. Ya no sonreían. Cada uno estaba sumido en sus propios pensamientos.


Los niños fueron a la calle a pasear en bicicleta y ellos aprovecharon para platicar. Bella estaba sentada en un sillón.
-Mi bella, quiero vivir toda mi vida a tu lado- dijo mientras se sentaba a su lado y la abrazaba.
-Yo también, corazón. Pero… ¿en dónde vamos a vivir?- preguntó seria.
-Pensé que ibas a querer vivir conmigo en Marruecos. Creí que te había gustado.
-Claro que me gustó mucho, pero no para vivir- dijo tajante.
-¿Porqué no? Has comprobado que allá hay de todo; lo mismo que acá.
-No es una buena idea, Yassine- dijo con tono muy serio. -Mis hijos no se adaptarían a vivir allá. ¿Cómo seguirían con sus estudios? Hay muchas cosas que les afectaría a ellos- dijo soltándose de su abrazo y levantándose del sillón.
-¿A qué cosas te refieres?- preguntó molesto.
-El idioma, la cultura, las amistades. Una cosa es ir de paseo, y otra muy diferente es ir a vivir allá. Estoy enamorada de ti- dijo suspirando- pero quiero que entiendas que mis hijos son lo más importante y no voy a imponerles vivir en un lugar en el que no hay las mismas oportunidades que en Estados Unidos.
-Yo no puedo trabajar en este país- dijo levantándose él también. -Pero podríamos vivir en España.
-¿En España?- dijo molesta. -No pienso irme a otro país.
-¿Es tu última palabra?- preguntó muy serio.
-Sí- respondió Bella sin verlo a la cara.


El partido de béisbol transcurría lleno de euforia por parte de la gente que estaba sentada en las gradas. Los asistentes gritaban, dando ánimos a los jugadores.
Silvia estaba sentada enmedio de Yassine y Bella. Él platicaba y jugaba con la niña. Bella estaba un poco seria. Entre ellos dos se había levantado una barrera.
-Es una pena que no nos hayamos puesto de acuerdo, Bella.
-Todo sería tan fácil si vinieras a vivir acá- dijo tristemente.
-¿Fácil para quién?- preguntó buscando su mirada.
-Para todos. Acá hay muchas oportunidades; mucho trabajo.
-¿También para los extranjeros que no tienen permiso para trabajar acá?- preguntó muy serio.
-Yassine… yo podría ayudarte a arreglar tu ciudadanía.
-Yo también puedo conseguirles a ti y a los niños la ciudadanía marroquí o española.
-¿La española?- preguntó sorprendida.
-Yo nací en España- dijo sonriendo. -Soy español por nacimiento y marroquí por mis padres.
-No puedo vivir en otro país. Mejor ven tú acá. Por favor, corazón- dijo tomándolo de una mano.
Yassine agachó la cabeza y la movió negativamente sin decir nada más.


Bella salió de bañarse. Se puso una pijama y salió de su recámara. Comprobó que sus hijos ya estaban durmiendo y fue hacia la sala a buscar a Yassine.
Lo encontró dormido en uno de los sillones. Se arrodilló junto a él y lo estuvo viendo por unos minutos. Era tan guapo; le gustaba mucho. No pudo resistirse y lo besó suavemente en la boca. El abrió los ojos y correspondió al beso.
-Vamos a la recámara, corazón- le dijo mientras acariciaba su cabello.
-No, mi luna- aquí voy a dormir- dijo enderezándose.
-¿Por qué?- se sorprendió. -Te necesito conmigo, mi amor.
-Mi bella- dijo suavemente, acariciando una de sus mejillas. -No tiene ningún caso.
Bella lo miró tristemente. Se levantó de donde estaba y se sentó junto a él.
-Estás enojado conmigo?- preguntó temerosa.
-Claro que no. Pero si no pudimos ponernos de acuerdo, no tiene caso seguir con esto.
-¿Tan difícil te resulta venir a vivir acá, en donde vivimos mis hijos y yo?- dijo sin poder evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos.
-Bella… necesito que entiendas mi posición- dijo al tiempo que le secaba las lágrimas. -Yo no podría tener un buen trabajo acá, haciendo lo que me gusta, sin saber inglés, sin tener mis papeles en regla. En cambio….- hizo una pausa para tomar aire. -Tanto en España como en Marruecos, puedo trabajar y ganar muy buen dinero, para darles una buena vida a ti y a tus hijos. Tú podrías ser maestra allá, igual que aquí. Allá es muy fácil que yo les consiga la ciudadanía.
-No- dijo Bella sollozando. -No puedo.
-¿Por qué no, mi luna?- dijo abrazándola.
-No quiero irme a otro país. Lo siento- dijo levantándose de allí para irse a su recámara.


Cuando se levantó por la mañana y se vió al espejo, notó que tenía los ojos un poco hinchados de tanto llorar, además de estar ojerosa por no haber dormido casi nada. Pasó la noche pensando en que todo se había ido por la borda. No dejó de pensar en que Yassine se iría esa mañana y quizás no lo volvería a ver más.
-¿Podemos ir contigo al aeropuerto?- preguntó Jorge mientras se alistaban para ir a la escuela.
-No, mi amor. Tienen que ir a la escuela.
-¿Cuándo vas a volver?- intervino Eduardo.
-Todavía no lo sabe, mi amor- respondió Bella.


-Gracias por todo, mi alma- dijo Yassine antes de ir a la sala de abordar.
-¿Por qué tienes que ser siempre tan amable?- preguntó molesta.
-No tengo por qué ser de otra forma contigo, mi bella- dijo sonriendo, mientas le acomodaba un mechón que caía sobre su frente.
-¿Vas a volver?- preguntó casi con miedo de escuchar una respuesta negativa.
-No pienso seguir con algo que no va a llegar a concretarse, mi luna.
Bella lo abrazó llorando. No podía contenerse. Yassine la abrazó también acariciando su cabello. Él también sufría.
-No me hagas esto, Yassine. Te amo- dijo entre sollozos.
-Yo también te amo. Pero a veces el amor es así, mi bella. Nunca voy a olvidar estos ojos tan hermosos.
Le dió un beso en la mejila y se fue cabizbajo, sin voltear. Bella estuvo por un rato ahí llorando, hasta que ya no pudo verlo más.


-Necesito que hagan un dibujo, el que ustedes quieran. Cuando terminen de iluminarlo, quiero que lo vean con mucha atención y piensen en una historia sobre ese dibujo- les dijo Bella a sus alumnos.
-¿Puedo dibujar un carro?- preguntó uno de los niños.
-Claro que sí- dijo sonriendo. -Lo que ustedes deseen- insistió.
Todos estaban en silencio, haciendo su trabajo, cuando Sonia llegó al salón.
-No te ví a la hora del almuerzo- le dijo a manera de saludo.
-Me quedé ordenando unas cosas aquí.
-Ayer no viniste ¿verdad? ¿Estabas enferma?
-Pedí el día. Fuí a llevar a Yassine al aeropuerto.
-¡Ah! ¿Y cómo vas con él?- preguntó bajando la voz.
-Bien.
-Ese “bien” se oyó muy triste- dijo viéndola fijamente.
-Se acabó- dijo tratando de disimular su tristeza.
-¿Terminaron?
-Te invito a mi casa esta tarde. Ahí te platico todo- dijo impaciente. -Ahora necesito atender a mis alumnos.
Durante el tiempo que quedaba para acabar la jornada escolar del día, Bella escuchó todas las historias de sus alumnos. De ese modo pudo olvidarse de Yassine por un rato.


Sonia escuchaba atenta lo que Bella le platicaba. La veía demacrada y muy triste, con la cabeza agachada. Ella siempre estuvo segura de que esa relación no iba a durar mucho, pero en verdad le dolía ver a su amiga sufriendo.
-Bella, haz lo que te dije un día- dijo suspirando. -Dale la vuelta a esta página y olvídate de él. Sigue con tu vida.
-Es muy fácil decirlo… Lo quiero con toda mi alma- dijo llorando una vez más.
-Piensa en tus hijos. Te van a ver llorar.
Bella lloraba en silencio.
-Te dije que tuvieras cuidado, Bella. Y mira ahora cómo estás. Hasta te divorciaste de Adolfo, y ¿todo para qué?
-No me salgas con eso, por favor- dijo molesta, mientras se secaba las lágrimas con una servilleta. -Aunque no hubiera conocido a Yassine, me hubiera divorciado de Adolfo al darme cuenta de su traición. El divorcio no me ha afectado para nada. Estoy sufriendo porque quiero a Yassine y ya no voy a saber más de él.
Sonia tomó aire y se recargó en el sillón. No sabía qué decir.


Los días pasaron muy lentamente para Bella. Yassine no le llamó para hacerle saber que había llegado bien. Estaba claro que ya no volvería a buscarla más. No había día en que no pensara en él, ni noche en que no durmiera con él en su pensamiento. Cuando sus hijos le preguntaban por él, ella les respondía que estaba bien, pero que todavía no sabían cuándo iba a regresar. Por las mañanas, cuando despertaba, deseaba verlo a su lado, durmiendo. Pero no era así. Estaba sola.
Una tarde habían ido al parque. Después de jugar un rato con sus hijos, se fue a sentar a una banca. Ahí, veía a algunas parejas platicando, otras besándose y otras jugando con sus hijos. Eso la ponía más triste porque se imaginaba que así podría estar ella con Yassine.
-Extrañas mucho a Yassine, ¿verdad?- le dijo Eduardo, que había ido a sentarse junto a ella.
-Sí, hijo. Mucho- dijo tratando de contener las lágrimas.
-¿Va a venir a vivir acá?- preguntó inocentemente.
-No, hijo. Él no puede trabajar acá.
-¿Cómo se van a casar, entonces?- se sorprendió. -Él allá y tú acá.
-Ya no vamos a casarnos- lo abrazó.
-¿Porqué no?- preguntó triste.
-Él quiere que nosotros nos vayamos a vivir a España con él- le explicó la historia.
Eduardo la escuchó en silencio y no dijo nada.


Bella estaba viendo las noticias en el televisor, como lo hacía todas las noches antes de dormir. Le gustaba verlas recostada en la cama. De pronto escuchó sonar su celular. Lo tomó del buró, en donde estaba y vio que era Adolfo quien la llamaba.
«¿Qué querrá a esta hora?» pensó.
Decidida a no contestarle, puso el celular debajo de su almohada. Unos momentos después sonó el timbre que anunciaba que tenía un mensaje de voz. Fastidiada tomó el teléfono nuevamente y escuchó el mensaje.
“Hola, Bella. Necesito hablar contigo. Es importante. Me gustaría que me llamaras lo más pronto posible”.
Bella se sobresaltó. Se sentó, recargándose en la cabecera, pensativa. Temió que fuera algo grave, pero rápido desechó la idea. Recordó el tono de voz de Adolfo; no se escuchaba alarmado o preocupado. Por fin, después de pensarlo un poco, decidió llamarlo.
-¿Hola?- lo escuchó.
-Acabo de escuchar tu mensaje. ¿Qué sucede?- preguntó tratando de que su voz sonara tranquila.
-Ayer estuve platicando con los niños. Dicen que estás triste.
-Estoy bien. No hay porqué preocuparse- respondió a la defensiva.
-¿Aceptarías ir a comer conmigo mañana? Por favor- dijo con un tono de súplica.
-No creo que sea buena idea.
-Por favor, Bella. Necesito hablar contigo.
-Hazlo ahora.
-Acepta mi invitación.
Bella guardó silencio. No lograba entender qué era lo que Adolfo buscaba.
-¿Sigues allí?- lo escuchó del otro lado de la línea.
-Aquí estoy.
-¿Aceptas, entonces?- insistió.
-Está bien- respondió desanimada.


Después de recoger a sus hijos de la escuela, los llevó a su casa. Irene los esperaba ya. Bella la había llamado para que los cuidara mientras ella iba a reunirse con Adolfo. Una vez de camino hacia donde habían quedado de verse, iba pensativa. No tenía ganas de escuchar palabras con matiz de lástima, así que iba planeando cómo reaccionar ante la supuesta preocupación de Adolfo.
-Estás muy delgada- le dijo él, en cuanto la vio.
-¿Sabe Karina que hemos venido a comer?- preguntó sonriendo.
-Por supuesto que lo sabe.
-Bien. Ahora dime… -tomó aire. -¿Qué es lo que necesitas decirme?
-Los niños me han dicho que estás triste porque has terminado con tu novio.
-¿Oh, si?- se removió nerviosa en su asiento.
-Eduardo me ha dicho que no quieres ir a vivir a otro país.
-Por lo que veo, te han dicho todo- se acomodó algunos cabellos detrás de las orejas.
-¿Lo quieres?- la vio a los ojos.
Ella se agachó, fingiendo que arreglaba algo de su falda.
-Sé sincera, Bella- y poniendo su mano encima de la de ella, siguió. -Se que no me creerás, pero te aprecio. Eres la madre de mis hijos. Te conozco perfectamente. Eres una buena mujer y mereces ser feliz. Si en verdad amas a ese muchacho, búscalo y ve a donde él. Por lo que los niños me han platicado, parece un buen hombre.
Bella lo miró con los ojos llenos de lágrimas. No podía creer que Adolfo le estuviera diciendo aquello.
-¿A ti qué te importa lo que yo haga?- le preguntó muy seria.
-Me importa mucho. Quiero que seas feliz. Al serlo tú, lo serán mis hijos también- Después de un breve silencio, volvió a insistir. -¿Estás enamorada de él?
-Sí- dijo agachando la cabeza.
-Búscalo, entonces- la animó. -Los niños están dispuestos a vivir en donde sea, con tal de verte feliz.
-¿Te lo han dicho?
-Claro que sí. Búscalo, Bella.
Platicaron largo y tendido mientras comían.
-Gracias- le agradeció Bella cuando se despidieron.
Adolfo se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla.


Esa noche no tenía sueño. Estuvo pensando mucho en lo que Adolfo le dijo. Pensó en sus hijos y en Yassine. Luego se imaginó lo que sería vivir con él en España. Después de todo, allá se hablaba español. De pronto, ya no le parecía imposible vivir en otro país.


Yassine dormía profundamente. Últimamente trabajaba demasiado. Esa era la forma en que lograba sacar a Bella de su pensamiento por el día. Aunque por las noches era todo lo contrario. Pensaba en ella hasta quedarse dormido.
Despertó sobresaltado por el timbre de su celular. El identificador de llamadas no reconocía el número.
Bella lo escuchó decir algo en árabe. Por el tono de voz, le pareció que estaba enojado.
-¿Yassine?- dijo nerviosa.
-¿Bella?- se enderezó rápido en su cama al reconocer la voz de Bella.
-Perdón por llamarte a estas horas- eran las tres de la mañana en Marruecos.
-No te preocupes- su voz se escuchaba ahora, amable. -¿Cómo estás?- le preguntó.
-Yassine, tengo que hablar contigo- la voz le temblaba mucho por el nerviosismo.
-¿Están bien los niños?
-Sí, ellos están bien. Pero yo no.
-¿Qué tienes?- preguntó preocupado.
-Te extraño mucho.
Él guardó silencio. Se pasó una mano por la cara. No sabía qué decir.
-Bella…- dijo por fin.
-Estoy dispuesta a vivir en España. No puedo vivir sin ti.. Te quiero.
-Yo también te quiero, mi alma- dijo emocionado. -No sabes lo que he sufrido este tiempo imaginando mi vida sin volver a verte.
Él le pidió cortar la comunicación, para hablarle él a ella y de este modo evitarle un gasto enorme a Bella. Platicaron por largo rato. Entre plática y plática se mandaban besos. No dejaban de decirse lo mucho que se amaban. Parecían dos adolescentes enamorados.


Bella se despedía de cada uno de sus alumnos. Los besaba y abrazaba emocionada. Era el último día de clases. Besaba a la última niña cuando Sonia llegó a su salón. Una vez que quedaron solas, fueron a sentarse al escritorio.
-Te ves muy contenta- sonrió Sonia.
-¡Estoy feliz!- respondió. -Y mis hijos también.
-¿Cuándo llega Yassine?
-La primera semana de Julio.
-¿Y cuándo se van?
-A finales del mes. Queremos que los niños se adapten un poco, antes de entrar a la escuela.
-¿Él tiene casa en España?
-No. Pero ya consiguió una para rentar. Ahí viviremos hasta comprar alguna. También ha conseguido trabajo.
-Seguro que les va a ir muy bien- le deseó Sonia.


El día que Yassine llegó a Miami, fueron a comer a un restaurante de comida china. Estaban esperando su comida, cuando se acercaron Sonia y su familia a saludarlos. Bella hizo las presentaciones.
-¿En qué mesa están?- preguntó Yassine.
-Acabamos de llegar. Él nos va a llevar a nuestra mesa- dijo Javier, volteando a ver al mesero que los esperaba pacientemente.
-Hagan el favor de acompañarnos- los invitó Yassine.
Pronto, entre dos meseros juntaron otra mesa a la de ellos. Comieron en completa armonía. Platicaron mucho, mientras todos los niños platicaban entre ellos.
-¿Cuándo se casan?- preguntó Sonia.
-La próxima semana- respondió Yassine.
-No vamos a hacer ningún tipo de fiesta, pero si gustan, pueden acompañarnos a la corte- dijo Bella sonriendo. -Eres mi mejor amiga, y sinceramente, me gustaría mucho que ahí estuvieras.
-Por supuesto que los acompañaremos- respondió Sonia emocionada.


Cuando salieron de la corte se veían felices. De ahí fueron a la casa de Sonia. Ella les había preparado una comida.
-Amiga, en verdad que tu marroquí es muy guapo, además de ser todo un caballero- dijo suspirando.
-Te lo dije, ¿recuerdas?
-Pensé que exagerabas debido a la emoción.
Pasaron toda la tarde platicando. Incluso, bailaron un poco y antes del anochecer se despidieron. Sonia y Bella prometieron estar en contacto vía internet, mientras hacían esfuerzos por no llorar.


-¿Estás contenta?- preguntó Yassine.
-¡Feliz!- dijo Bella.
Tenían tres meses en España. Los niños ya tenían varios amigos y les gustaba vivir allá. Bella estaba haciendo las gestiones pertinentes para poder seguir con su carrera y Yassine trabajaba para una buena compañía. En pocas palabras, les estaba yendo muy bien. Incluso, Bella se veía  renovada más joven.
-Me encanta besarte el ombligo- dijo Yassine con la voz ronca.
-No dejes de hacerlo, entonces.
Del ombligo, siguió camino arriba con la lengua, desviándose hasta uno de sus pezones. Lo chupó, lo besó y lo mordió suavemente, para después hacer lo mismo con el otro. Bella acariciaba su espalda mientras enlazaba las piernas alrededor de su cintura.
Cuando él se acercó a ella, Bella gimió, entrecerrando los ojos.
-Déjame ver tus lindos ojos, mi luna- le pidió él.
Ella los abrió y Yassine empezó a penetrarla poco a poco, deteniéndose por breves segundos, para luego empujar otro poquito.
-Quiero sentirte completamente dentro de mí- dijo Bella con la voz entrecortada por la pasión.
Pero a Yassine le gustaba tomarse su tiempo. Cuando por fin estuvo totalmente dentro de ella, empezaron a moverse rítmicamente, mientras se veían a los ojos. A él le gustaba mucho ver la forma en que sus ojos brillaban mientras hacían el amor.
-Te quiero- dijeron los dos al mismo tiempo, mientras llegaban a la cima del placer.


FIN

domingo, 12 de septiembre de 2021

FURIOSA

 


          Un ruido muy molesto me despertó. Me removí en la cama sin abrir los ojos. Traté de volver a dormirme, pero en ocasiones, el ruido se hacía más intenso. Por más esfuerzos que hice, no conseguí dormir. Torpemente busqué mi teléfono sobre la mesita de noche y miré la hora. ¡Las ocho de la mañana! Identifiqué el ruido que me despertó. Era una podadora. Jalé un poquito la cortina de mi ventana, solo lo necesario para poder mirar. Vi a mi vecino caminando a lo largo de su jardín, de ida vuelta, cortando el césped. Volví a la cama. No podía creerlo; después de una semana de mucho trabajo, deseaba dormir unas horas más. Di vueltas en la cama, intentando conciliar el sueño, aprovechando que mis hijos seguían dormidos. Al ver que se me dificultaba dormir, puse ruido de lluvia y truenos en mi teléfono y lo coloqué debajo de la almohada. Rápido caí dormida. Entonces sonó el timbre haciéndome pegar tremendo brinco. Miré la hora, eran las 8:21. Volvió a sonar el timbre. Me levanté a toda prisa y fui hacia la puerta antes de que se despertaran los niños. Cuando abrí, me encontré a dos parejas con cinco niños, muy bien vestidos, muy formales y los adultos con una gran sonrisa.


-Dios te bendiga, hermana -me dijo una de las mujeres.

Los miré en silencio, incapaz de devolverles ni el saludo y ni la sonrisa.

-¿Tienes unos minutos? -Me dijo el que parecía el esposa de la que me saludó. -Hemos venido a ti, en nombre del Señor para compartirte su palabra.

Impaciente y molesta les dije que me habían despertado y que estaba muy cansada. Que me disculparan pero quería seguir durmiendo.

-No le cierres las puertas a Dios, hermana -dijo el otro hombre. -Escucha lo que Dios tiene para ti.

Les dije terminantemente que me iba a dormir y que no volvieran.


          Fui a las habitaciones de los niños y sin hacer ruido comprobé que estaban bien dormidos. Volví a la cama y empecé a bostezar. Me acomodé y me dormí. La bocina de un coche me pegó tremendo susto. Sonó varias veces hasta que se oyó que se alejaba. El hijo de los vecinos de enfrente tenía unos amigos, que preferían avisar de su llegada con el claxon, en lugar de llamarlo desde su teléfono celular. Comencé a ponerme de malas.  Cerré los ojos y escuché pasos por el pasillo.  Era mi niña y le pedí que se acostara conmigo. La acomodé entre mis brazos y cuando estaba a punto de dormirme entra mi hijo. Me dijo que tenía hambre y se le antojaban unos panqueques. Miré nuevamente la hora. Eran las 9:45. Me levanté y fui a la cocina a preparar el desayuno. Me sentía con ganas de matar a alguien, pero mis hijos no tenían la culpa de nada, así que traté de serenarme.


          Cuando estábamos desayunando, llegó el papá de mis niños y me dijo que decidió llegar más temprano por ellos. Le dije que tendría que esperar a que terminaran de comer, a lo que me respondió que su esposa estaba esperando en el coche y que los llevaría a su restaurante favorito. Los niños me miraron con carita de emoción y aunque yo ya sentía ganas de ahorcar a su padre, les dije que se arreglaran y se fueran con él. Así que de pronto me vi sola, enfrente de mi plato de panqueques y con otros dos, uno a cada lado, sin terminar.  Soltando una maldición, regresé a mi cama. Quizás era bueno estar sola para poder descansar. No llevaba ni cinco minutos dormida cuando el timbre volvió a sonar. Me levanté enojadísima y abrí la puerta de un jalón. 

-¡No me interesa lo que tenga que decirme! ¡Retírese y déjeme dormir! -Grité llena de rabia, sin fijarme quién era.

-Solo te traje este flan que hice para ustedes, en agradecimiento por el favor que me hiciste el otro día -dijo otra de mis vecinas, una mujer muy dulce y de edad avanzada.

Me disculpé con ella y la invité a pasar, pero no aceptó. Me dijo que me fuera a descansar, cosa que ya no pude hacer ese día. 


sábado, 11 de septiembre de 2021

UN 4 DE JULIO

 


         El 4 de julio es día feriado en Estados Unidos. Es la celebración de nuestra independencia. En Plainview, Texas, pueblo donde he vivido desde el día en que nací, llevamos varios años de sequía, siendo los dos últimos extremadamente secos, por lo cual, se han suspendido dos veces los espectáculos nocturnos de los juegos pirotécnicos, para evitar que se incendiaran nuestros campos que estaban extremadamente secos. Gracias a Dios, este año comenzó a llover antes de tiempo y muchísimo. Hemos tenido tormenta tras tormenta desde marzo. Los campos y los jardines reverdecieron a una velocidad increíble, nuestros estanques y lagunas se llenaron otra vez de agua, trayéndonos felicidad a los habitantes y a los animales locales. Los patos por fin se refrescaban con aguas naturales y en los jardines caseros se escuchaba el canto alegre de los pájaros.


          Todos esperábamos la el festejo del 4 de julio de este año. Teníamos muchas ganas de reunirnos todos en el parque más grande del pueblo para celebrar y cuando el día llegó, mi familia y yo nos fuimos temprano para ganar un buen lugar debajo de un árbol con buena sombra. Llevamos nuestras sillas y una mesa plegables, y colocamos un toldo para protegernos aún más del sol. Allí comeríamos y nos divertiríamos con los niños que pasearían en los juegos mecánicos, hasta el anochecer para disfrutar de la pirotecnia. Había muchos puestos de comida y juguetes para los pequeños. Las taquillas donde se ordenaba lo que deseábamos comprar estaban llenísimas, al igual que las de los juegos. Por alguna razón, hubo un corte de luz y los juegos dejaron de trabajar. Muchos niños empezaron a llorar mientras esperaban sobre el carrusel o las sillas voladoras, pues estaban impacientes porque éstos funcionaran. Más éste fue el primero de los problemas del día. Mientras los encargados, revisaban las conexiones de la luz, varias tuercas comenzaron a caerse de las sillas voladoras, poniendo en riesgo a los ocupantes. Rápidamente bajaron a los nenes, prometiendo solucionar todo lo más rapido posible.


          Mi familia y yo decidimos regresar a nuestra carpa para comer y mientras saboreábamos unas deliciosas hamburguesas, llegó hasta nosotros un antiguo amigo. Le pedimos que nos acompañara y nos contó que se había mudado a Las Vegas. Allá tocaba con un conjunto de jazz en un centro nocturno y él era el trompetista. A veces tocaba en un conjunto de música tropical, pero lo que más disfrutaba, era el jazz.


          Mientras conversábamos, unos policías se nos acercaron, diciéndonos que los juegos mecánicos no funcionarían más porque habían encontrado muchos de ellos sin tornillos y queriendo evitar una tragedia, lo mejor era no usarlos. Pronto, todos nos olvidamos de eso y los nenes jugaban con globos, luces de bengala y pelotas con luces, hasta que oscureció por completo, dando inicio a los juegos pirotécnicos. Todos gritábamos emocionados con cada uno de ellos. Las luces de colores en el cielo eran maravillosas. Las figuras que se formaban nos tenían a grandes y chicos abortos mirando el cielo que se iluminaba bellamente con todos esos resplandores. No se escuchaba nada. Solo los estallidos de los petardos y los gritos del público. Cuando todo acabó, nos quedamos sentados en nuestras sillas esperando a que todos se fueran, para evitar el tráfico. Cada vez iba aminorando el escándalo y fue cuando escuchamos a una mujer gritando desesperada. Decía que alguien había disparado a su esposo y éste estaba enmedio de un gran charco rojo. La policía llegó con ella y más no supimos. Pero lo cierto es que fue un festejo con muchas cosas extrañas.




jueves, 9 de septiembre de 2021

¿EN DÓNDE ESTÁ FAUSTO?

 


          Conectado a una máquina para poder respirar se encontraba Fausto. Mientras arreglaba el techo de su casa cayó al suelo, lastimándose seriamente. Ahora, en el hospital, dormía y aparte de los ruidos de los aparatos propios de un sanatorio, se escuchaba su respiración. Afuera, en la sala de espera, estaban Sara, su esposa y su hijo David. Sara vestía un vestido holgado de verano y unas sandalias de tacón. Su maquillaje era ligero y su pelo lo había recogido en una perfecta cola de caballo, sin un solo pelo suelto. Desde que llegó, estaba hablando por su teléfono celular y David, un joven  vestido a la moda, estaba ensimismado leyendo un libro. El doctor llegó hasta ellos para darles informes sobre Fausto, los que escucharon con cierta impaciencia para seguir haciendo lo mismo cuando el doctor se retiró.

-Pueden pasar a verlo -escucharon a una enfermera.

Sara le hizo una seña con la mano, indicando que le diera un momento y siguió conversando por el móvil. David se levantó cerrando el libro y con calma casi intolerante, estiró el cuerpo. Cuando Sara por fin terminó de hablar, siguieron a la enfermera al cuarto donde ya los esperaba el doctor.


          Fausto lloraba desesperado. En su mirada se apreciaba la angustia. El doctor le decía que debía ser fuerte y que harían todo lo humanamente posible por aliviarlo.

-¿Qué tienes? -preguntó Sara.

-¡Mátenme, por favor! -gritó Fausto. -¡Se los suplico! Tírenme por la ventana.

-Tienen que ser fuertes -les dijo el doctor a Sara y a su hijo, mientras los alejaba lo más posible de Fausto. -Como les informé antes, Fausto ha quedado cuadrapléjico debido a las lesiones que recibió en la columna vertebral. No podrá mover más que los ojos y la boca y, necesitará estar conectado a una máquina como la que está usando ahora, para poder respirar, ya que no puede hacerlo por él mismo.

-Supongo que seguirá usando ésta -dijo Sara.

-Por ahora, sí -respondió el doctor- Pero una vez que lo lleven a casa, necesitará una.

-¿Perdón?- casi gritó la mujer. -¿No se quedará aquí? Yo no tengo tiempo para cuidarlo y atenderlo.

-Lo lamento. Deberá buscar ayuda.

-¡Quiero morir! -gritó Fausto. -¡No quiero estar así!

El doctor salió y detrás de él, Sara y David, sin dirigirle ni una sola palabra al hombre que tenía el rostro bañado en lágrimas.


          Por la noche se desató una fuerte tormenta. Los relámpagos rasgaban el cielo, iluminando a ratos la ciudad. Aún enmedio de la lluvia, recibieron la visita inesperada del detective Prieto.

-Lamento informarles que el señor Fausto ha desaparecido del hospital. El personal trató de comunicarse con ustedes dos, sin conseguirlo. Es por eso que he venido hasta acá.

Sara rompió en llanto y no podía hablar por la angustia aparente que sentía. Por su parte, David golpeó la pared furioso.

-¿Cómo es posible que no hayan cuidado a mi padre? -preguntó Iracundo.

El detective los miraba en silencio. Luego procedió a hacer las preguntas necesarias para la investigación.

-¿Por qué no acompañaron a Fausto durante el día? -preguntó.

-Teníamos unos compromisos que debíamos cumplir -dijo David.

-Yo iba a regresar mañana para dedicarle todo el día -respondió Sara. -¡Mi pobre esposo! -dijo entre sollozos.

Luego de una hora aproximadamente, Prieto salió de la casa con el ceño fruncido.


          Al día siguiente, Prieto se dirigió a la comisaría para obtener información de los policías que revisaron el cuarto del hospital. Luego fue personalmente hasta el lugar de los hechos y revisó atentamente el cuarto. No había rastros de violencia. Fue a la ventana, y mirando el paisaje desde el segundo piso, trataba de resolver el misterio. No había forma de que Fausto hubiera escapado por sí mismo, pues le era imposible hacerlo. Mientras cavilaba en el asunto, vio un carro estacionarse y de él bajó Sara. Hablaba por el  móvil mostrando una sonrisa fresca y feliz, cosa que le llamó muchísimo la atención. Salió del cuarto para alcanzarla en la recepción y en el camino descubrió a David hablando sospechosamente con el doctor que atendía al hombre desaparecido. Se detuvo sin que lo vieran y los estuvo observando. El doctor señalaba hacia un pasillo mientras algo le decía y David sonrió satisfecho, entregándole un sobre amarillo, el cual, el doctor abrió y después de mirar en su interior, lo llevo a sus labios besándolo.


          Prieto encontró a Sara preguntando por el doctor y en cuanto ella lo vio acercarse, empezó a llorar.

-¿Lo han encontrado? -preguntó con voz temblorosa.

-Aún no -respondió él. -Dígame Sara... ¿su esposo tiene seguro de vida?

-No que yo sepa -respondió secándose las lágrimas. -¿Acaso sospecha de mí? -preguntó molesta.

-Simplemente se trata de una pregunta de rutina -contestó el detective.

Despidiéndose de ella fue a las oficinas directivas del lugar y solicitó una copia de los mapas del edificio. En su oficina estuvo analizando las posibles rutas de escape desde el cuarto de Fausto. Identificó una que llevaba hasta el pasillo que el doctor le indicó a David, el día que los sorprendió hablando. Revisó todos los cuartos de tal corredor sin encontrar nada hasta que llegó a un cuarto frío. Entró y descubrió varios cuerpos. El lugar se llenó de policías después de que Prieto avisara a su jefe. Luego de las investigaciones y pruebas de ADN, confirmaron que la versión del director del sanatorio era cierta; se trataba de cadáveres de personas no identificadas y esperaban allí ser reclamados o ser enterrados en una fosa común, después del tiempo de espera requerido.

“¿En dónde está Fausto?”, se preguntaba el detective una y otra vez.


          Pasó un año en el que las averiguaciones no cesaron y a pesar de ello, nunca se encontró a Fausto o a su cuerpo, ni a ningún responsable de su desaparición. El doctor renunció a su trabajo y se fue a vivir a Cancún donde vivía muy bien. Sara y David se casaron, pues él era hijastro de Fausto, por parte de su primer matrimonio y se les veía muy felices. Por su parte, Fausto seguía investigando, seguro de que esas tres personas tenían algo que ver en el asunto, pero no encontraba pruebas contra ellos.