martes, 22 de junio de 2021

EN PLENO VUELO



Ansiosa, su boca,

recorre mi cuerpo,

llegar a mi cielo

es lo que él adora.


Con besos lo borda

llevándome al cielo

y es en pleno vuelo

que mis ansias flotan.


Mi agua se desborda,

halla mi secreto,

disfruto su riego,

nuestras almas gozan.


 

domingo, 20 de junio de 2021

LA MUJER EN EL ESPEJO





           Los niños dormían plácidamente en su habitación al cuidado de sus hermanas mayores, ya adolescentes, pues sus padres habían ido a una fiesta y llegarían antes del amanecer. Poco antes de la media noche las muchachitas se fueron a dormir a su habitación, asegurándose de que sus hermanitos estuvieran dormidos y bien cobijados. Ambas habitaciones eran ligeramente iluminadas por un foco pequeño que estaba conectado en el pasillo para no quedar completamente a oscuras.


          Más tarde, cuando ya dormían, el silencio fue roto por el grito del niño más pequeño. La hermana mayor corrió hasta él para saber qué pasaba, encontrándose con el niño aterrado, recargado en la cabecera de la cama y gritando que una mujer vestida de negro y con un puñal clavado en uno de sus ojos, estaba dentro del espejo, llamándolo. La chica se detuvo frente al objeto en cuestión y miró atentamente. Aunque no vio a nadie, miró un camino oscuro sin final y un escalofrío recorrió su cuerpo entero. No dijo nada para no asustar a nadie más y colocó una toalla sobre el espejo para evitar que el niño siguiera viendo lo que decía ver y estuvo con él hasta tranquilizarlo y dormirlo.


          Ya en su cama, la jovencita no lograba conciliar el sueño, pensando en lo sucedido y en eso, volvió a escuchar a su hermanito gritar y llorar. Rápidamente fue hasta mirando la toalla en el espejo y al niño completamente fuera de sí. Decía que la mujer había salido del espejo y se encontraba frente a su cama, llamándole con insistencia. La muchacha llamó a sus padres y les dijo lo que sucedía. Mientras ellos llegaban, tomó a su hermanito en brazos, tratando de consolarlo.


          Al ver que no lograba tranquilizar al niño, pues él decía lo mismo sobre la mujer, decidió, llena de miedo, hablarle. 

-¿Quién eres? ¿Qué es lo que buscas? -Silencio fue lo que obtuvo. -Dime, ¿por qué molestas a mi hermanito? ¿Necesitas algo?-

Dice que se llama Francisca Nava. -Dijo el niño. -Que necesita que yo entre al espejo para que ella pueda liberarse y volver a este mundo. 

La muchacha lo abrazó con fuerza y tomó de la mano al otro nene, que sollozaba aterrorizado en un rincón de su cama.



          Salieron de allí y se fueron a su habitación. En eso llegaron sus padres y les contaron todo. El padre entró al cuarto diciendo maldiciones para alejar a la mujer mientras la madre rociaba el lugar con agua bendita y rezaba. Entonces el espejo se rompió en pedazos y los niños se durmieron automáticamente. 


          Por la mañana, los nenes no recordaban nada y al percatarse de que no estaba el espejo, preguntaron por él. Su mamá les dijo que se le había caído mientras lo estaba limpiando Nunca más volvieron a vivir nada igual, pero por si acaso, nunca volvieron a poner un espejo en el dormitorio. 



miércoles, 11 de marzo de 2020

EL VIENTO Y LA FLOR




         
Tania era una mujer muy hermosa y estaba muy enamorada de su novio Mario. Los dos se amaban intensamente y todo entre ellos iba muy bien, salvo por el malvado mago Sebastian, quien estaba encaprichado con gozar del amor de Tania antes que nadie. Al ver que nunca lograría su propósito, pues la mujer con quien estaba obsesionado lo despreciaba, decidió tomar venganza creando un maleficio para separar a la feliz pareja.

          Un día, cuando la vio en compañía de su novio, lanzó el hechizo sobre ella, convirtiéndola en una hermosa flor silvestre blanca.
-A partir de ahora, cuando haya nubes, me convertiré en lluvia para poseerla cada vez desee hacerlo -dijo luego de lanzar una terrible carcajada.

          Sebastian, quien tenía algunos conocimientos de magia, intentó deshacer el embrujo, pero le fue imposible hacerlo. Entonces se convirtió él mismo, en viento. Y cada vez que las nubes se acercaban amenazantes sobre la flor silvestre, él aparecía en su forma de viento y soplaba fuertemente para alejarlas y cuando el peligro se alejaba, soplaba suavemente, haciéndole el amor con toda delicadeza a su amada. Ella, al sentirlo, se sacudía tiernamente, correspondiendo a su amado.

          Fue así como encontraron la manera de vivir juntos y felices para siempre.



sábado, 12 de octubre de 2019

UN CASO POCO COMÚN




          Felipe siempre había sentido que le faltaba algo y muchas noches se había sentido legítimamente mal. Su vida había sido siempre sencilla. Tenía una familia amorosa, una esposa que lo amaba, una hermosa casa y un buen empleo. Sin embargo, ese hueco que sentía en medio del pecho, cada vez era más frecuente y le producía una inmensa nostalgia por algo que no sabía qué era. Preocupado y en absoluto secreto, acudió a ver a un psiquiatra. Tal vez necesitaba ayuda profesional. El doctor Ramírez era un psiquiatra de renombre, especialista decían, en casos poco comunes. Tuvo suerte en conseguir una cita y al llegar al consultorio fue directamente al baño. El corazón le latía apresuradamente y por su frente corrían pequeñas gotas de sudor. Se lavó la cara y se miró al espejo repitiéndose que no tendría nada grave; que quizás se trataba de un problema de estrés. Una vez que se tranquilizó, fue a donde la recepcionista para registrarse y se sentó a esperar a que lo llamaran. Mientras tanto, observó a su alrededor, las paredes eran blancas y sin un solo adorno, excepto un reloj que pendía de una de ellas. Sin saber por qué, ver ese color en las paredes lo inquietó. Entonces oyó su nombre.

          Cuando entró al despacho del doctor Ramírez y vio que ahí también las paredes eran blancas, se alteró y sintió una opresión muy fuerte en el pecho. Tuvo que sentarse en la silla, dejando al doctor con la mano extendida. Éste le dio un vaso de agua y le preguntó si se sentía mejor.
-Sí. Está pasando -respondió Felipe haciendo ejercicios de respiración.
-Me parece que se ha equivocado de especialista. En lugar de un psiquiatra, creo que lo que usted necesita es un cardiólogo -dijo el doctor mirándolo preocupado.
-No me he equivocado -respondió débilmente -Esto nunca me había sucedido. Estoy aquí porque hay algo que me molesta. Se trata de una rara sensación. Siento un vacío en el pecho... algo verdaderamente molesto. Es como si me faltara algo.
-¿Me dice que lo que sintió hace un momento, nunca le había sucedido?
-Jamás. Creo que se debió a ver tanto blanco en estas oficinas tan pequeñas.
Siempre me ha molestado ese color.
-¿Lo incomoda el color blanco, al grado de producirle un fuerte dolor en el pecho? -Insistió el doctor.
-¡No lo sé! -Casi gritó. -Siempre me ha molestado, causándome ansiedad. Pero olvidemos eso y volvamos a lo que me ha traído hasta aquí.

          El galeno rodeó el escritorio y se sentó en su sillón negro. Abrió una libreta y tomó un bolígrafo. Lo miró fijamente, suspiró y se acomodó en el asiento.
-¿En qué está pensando cuando siente esa sensación de vacío en el pecho? -Preguntó sin quitarle la mirada.
-En todo y nada -respondió un poco irritado. -En todo momento siento que algo me falta y no es porque piense en algo concreto.
-¿Lo siente siempre?
-Todo el tiempo. Aunque... -Felipe guardó silencio.
-Aunque, ¿qué?
-A veces es mucho más intensa la sensación.
-¿Cuándo es que se intensifica?
-No lo sé. En este momento no recuerdo cuándo, exactamente.
El doctor Ramírez bajó la mirada y jugueteó unos segundos con el bolígrafo en sus manos.
-Venga, por favor -le dijo levantándose del sillón.
Felipe se acostó en un diván negro que hacía juego con el sillón del doctor. Era muy cómodo. Luego, el médico puso música suave y relajante a un volumen muy bajito. Le pidió a Felipe que cerrara los ojos y respirara normal, hasta que se relajara. El doctor se sentó en un sillón beige que contrastaba con los otros y que estaba al lado del diván y comenzó con su trabajo.
-Cuénteme sobre algo que haya sucedido en su vida hace cinco años.
-Hace cinco años nació mi hija Leonora. Llegó sorpresivamente a nuestras vidas, cuando estábamos convencidos de que mi esposa era estéril.
-¿Algo que recuerde en esas fechas, que haya sido negativo?
-No. Nada serio.
-Bien. Vayamos cinco años más atrás. ¿Qué recuerda?
-Ya estaba casado y por ese entonces conseguí la gerencia de la compañía para la que trabajo.
-Bien -dijo el psiquiatra mientras hacía anotaciones en su libreta. -Hace veinte años... Cuénteme, ¿qué recuerda?
-¿Qué tienen que ver mis recuerdos con el vacío en mi pecho? -Preguntó Felipe, enderezándose en el diván.
-Tranquilo. Recuéstese, por favor. Simplemente responda.
-No recuerdo nada. Veinte años es mucho tiempo -respondió impaciente.
 -Serénese. Tome su tiempo.
Y después de unos segundos le preguntó: -¿Qué imagen ve de hace veinte años atrás?
-Veo una habitación pequeña con paredes blancas. Blancas sin una sola mancha y sin un solo adorno.
-¿Qué más ve? -preguntó Ramírez con voz suave.
-Estoy escuchando el ruido de una lavadora y una secadora... Como si estuviera en una lavandería.
-Siga, por favor -insistió, amable, el doctor.
-Hay una mujer en ropa interior.
-Sí...
Felipe se enderezó bruscamente y con la respiración agitada. El sudor corría por su frente, y comenzó a caminar alrededor de la habitación.
-No puedo. Lo siento. No puedo recordar más -dijo llevándose una mano a la cabeza y la otra a la cintura.
-Sí puede. Si de verdad quiere saber qué es lo que le sucede con esa sensación rara en su pecho, debe armarse de valor y recordar.  Vuelva a acostarse y volvamos a intentarlo, ¿quiere?
Felipe volvió al diván sin decir nada. Trató de normalizar su respiración y de poner en blanco su mente.
-¿Qué sucede con la mujer en ropa interior? -Preguntó el doctor.
-Me parece que se me está ofreciendo. Me coquetea abiertamente. Me acerco e intento besarla. Ella me rechaza, yo insisto y ella, haciéndose la ofendida, me abofetea. La ira me hace su presa y la golpeo  -dice Felipe agitado. -Me trepo encima de ella y trato de violarla. Desesperada, ella me muerde los labios con todas sus fuerzas hasta hacerme sangrar. Aprovecha que yo me estoy limpiando la sangre para querer escapar. La alcanzo y la tiro bruscamente al suelo. Ella hace intentos para gritar y yo le tapo la boca con todas mis fuerzas. Mi mano era muy grande para su cara. También le tapé la nariz. La solté hasta que dejó de moverse.
Felipe abrió los ojos aterrado. Se sentó en el sillón llorando. -¡La maté! ¡Asesiné a mi propia prima!

          El doctor Ramírez lo miraba impasible. Quería que Felipe continuara solo, sin sentirse presionado. Felipe no cesaba en su llanto. Después de un largo rato, un poco más calmado, continuó: - Esperé a que oscureciera para arrastrar su cuerpo hasta el coche. La subí y la llevé a casa de mi abuela, que en ese tiempo estaba pasando unos días con una de sus hijas, y la enterré en el centro del jardín. Al día siguiente fui por rosales y los sembré encima de la tumba, para disfrazar la tierra removida. Le dije a mi abuela que era mi regalo de cumpleaños. Nadie nunca volvió a saber de Edith. Toda la familia estaba consternada. Su madre siempre vivió con la angustia de no saber dónde estaba su hija -dijo con el rostro desencajado y sin dejar de llorar.
-¿Ha descubierto qué es ese vacío en su pecho, Felipe? -Preguntó el doctor Ramírez.
-Por fin lo sé. Es paz lo que necesito. Debo confesar mi crimen y decirle a mi tía dónde está su hija. Y por supuesto, debo pagar por lo que hice, para llenar de paz este maldito hueco.

          El doctor Ramírez sonrió triste y satisfecho a la vez. Un paciente más, que gracias a él, se reencontraba con sus más recónditos secretos.




martes, 8 de octubre de 2019

PASEO POR UN SENDERO

Camino por un sendero
buscando un poco de paz,
gozando del fresco viento
que llegó sin avisar.

Amablemente los árboles
me saludan agitados;
a mi paso inclinan las ramas
obsequiándome sus hojas.

Rojas, cafés y amarillas
las tímidas hojas caen,
llegando despacio al suelo
como si fueran suspiros.

Temblorosas se acomodan
formando así una alfombra
de colores otoñales
dándole vida al paisaje.

Disfrutando van mis ojos
mientras recorro el camino;
se inflama mi corazón
con la belleza del campo.




sábado, 21 de septiembre de 2019

SENTENCIAS DE UN LIBRO



          
          Hacía varias semanas que sucedían cosas extrañas en la casa de la familia Suárez. 

          Un día, doña Inés compró un libro en una tienda de antigüedades. Estaba escrito en un idioma que no entendía, pero fue tal el encanto que sintió por sus hojas amarillas y la vieja portada, que le fue imposible resistirse a llevárselo. En cuanto llegó a su casa, lo limpió y lo puso sobre una mesita esquinera, para que adornara ese rincón que estaba vacío. Se retiró un poco para ver cómo se miraba allí. Sonrió satisfecha. De verdad que le daba un toque elegante e interesante a la sala de estar.

          Por la noche, la primera que el libro pasaba en casa, éste se abrió sorpresivamente mientras la familia cenaba. Sus hojas comenzaron a moverse como un acordeón y de pronto se detuvieron quedando abierto en una página que decía en perfecto español: "Esta noche, alguien de esta familia se caerá en el baño, golpeándose la cabeza en la bañera y se desangrará hasta morir antes de ser descubierto por alguien". Doña Inés se sobresaltó un poco. Estaba segura de que el libro estaba escrito en otro idioma. Lo revisó, y en efecto, lo único que estaba en español era ese extraño párrafo. Los demás rieron, alegando que se trataría de un libro de bromas.

          Cuando la mañana mostró sus primeras luces, se escuchó un grito desgarrador. Todos corrieron a ver de qué se trataba. Uno de los hijos menores de la familia yacía muerto en el baño con la cabeza abierta, en medio de un gran charco de agua. Regularmente comenzaron a suceder cosas similares en la familia, y a pesar de ello, nadie tenía el valor de deshacerse de aquel libro, aparente culpable de las recientes desgracias de la familia. Ni siquiera se atrevían a cerrarlo.

          En muy poco tiempo todos habían muerto y solo quedaba doña Inés. El libro volvió a abrirse en una noche oscura que estaba siendo azotada por una fuerte tormenta. Temblando de miedo se acercó y en esta ocasión no había letras, solo un dibujo de una mujer muerta en la cama. La mujer a punto de la locura por el miedo, no se atrevió a ir a su cama. Se quedó en un sillón y tomó un libro para leer y así no dormirse. Al no encontrar sus lentes, fue a su habitación para tomarlos de la mesita de estar y cuando los tomaba sintió un piquete doloroso. Rápidamente se sentó en la cama y vio a un escorpión caminando en el suelo. Las fuerzas la abandonaron, todo se oscureció y se acostó. Tiempo después la descubrieron muerta sobre su cama.

          Todo el mundo hablaba de la mala suerte de la familia Suárez, que en muy poco tiempo fue desapareciendo por diversos accidentes. Un pariente lejano, quien heredó la casa, la puso en venta con todas sus pertenencias. Pacientemente, el libro cerrado y lleno de polvo nuevo, esperaba desde aquel rincón a ser limpiado y abierto nuevamente.


martes, 10 de septiembre de 2019

ALGUIEN BUENO

Solo bastó un segundo
para que la confianza
y la seguridad
se alejaran de mí.

Perdida me encontré
en un pozo sin fin,
donde solo traición
y maldad existía.

Después de una gran lucha
en contra de mí misma,
solo atiné a seguir
hundida en mis pesares.

Entonces, un buen día,
apareció a mi lado
una buena persona
con cara de ángel.

Con una voz hermosa
y cálida mirada,
me llenó del calor
que me había abandonado.

Con enorme paciencia
me sacó del abismo
y con dulces consejos
me dio seguridad.

Hoy ya no me acompaña
en mi nuevo comienzo,
mas lo llevo muy dentro
de mis bellos recuerdos.