martes, 28 de junio de 2022

LÁGRIMAS CRISTALINAS

 



          Flora nació árbol y nunca tuvo problema con ello hasta que uno de los muchos hombres que llegaban a reposar bajo su sombra le robó la calma. Cada vez que este humano se sentaba junto a su cuerpo para leer un libro, ella disfrutaba de su roce. Aprovechaba cualquier soplido de Eolo para dejar caer algunas hojas de su frondosa cabellera verde y hacerle sentir de esa manera su amor. Un día en que el hombre llegó con algunos amigos, lo escuchó decir que amaba ese lugar, que ahí encontraba la paz que tanta falta le hacía. Ella, dentro de su inocencia y perdidamente enamorada de él, tomó dichas palabras literalmente. “¡Está enamorado de mí!”, pensó emocionada. Grandes esfuerzos hacía extendiendo sus oscuros brazos para poder abrazarlo, pero éstos se extendían hacia el cielo, siendo cada vez más imposible lograrlo.

 

Muchos días pasaron y el amor de ella crecía y crecía. Ilusionada lo esperaba todas las tardes para poder sentir su espalda sobre ella. Entonces ocurrió lo que menos pensó que pasaría: El hombre llegó con una mujer y leyó poemas muy bonitos. La intrusa sonreía feliz y de pronto, él la besó en la boca. Muchos celos sintió Flora y esto ocasionó que muchas de sus hojas cayeran sobre ellos, molestándolos y haciendo así que se retiraran de allí. La mujer árbol los miró con tristeza, alejarse de ella. El tiempo siguió avanzando y aquel hombre no volvió jamás. Flora se sentía engañada, traicionada en lo más profundo de su ser. Desde entonces, todas las tardes, a la misma hora en que el traidor solía llegar hasta ella, Flora lloraba intensamente. Gotas cristalinas caían de sus hojas llamando la atención de los humanos. Esto se volvió un espectáculo que mucha gente iba a ver por las tardes, pero aquél, su gran amor, no volvió jamás.




sábado, 9 de abril de 2022

LA TRAICIÓN


 

          Los hermanos se mataron como enemigos. Sí, como si se hubieran odiado desde el momento de nacer. Pero no, nunca se habían odiado. Siempre se quisieron mucho y fueron los mejores amigos por más de veinte años. Si uno sufría, el otro también sufría. Si uno era feliz, el otro lo era más por la felicidad de su hermano. Pero como bien dicen por ahí, no todo es eterno.

Un día apareció una joven y guapa mujer en las vidas de estos buenos muchachos. Uno de ellos, el mayor, se enamoró perdidamente de ella y después de un corto noviazgo llegaron al altar para bendecir su amor, mientras el diablo sonreía maléficamente desde un rincón.

Luego de un par de años, hastiado de la paz que reinaba en la familia de los hermanos en cuestión, el ángel malvado envenenó las almas del hermano soltero y la cuñada, llevándolos a traicionar al esposo enamorado. Amantes se volvieron hasta el día que fueron sorprendidos en el pecado. Cual si fueran animales rabiosos, se trenzaron en cruenta batalla hasta que ambos sacaron sus pistolas y se dispararon cayendo muertos al instante.

Hoy, después de varios años, una madre sigue llorando por tal tragedia, mientras una viuda está felizmente casada, formando una familia.



viernes, 18 de marzo de 2022

DESVANECIDO CUAL SUSPIRO



          Con una sonrisa burlona dibujada en su rostro, miró a lo lejos el gran monumento. Le parecía que los halagos para tal obra de arte eran exagerados. Llegó hasta ella y la observó con detenimiento mientras escuchaba al guía relatar la historia de su construcción y culto. La sonrisa del hombre era verdaderamente molesta, pero nadie le prestaba atención. 
     -Me parece que la historia de esta figura ha sido adornada para parecer interesante. -Dijo dirigiéndose al guía turístico.
El hombre siguió con su relato, haciendo caso omiso al comentario. 
Más tarde, cuando todos comenzaron a alejarse, el hombre decidió quedarse un poco más. Se acercó al monumento y de pronto no pudo dar más pasos. La esfinge congeló a aquél de sonrisa sardónica, quien con el calor intenso, propio del desierto, se desvaneció como un suspiro, quedando perdido y olvidado en las arenas de la Meseta de Guiza.

sábado, 5 de marzo de 2022

PÁNICO EN EL ASILO




          El Asilo Oscuro, conocido así por las negras historias que se contaban de lo que le sucedía a los internos, siempre daba de qué hablar. Una mañana llegó un nuevo huésped, que no se despegaba nunca de un costal. Al poco tiempo, los gemidos de una mujer se escucharon en la noche. Cuando los enfermeros fueron a ver qué sucedía, la encontraron con el rostro ensangrentado y llorando de dolor. Cuando el director del lugar fue a verla, la mujer abrió desmesuradamente los ojos y comenzó a sollozar.

     -Tranquila -le dijo el director. -No volverá a sucederte nada malo. Te cuidaremos.

A las pocas noches volvió a suceder lo mismo, pero ahora con un hombre. Los internos comenzaron a preocuparse. Temerosos comentaban los hechos. No tenían idea de quien pudiera estar causando daño. Mientras hablaban sobre ello, el interno recien llegado pasó por ahí y todos lo miraron con desconfianza.

     -¡Ey! ¿Qué llevas en ese costal? -lo cuestionó un compañero.
El hombre sujetó con fuerza su morral y siguió su camino. Quien lo cuestionó fue tras él gritando improperios. Por la mañana, amaneció sin lengua.

El rumor se regó como pólvora provocando en los residentes pánico por el hombre de la bolsa. Nadie se atrevía a mirarlo siquiera, pues todo aquél que lo molestaba de cualquier manera, se quedaba sin lengua.

Mientras en el lugar todos estaban atemorizados, el director del asilo sonreía mientras saboreaba un delicioso guisado de lengua.



viernes, 7 de enero de 2022

LA ATREVIDA




          Todas las noches invocaba a los malos espíritus en un cuarto oscuro, iluminado únicamente por la luz de las velas negras y rojas que formaban un triángulo en medio del lugar. Mientras rociaba el suelo con sal negra, murmuraba rezos satánicos. Luego, con un cuchillo, cortaba el cuello de algún ave, ya fuera gallina o pájaro y con la sangre bañaba una calavera que estaba en el centro de la figura formada con las velas. Con esto, el sitio se llenaba de sombras que acariciaban lascivamente su cuerpo y se escuchaban voces tenebrosas que mencionaban su nombre. 

Una noche, mientras hacía su ritual diario, invocó directamente a Luzbel.
     
     -¡Luzbel, es a ti a quien deseo esta noche!

La habitación permaneció en calma y en silencio igual que al principio.

     -¡Luzbel! ¿Acaso soy mucha mujer para ti?- Siguió sin obtener respuesta alguna. Entonces se desnudó y acariciándose insistió.  -¿A qué le temes, maldito Luzbel? ¡Cobarde!

Una fuerte corriente de aire helado entró por la ventana apagando las velas. El cielo comenzó a tronar y a relampaguear. La mujer se quedó quieta por unos minutos, tratando de descubrir al demonio en la oscuridad. De pronto, las velas volvieron a encenderse por sí mismas, mostrándole que solo estaba ella.

     -¡Te he perdido el respeto, Luzbel! ¡No eres más que una mentira!- Gritó furiosa.

Terriblemente molesta se dirigió a sus aposentos y se acostó. Más tarde escuchó pasos dentro de la recámara.  Se enderezó y lo vio. Los cuernos retorcidos que adornaban su cabeza le parecieron hermosos y con una sonrisa sensual lo esperó impaciente. Cuando estuvo sobre ella, la cuestionó.

     -¿Quién te crees que eres para llamarme cobarde?- Le dijo mientras enredaba su cola alrededor del cuello femenino. -¿Crees que por llamarme para complacerte, he de venir?

Desesperada, la mujer trataba de zafarse de aquella cola que la asfixiaba poco a poco.

     -¡Te excediste en tu atrevimiento!- Dijo mordiéndole la lengua mientras la jalaba con fuerza hacia afuera de su boca.

Los ojos de la atrevida se abrían desmesuradamente, pareciendo que en cualquier momento se saldrían de su lugar, hasta que empezaron a sangrar. Toda la noche sufrió castigos horribles e inimaginables hasta morir en brazos de Luzbel.

Por la mañana fue hallada muerta en su cama misteriosamente. El rostro mostraba terror, pero solo Dios y Luzbel sabían lo que verdaderamente pasó.





miércoles, 5 de enero de 2022

UN PASEO MUY EXTRAÑO




          El ruido inconfundible de la máquina de escribir se escuchaba al final del pasillo. Las teclas golpeando el papel llevaban un ritmo impresionante, a veces interrumpido por segundos. El hombre que escribía estaba inspirado y las ideas le llegaban de golpe, lo cual estaba aprovechando aquella madrugada.

La idea que desarrollaba estaba basada en un paseo extraño que acababa de tener. Una amiga lo invitó a conocer una ciudad antigua que no estaba muy lejos. Recorrieron las solitarias calles, cruzándose con un zorro que atento los miraba y no les despegó la vista hasta que doblaron en una esquina. Ahí se encontraron con una calle que tenía como techo una gran cantidad de sombrillas coloridas y el suelo estaba tapizada por piedras de colores.

Las sombrillas eran ángeles y las piedras, excepto las blancas, eran pecados. Había que caminar con mucho cuidado porque según las piedras que se pisaran, eran los pecados que se cometerían durante el día. Se decía que de una u otra forma, se cumplían dichos pecados y los ángeles, buenos o malos, intervendrían.

Cuidadosamente caminaron y entonces el coyote apareció nuevamente, aullando detrás de ellos y haciéndolos dar un gran brinco. El hombre pisó la piedra naranja, la de la gula. Luego, tratando de dar un salto para pisar la blanca, cayó en la amarilla, la ira. Y por último, pisó la roja, de la lujuria.

Horas más tarde fueron a comer a un bonito restaurante. Comieron, saciaron su hambre, pero él, aunque estaba lleno, siguió comiendo pues la comida era deliciosa, no se detuvo hasta que un ángel bueno descendió hasta él y lo hizo recobrar la razón. El pobre hombre se sentía muy mal del estómago, a punto de vomitar y el ángel bondadoso le sopló en la cara haciéndolo sentir mucho mejor y aliviándolo rápidamente.

Luego, mientras descansaban en un banco de un parque, comenzó a ver a su amiga de manera diferente. No podía despegar la mirada de sus senos que se abultaban bajo la blusa. Una inquietante sensación lo invadió dando paso a la lujuria. La tomó entre sus brazos y comenzó a besarla con obscenidad. Ella trataba de apartarlo sin lograrlo hasta que otro ángel descendió y le habló al oído, haciéndole ver que estaba cometiendo un error.

Luego de que se hubo disculpado con su amiga, emprendieron el regreso y cuando llegaron hasta su coche se encontraron con que un muchacho estaba pintando figuras en las ventanas de su vehículo. La furia se apoderó de él y comenzó a golpearlo con todas sus fuerzas. Un ángel malvado descendió y lo animó a seguir con el cruel castigo hasta que lo mató a golpes.

Más tarde se percató de que había llevado el cadáver del chico hasta el bosque y una vez ahí le prendió fuego. Cuando solo quedaron cenizas, recogió un poco de ellas y las depositó en una pequeña maceta donde tenía un bonsai.

Mientras escribía su relato, trataba de recordar de dónde había sacado el arbolito y aunque no lograba recordar, seguía dando forma a su historia en la vieja máquina de escribir.

martes, 28 de diciembre de 2021

RUFUS Y LOS SUÁREZ



          El cielo empezaba a teñirse de colores oscuros y Rufus, la mascota del matrimonio Suárez empezaba a inquietarse. Sus dueños siempre llegaban cuando aún estaba soleado pero en esta ocasión estaban tardando mucho más de lo habitual. El perro empezó a correr alrededor del jardín trasero y a ladrar con cualquier ruido que escuchaba, acercándose a la puerta creyendo que sus dueños estaban llegando. Cuando la noche se instaló por completo, Rufus se echó junto a la puerta de la cocina y esperó toda la noche. Era la primera vez que dormía afuera y la pasó llorando bajo el sereno nocturno.

El nuevo día llegó y los Suárez seguían sin aparecer. Pasaron varios días y Rufus se quedó sin comida ni agua. No sabía que sus amos habían muerto en un accidente y, como no tenían familia alguna, fueron enterrados en la fosa común. Nadie fue a la casa, así que el perro, al estar encerrado en el patio, comenzó a debilitarse por falta de alimento y por la tristeza de sentirse abandonado hasta que un día, ya no se levantó del lugar donde se acostaba a diario.i

El césped y los rosales comenzaron a crecer mucho pero el espacio que Rufus ocupaba solo fue rodeado por los rosales. Poco a poco, el cuerpo del can fue vestido por las flores hasta formar un hermoso cuerpo floral que despedía un aroma exquisito para la buena suerte de los vecinos. Las rosas eran de colores brillantes y nunca se opacaban, hasta que un día ocurrió una desgracia.

Debido a un descuido, la casa de los vecinos se incendió una madrugada. El fuego se propagó rápidamente extendiendo las llamas hacia la casa abandonada donde se encontraba Rufus, poniendo en peligro dicha propiedad. El calor comenzó a afectar al césped y a los rosales. Las flores que cubrían al animal comenzaron a marchitarse. Todo indicaba que siniestro acabaría con todo. Sin embargo, la ciudad amaneció bajo una lluvia suave y continua, mojando todo lo que estaba a la interperie y acabando con el fuego.

Dice la gente que mientras llovía, se escuchaban las voces de los señores Suárez llamando a su perro Rufus y algunas personas dicen que los vieron descendiendo entre las gotas hasta el cuerpo floral y que lo abrazaron y acariciaron como lo hacían con su mascota. Desde ese día, los vecinos tienen la creencia de que los Suárez protegen a Rufus y su vestido de flores con sus lágrimas, haciendo con éstas una lluvia que mantiene hermoso el montículo floral y protegiendo a su vez, al vecindario de una sequía.