miércoles, 15 de septiembre de 2021

ASESINO EN SERIE

 


          Cuando el conserje llegó al mercado, a las cinco de la mañana, encontró una cuerda ensangrentada amarrada al portón que iba a abrir para entrar a hacer el aseo. La cogió y la llevó al basurero pensando que alguien había matado a algún animal con ella. Sin darle más importancia al asunto, empezó con sus labores cotidianas. En un par de horas el mercado abrió sus puertas a la clientela y éste cobró vida un día más. Los gritos de los vendedores y el bullicio de la gente que iba y venía, ambientaban el lugar. Uno de los locales no se abrió ese día, causando asombro entre todos los comerciantes, pues don Tobías siempre, de lunes a domingo, tenía abierto su negocio. Al día siguiente tampoco fue y a media mañana, se supo que lo habían asesinado. Al parecer, lo azotaron varias veces con una cuerda, haciéndolo sangrar mucho y luego, con la mis a cuerda, lo ahorcaron. El conserje, al enterarse de tan terrible noticia, se presentó en la estación de policía y les dijo que el día anterior encontró una cuerda ensangrentada y todo lo que sucedió. Los policías fueron al mercado y encontraron la cuerda que aún estaba en el basurero. Después de un interrogatorio, desecharon al conserje como sospechoso.


          Días después, al llegar a su salón de belleza, Rita encontró una cuerda ensangrentada colgando del candado que estaba en la puerta del local. Como ya se había corrido la voz de lo que le pasó a don Tobías, la mujer decidió no tocar nada y llamó a la policía. Cuando éstos llegaron, ya estaba ahí dos de las estilistas que trabajaban con Rita. Solo faltaba Daniela. Los policías se mostraron preocupados y le pidieron a la dueña del salón que se comunicara con ella, para saber por qué no había ido a trabajar. La hermana de Daniela atendió la llamada y le dijo que ella y sus padres estaban muy preocupados porque Daniela no había llegado a dormir. Rápidamente, la policía emitió una orden de búsqueda para la chica, a quien más tarde encontraron en el kiosko de la plaza en las mismas condiciones.


          El pueblo entero estaba consternado. Nunca había sucedido nada igual. Eran un pueblo pequeño, muy tranquilo y ahora todos estaban temerosos de que algo malo les sucediera. La gente empezó a andar acompañada unas recogían temprano. Entonces, una mañana, cuando el director y otros maestros llegaron a la escuela primaria, encontraron una cuerda amarrada en la reja. Ésta ocasión hicieron un moño con ella. Completamente alarmados, avisaron a las autoridades. Los detectives les pidieron a los maestros que pasaran lista y les notificaran si había faltado un niño. En poco rato, se supo que faltaron once niños. Los detectives fueron a las casas de los niños que ausentes, corroborando satisfactoriamente que salgo algún catarro o alguna flojera, todos estaban bien. En el auto se preguntaban qué estaba pasando. En esta ocasión cambiaba el asunto, pues no habían matado a nadie de la escuela. En eso estaban, cuando recibieron la llamada del director de la escuela. La secretaria no se había presentado. Pronto hallaron su cuerpo maltratado en la mis a forma que los otros dos, cerca del lago. Estaban ante un caso de un asesino en serie. Solo faltaba encontrar la secuencia entre el sedo de sus víctimas. Primero fue un hombre, luego una mujer, después otra mujer. ¿Qué seguiría?


          Por las noches, las calles del pueblo, antes muy alegre y con vida nocturna, estaban vacías. El miedo habitaba en cada uno de los habitantes. Pasaron algunos días de calma, en los que nada malo sucedió y llegó el domingo. La gente fue a misa muy temprano para pedir por qué todo lo malo se fuera y regresara la paz al lugar. Mientras el padre daba su sermón, una cuerda, igual de ensangrentada que las anteriores, cayó desde arriba, a un lado del sacerdote. La gente comenzó a gritar asustada y muchos salieron corriendo de ahí. Otros subieron para tratar de atrapar a quien hubiera hecho tal cosa, sn lograr encontrar a nadie. Con las averiguaciones policíacas, se encontró el cuerpo de un miembro del coro, en las afueras del pueblo.


          Pasaron muchos meses en los que los mismos actos ocurrieron pero no lograban dse con el asesino. La gente no hallaba la paz pues vivían atemorizados.


          Un día, Román, un niño de unos ocho años, jugaba con una pelota. La pateaba y la seguía hasta donde había llegado ésta. Estaba tan distraído en su juego, que no se dio cuenta que se alejaba de su casa. Siguió pateando y caminando hasta que llegó a una cabaña cerca del lago. Miró que la puerta estaba abierta y, olvidándose de su pelota, entró en la cabaña. Vio a un hombre de espaldas enrollando una cuerda que luego colgó en una pared. Y entonces vió la mesa llena de muchas cuerdas. Comprendiendo que ese hombre era el asesino, dio un pasó atrás golpeando un mueble y alertando al señor. Éste volteó y le sonrió.


          Por la mañana, al salir de su casa para barrer la calle, la mamá del niño lanzó un grito al ver una cuerda en su puerta. Rápidamente entró a revisar que sus hijos estuvieran bien, encontrando al pequeño Román muerto en su cama. Todo estaba fuera de control. Durante el velorio, la madre lloraba desconsolada por su pequeño hijo y entre los asistentes estaba el hombre que Román descubrió en la cabaña. Era el pescador que surtía a las pescaderías del lugar, un hombre al que todos conocían por ser muy bueno y devoto y al que nadie le notó el extraño brillo de sus ojos y la sonrisa tétrica que su boca esbozaba.


martes, 14 de septiembre de 2021

MÁS ALLÁ DE UNA AVENTURA - CAPÍTULO I - EL MARROQUÍ

 


Bella estaba dando las últimas indicaciones a sus alumnos de prekinder cuando sonó la campana que anunciaba que era la hora de salida. A sus treinta y nueve años tenía varios años trabajando como maestra. Adoraba a los niños y su pasión era trabajar con ellos. Los niños también la querían mucho. Era una mujer muy sencilla y cariñosa y se le facilitaba enormemente enseñar a los chiquillos. Todos los niños se formaban para despedirse de su maestra dándole un beso en la mejilla. Cuando por fin quedó sola, fue a ordenar su escritorio y antes de apagar el ordenador, buscó un video de música árabe que le gustaba mucho. No entendía una sola palabra en ese idioma, pero un día lo encontró en una página de internet y le gustó mucho la música, la voz del artista, y sobre todo, le gustó mucho el artista. Le encantaba ver ese video y se recreaba la pupila viendo a ese hombre tan guapo cantando con mucho sentimiento. Bella suspiraba a pesar de que no tenía idea de qué se trataba la canción, pero estaba segura de que era una de amor, lo podía percibir.


Más tarde iba conduciendo hacia la escuela de sus hijos. Tenía tres hijos, dos varoncitos y una mujercita que eran su adoración. Una vez que los recogió, se dirigieron a su casa. Ahí, Bella se convertía en ama de casa. Cocinaba y limpiaba la cocina. Era muy rápida y organizada en sus labores domésticas. Cuando Adolfo llegaba del trabajo encontraba todo listo para comer en familia. La hora de la comida era la favorita de Bella, porque mientras comían, todos platicaban lo que les había sucedido durante el día. Sus hijos eran muy desenvueltos y siempre tenían algo interesante que platicar. Adolfo también platicaba mucho. Eran una familia muy unida en la que siempre reinaba el amor y el respeto entre todos ellos. Se habían conocido en una fiesta. Los había presentado una amiga en común. A partir de ese día, comenzaron a salir hasta hacerse novios y después de un año, se casaron. Tenían varios años de casados y su matrimonio era lo más cercano a lo perfecto. Tenían problemas y discusiones como cualquier matrimonio, pero siempre los arreglaban de buena manera.


Por la noche, él estaba acostado leyendo el periódico mientras Bella se sentaba frente al ordenador que ambos tenían en su dormitorio.
-¿Vas a ver de nuevo ese video?- le preguntó, sin despegar la vista del periódico.
-Ya sabes que si no lo veo, no me duermo a gusto- respondió soltando la carcajada. -No sé porqué, pero este hombre me hace suspirar- dijo ella mientras abría el video.
-¿No te has puesto a pensar que puede ser una canción con majaderías en árabe?- le dijo él mientras ponía el periódico en el buró. -Cabe la posibilidad.
-¡Por supuesto que no!- exclamó ella. -Fíjate en el sentimiento que pone este hombre al cantar. Lo escucho y luego voy contigo.
Adolfo sonrió mientras escuchaban la canción. Le gustaba mucho ver la cara de Bella, embelesada viendo a ese artista árabe. En realidad, a él también le gustaba la canción. «Cuando menos la música es bonita» pensó.
Cuando terminó el video, Bella apagó la computadora y se fue a acostar junto a Adolfo. Él la abrazó y besó.
-Creo que estoy celoso- le dijo.
-No tienes porqué. Él me gusta solamente. En cambio tú, me gustas y además te quiero- le dijo viéndolo a los ojos.
-¿Sabes que me encantan tus ojos? Ese color verde me vuelve loco- dijo Adolfo mientras le acariciaba el cabello besándola en la boca.


El matrimonio de Adolfo y Bella iba por muy buen camino. Estaban mejor que en un principio. Los dos estaban muy enamorados todavía. Bella decía que no necesitaba nada más. Su esposo era muy cariñoso con ella y con los niños. Era muy hogareño. Los llevaba a pasear y siempre los hacía reír. Trabajaba mucho para darles todo, aunque a veces él tenía que salir de la ciudad por una o dos semanas.


Una tarde no tuvo tiempo de ver el video de su artista árabe, porque tenía muchas cosas qué hacer. Al día siguiente, muy temprano por la mañana, Adolfo salía para Fort Worth, en Texas y Bella lo llevaría al aeropuerto.
-¿Estás seguro que no quieres llevarte más ropa?- le preguntó, mientras ordenaba la maleta.

-Con eso está bien, amor. Sólo voy a estar cinco días allá- respondió abrazándola por detrás y besándole el cuello.
-Todavía no me acostumbro a estas salidas tuyas.
-Yo lo sé, amor. Pero regreso pronto. Yo también te extraño mucho.


Muy temprano, en la terminal aérea, se despedían entre arrumacos.
-Te portas bien, mi amor- le decía Bella mientras lo abrazaba y besaba en el aeropuerto.

-Claro, cariño. Vas a estar en mi mente todos estos días. Voy a tener tus ojos siempre en mi memoria. Cuida mucho a los niños, por favor.
Cómo era sábado y muy de mañana, los niños se quedaron en casa al cuidado de Irene, la niñera que los cuidaba cuando la necesitaban. Cuando por fin Adolfo se fue hacia la sala de abordar, ella se retiró pensativa. Estaba abriendo la puerta de su coche, cuando notó que alguien se acercaba.


-Hola, ¿conoces dónde pueda ser a comer allá cerca?
-¿Cómo?- respondió sonriendo.
-Bien. ¿Tú decir a mí un lugar yo ser comer?- insistió el muchacho.
-¿Buscas un lugar en dónde comer? ¿Un restaurante?
-¡Sí! Perdón, pero mío español no muy bueno- dijo el muchacho avergonzado.
-No te preocupes. Sí, conozco un lugar, pero está un poco retirado. Tienes que seguir esta calle hasta llegar al primer semáforo y...- Bella notó que el muchacho no entendía y comenzó a darle las indicaciones en inglés.
-No conozco inglés- dijo él. -Hablar un poco mejor el español.
Bella sonrió y comenzó a decirle otra vez cómo llegar a un restaurante. Esta vez lo hizo muy despacio en español, para que él pudiera comprenderla. El sólo movía la cabeza negativamente y sonreía con un gesto de frustación en su cara.
-¡Ay! me da pena no poder ayudarte. ¿Qué idioma hablas?
-Árabe. Pero creo yo sí haber una forma en tú me ayudar.
-Dime, entonces- lo animó ella.
-¿Puedes tú ir delante nosotros? Él y yo seguir tu coche a llegar a restaurante.
-¿Vienes con un amigo?- volteó ella hacia todos lados.
-Es primo de mí. Es en ese carro negro. ¿Ves lo?
Bella lo alcanzó a ver, y asintió. Poniendo las manos sobre su cintura, bajó la cabeza pensativa y suspiró. Iba a negarse cuando, al verlo a la cara, el muchacho le guiñó un ojo y a modo de súplica le dijo:
-¡Por favor! Mucha hambre y no conocer nadie allá.
Bella soltó la carcajada. Le causaba mucha gracia la forma en que él hablaba.
-Está bien. Los guiaré hasta allá.


Se orilló al legar al restaurante y ellos hicieron lo mismo detrás de ella. Descendieron del vehículo y fueron hacia ella.
-Bueno, aquí es un lugar bonito y no muy caro- les dijo sonriendo, al bajar la ventanilla.
-Pero, ¿cómo? ¿No seas con nosotros a comer?
-No, gracias. Tengo que irme.
-Por favor, acompáñanos. Tenemos nosotros que pagarte el favor.
-¡Oh! no, por favor. No es nada- respondió sn dejar de reir.
-Si tú no comer con nosotros, nosotros estar con pena. Por favor.
Bella tomó aire, se retiró unos cabellos de la cara mientras pensaba: «¿Porqué no? Tengo hambre y este muchacho está muy guapo. No pasa nada por darme un gustito inocente.»


Mientras desayunaban, platicaban animadamente. A pesar de que no dominaban el español, casi todo lo entendían. Y hacían grandes esfuerzos por darse a entender.
-Me llamo Yassine, y él es mi primo Salim- dijo el muchacho.
-Yo soy Bella.
-Bella- repitió él. -Bella es nombre hermoso- dijo él, y un poco entre dientes: -Igual que tú.
Ella fingió no escucharlo.
-¿Son árabes?- preguntó intrigada.
-Marroquíes ¿Molestar tú?
-¿Por qué ha de molestarme? No soy racista- sonrió. -¿Viven en Marruecos?
-Así es. Hemos venido de vacaciones.
-¡Qué bien! ¿Ya habían venido antes?
-No a Miami. Hemos ido a Denver y a Los Ángeles. Ésta es la tercera vez que venimos.
-¿Les gusta viajar?
-A mí me encanta conocer lugares nuevos- dijo Yassine.
Bella no dejaba de mirarlo, aunque discretamente. Lo encontraba muy joven y muy conversador. Él era muy alto, delgado, de tez morena y ojos y cabello muy negros. Le gustaba su cabello; era abundante y muy cortito. Se veía muy varonil.
-Tienes unos ojos hermosos- le soltó él, de repente. -¿Lo sabías?
-Gracias- respondió bajando la cabeza.
-¡Oh! No debes avergonzarte por eso. Solo digo la verdad. Es un verde precioso el de tus ojos.
-Eso dicen- respondió ella.
-¿Eres casada?
-Divorciada- Se sorprendió ella misma por su propia respuesta.
-¿Tienes hijos?
-Tres- respondió orgullosa.


-Me da gusto haberlos podido ayudar pero ahora tengo que irme- les dijo después de conversar un largo rato. No quería despedirse de él.
-No me hagas esto, mi Bella- dijo Yassine, mientras la miraba a los ojos. Ella sentía que el negro de sus ojos la envolvía por completo y sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.
-Tengo que irme. Mis hijos me esperan en casa.
-¿No hay forma de que te comuniques con ellos?
-Sí, pero no puedo quedarme más tiempo. En serio. Además... creí que no sabías hablar español- le dijo mirándolo frunciendo el ceño.
-Bueno, si he de ser sincero, sí lo hablo bien. Pero tenía que ingeniármelas para logar que almorzaras conmigo. ¡Con nosotros!- corrigió sonriendo.


De regreso a casa, sonó su celular. Era Adolfo. Le avisaba que ya había llegado a Fort Worth. Bella le dijo que apenas iba de regreso, pues le había dado mucha hambre y decidió ir a almorzar algo. Cuando terminaron de hablar, se lamentó haberle dicho esa mentira.
«Debí haberle dicho la verdad. O mejor aún, no debí haber aceptado almorzar con estos muchachos. Y sobre todo, no debí darle mi número telefónico. He cometido error tras error» pensó mientras se aferraba al volante del auto.


Por la tarde salió con sus hijos a caminar por un rato. Fueron a Kidsville, un parque en el cual había una réplica de un fuerte. Ahí podían jugar, brincar, correr y gritar. Bella era muy activa y corría con sus hijos. Se subía a todo lo que podía, se lanzaba de todos lados. Pasaron una tarde muy bonita. Una vez que empezaba a oscurecer, fueron a comprar helados y volvieron a casa.
-¿Qué estás haciendo, amor?- le preguntó Adolfo más tarde, del otro lado de la línea.
-Ya voy a acostarme. Los niños ya duermen. Jugamos mucho toda la tarde, y creo que estamos cansados los cuatro- soltó la carcajada. -¿Qué tal te fue a ti?
-Bien, gracias. Empezamos bien. A ver cómo transcurren estos días.
Después de un rato se despidieron. Bella fue al ordenador y puso su video favorito. Mientras lo veía, nuevamente sonó su celular. Como no reconoció el número, no contestó. Instantes después volvió a sonar.
«¿Quién puede ser? ¡Oh no! ¿Será este muchacho?» recordó a Yassine. Rápidamente contestó, antes de que se perdiera la llamada.
-¿Bueno?- la voz le temblaba.
-Hola, mi Bella.
-Hola, ¿cómo estás?
-Pensando en ti.
Bella sólo rió. No podía hablar muy bien. Sentía que le faltaba el aire.
-¿Qué haces?- preguntó él.
-Nada. Ya me iba a acostar. Tengo un poco de sueño. ¿Y tú?- Se sentía ridícula. No encontraba un tema de conversación.
-Estoy viendo la luna. ¿Sabes que la luna es lo que más me gusta del cielo?
-Qué bien.
-¿Ya la viste?
-No.
-Asómate por tu ventana. Véla. Está preciosa.
Bella fue hacia su ventana y la vió. Sí, estaba preciosa. Era luna llena. Nunca le había puesto atención. «De verdad que es hermosa» pensó.
-¿La ves?- insistió él.
-Sí, es preciosa. La luz que emana de ella transmite mucha paz.
-Después de hoy, ya no me parece lo más bello de esta tierra- dijo Yassine.
-¡Oh!- Bella se quedó sin respiración.
-¿Sabes por qué?
-No.
-Porque ahora tú eres lo más hermoso que mis ojos han visto.
Bella no podía creer lo que estaba escuchando. Empezó a ponerse muy nerviosa y optó por terminar con aquéllo.
-Yassine, me da mucho gusto que estés bien. Pero ahora tengo que ir a dormir.
-Lo entiendo, mi Bella. Que tengas dulces sueños.


Después de dejar a sus hijos en la escuela, Bella iba conduciendo hacia la escuela en la que trabajaba. Iba pensando en Yassine. Toda la noche había pensado en él. Nunca le habían gustado los hombres menores que ella, pero él era diferente. Todo en él era diferente. No sabía su edad, pero sí sabía que era menor que ella. A pesar de eso, desde que lo vió se sintió atraída por él. Era muy alto, tal y como a ella siempre le gustaron los hombres. Tenía un cuerpo delgado, bien formado; su espalda era ancha. También le gustaba el corte de cabello que llevaba. Muy corto, muy varonil. Y el negro de sus ojos era tan profundo, que la hacía sentirse en medio de su mirada.
«Por favor, deja de pensar en él» se dijo, mientras se soplaba un mechón de cabello que caía sobre su ojo derecho. «¿Qué edad tendrá? Es muy atractivo y me gusta su conversación».
En eso sonó su celular y descubrió que era el mismo número de la noche anterior.
-Hola- respondió sumamente nerviosa. -Creo que te llamé con el pensamiento- dijo soltando una ligera carcajada.
-Hola, mi Bella- respondió él. -¿Pensabas en mí?
-Bueno, me estaba acordando de tí. Es decir, de cómo fingías hablar mal el español- corrigió rápidamente.
-Por lo menos me estabas dedicando un pensamiento, mi Bella. Yo también he pensado en tí, pero no sólo ahorita, sino toda la noche.
-¡Oh!- solo atinó a decir.
-¿Cuándo volveré a ver esos hermosos ojos verdes?- le preguntó con un dejo de ruego.
-No sé. Tengo mucho trabajo, y...
-No me digas eso, mi Bella- la interrumpió él. -¿Qué te parece si desayunamos juntos hoy? Por favor- suplicó él.
-No me es posible. Justamente estoy llegando a mi trabajo.
-¿Qué tal si comemos? Te lo ruego. Necesito verte.
Bella sentía su corazón latir agitadamete. Un muchacho joven y guapo le estaba rogando salir con él. Ella también estaba deseando volver a verlo, pero le daba miedo. No podía permitirse un juego absurdo que la podría comprometer en una situación peligrosa. Demasiado peligrosa, debido a la fuerte atracción entre ellos dos.
-No sé- dudó ella.
-¿A qué hora sales de tu trabajo? Te doy hasta entonces para que lo pienses. Y te vuelvo a llamar, ¿te parece?
-Está bien. Llámame a las cuatro de la tarde.


El día transcurrió como cualquier otro. Ella era feliz trabajando con niños. Le causaba gran satisfacción enseñar a los chiquillos a escribir, a leer, a colorear. También le gustaba mucho hacerlos pensar, razonar... defender sus ideas. A pesar de que estuvo muy ocupada con sus clases, no dejaba de pensar en Yassine. De pronto, decidió en aceptar su invitación a comer. Después de todo, no hacía ningún mal a nadie. Dejaría a sus hijos al cuidado de Irene. Le pediría que los recogiera de la escuela y los llevara a casa. Ahí estaría ella hasta que Bella regresara. Le diría que tenía una junta de profesores.


Mientras más se acercaba la hora en que Yassine le hablaría, Bella sentía un cosquilleo en la boca del estómago debido a los nervios que tenía. Se sentía como una adolescente, en espera de la llamada de su primer novio.
-Hola, mi Bella. ¿Qué has decidido?- escuchó del otro lado de la línea.
-¿Dónde nos vemos?- sólo atinó a responder eso.
Mientras él le daba la dirección del restaurante en el que la esperaría, ella podía imaginar sus ojos negros viéndola fijamente. Una vez que colgó el teléfono, terminó de organizar su salón para retirarse de allí. Antes de dejar la escuela, pasó al baño a acomodarse el cabello. Ya no su coche, mientras se dirigía al lugar de la cita, llamó a Irene para estar segura de que no había olvidado ir por los niños.
-No te preocupes- le dijo. -Van a estar bien. Atiende tus asuntos con calma.


Cuando Yassine vio que Bella iba acercándose hacia su mesa, no pudo evitar esbozar una sonrisa de satisfacción. La encontraba simplemente hermosa con ese vestido blanco, con flores rosas estampadas, holgado y de suaves líneas. Con un ligero escote y los brazos al descubierto lucía muy sexy. El cinturón marcaba su cintura dejando adivinar unas caderas bien formadas. Bajó la mirada y admiró las piernas bien torneadas; una de ellas adornada con una pulsera dorada en el tobillo. Por último, vió las uñas de los pies pintadas de color rosa que salían de las sandalias de piel. Una vez que ella estuvo frente a él, le extendió la mano a modo de saludo.
-¿Llego tarde?- preguntó todavía nerviosa.
-Llegas puntual, mi Bella- respondió llevándose la mano de ella a la boca y besándola suavemente. -No creí que pudieras ser más bella de lo que te recordaba.
-Eres muy amable. ¿Y tu primo?- fue lo primero que se le ocurrió decir, para cambiar el tema.
-Fue a pasear con unas amistades.
Después de ordenar la comida, siguieron hablando. Bella descubrió que estaba pasando un rato muy agradable con él. Hablaba de cualquier tema con facilidad, y sobre todo, nunca dejaba de adularla, sin caer en el hostigamiento. Yassine tenía buenos modales y era un hombre educado.
-Me vas a perdonar, mi Bella, pero no puedo evitar hacerte esta pregunta. ¿Cómo es posible que no tengas esposo o novio? ¿Acaso están ciegos los hombres de Miami?- le dijo mientras la veía como él solía hacerlo; directamente a los ojos.
-Bueno... así es la vida. Pero prefiero hablar de otras cosas- respondió bajando la mirada.
-Platícame de tus hijos, entonces. ¿Qué edades tienen? ¿Se parecen a tí? ¿Qué les gusta hacer?
Bella le dijo toda la verdad sobre sus hijos. No mintió en decir que eran su adoración y que eran unos niños muy inteligentes. Le platicó que los dos varones estaban en un equipo de béisbol y la nena en uno de baloncesto.
-Se nota que estás orgullosa de ellos.
-Por supuesto. Pero dime tú- continuó ella tratando de verlo a los ojos, aunqu era tanta la fuerza que los ojos de ese hombre transmitían, que ella desviaba la mirada. -¿Eres casado? ¿Tienes hijos? ¿A qué te dedicas?- preguntó sonriéndole.
-Solamente porque me has sonreído de esa forma, voy a responder a todas tus preguntas- dijo sonriendo él también, y acomodándose en el respaldo de la silla, continuó. -Soy soltero, no tengo hijos, y soy ingeniero civil- No dejaba de verla entrecerrando un poco los ojos. -Cuéntame más de ti, por favor. Necesito saber todo de ti, mi Bella.
-¿Vives con tu primo?- insistió ella en que la conversación girara en torno a él.
-No, mi alma. Vivo con un hermano y una hermana. Casados los dos.
-¿Vives con tus hermanos casados?- preguntó ella sorprendida.
-Así es, mi Bella. La casa era de mis padres ya fallecidos y nos la heredaron a mí y a mis tres hermanos. Cuando Hayat, la menor de todos se casó, se fue a vivir con su esposo. Mohamed, el mayor, trajo a su esposa a vivir a nuestra casa. En cuanto a Fátima, ella sólo tiene un año de casada y trajo a su esposo también, a vivir donde nosotros.
Bella debía tener una cara de sorpresa, porque Yassine sonrió hasta llegar a soltar una pequeña carcajada.
-¿Te sorprende que a mi edad viva con mis hermanos? La casa es grande y los cuartos son separados. Para ir a un cuarto tienes que salir a un patio. Nuestras casas no son como las de acá. Y lo más importante, es que la familia está unida.
-En eso tienes mucha razón- aceptó Bella. -Acá hay mucha soledad debido a que las familias siempre están separadas- dijo suspirando. -En mi caso estamos separados físicamente; pero muy unidos espiritualmente.
-Eso es lo importante- dijo él. -¿Qué te parece si vamos a caminar un rato a la playa?
-Oh, no. Creo que ya debo irme- respondió ella, mirando su reloj.
-Vamos, no es tan tarde. Una hora de caminata, ¿te parece? No es mucho lo que te pido.
-Está bien. Sólo una hora- No sabía por qué, pero le era muy difícil separarse de él.


Con las sandalias en una mano, Bella disfrutaba sintiendo la tibieza de la arena en sus pies. Yassine también llevaba los zapatos en una de sus manos y se había arremangado los pantalones para no ensuciarlos de arena. Era tan agradable sentir la brisa del mar sobre su cara. Él no dejaba de verla mientras caminaban. Le gustaba ver cómo su cabello se movía con el viento que soplaba. También le gustaba cómo sonreía. Tenía los dientes muy parejos y muy blancos. Su boca era pequeña pero bien delineada. Era una mujer bella, sin duda.
-Quiero verte todos los días que me quedan por acá, mi alma. ¿Será posible?- preguntó mientras se detenían un momento.
-No sé. Siempre estoy ocupada. Sinceramente, hoy dejé de hacer cosas para poder verte- respondió mirando hacia el infinito del mar.
-¿Y no podrías dejar de hacer cosas, para poder verme otra vez?- le dijo tomándola de la mano que tenía vacía.
Ella volteó a verlo y regresó la mirada hacia el mar. Respiró profundamente, con la sensación de estarse ahogando con mucho aire.
-Esta ocasión dejé de hacerlas, porque así lo quise, pero...
-¿No vas a quererlo nuevamente?- la interrumpió él.
-Sí, sí quiero verte otra vez- respondió sin dejar de ver el mar. -Siempre me ha gustado ver cómo se juntan el cielo y el mar- soltó sin más, mientras suspiraba profundamente otra vez.
-¿Has estado en la playa de noche?
-Nunca.
-Quedémonos hasta que anochezca. Te va a encantar ver esto de noche- le dijo mientras apretaba su mano que aún no había soltado.
-Imposible. Tengo que ir a casa. Mis hijos me esperan.
-Está bien, mi Bella.


Más tarde, en su casa, después de haber platicado un rato con sus hijos y acostarlos, Bella tomaba un baño caliente. No podía dejar de pensar en Yassine. Se preguntaba qué edad tendría. Definitivamente era más joven que ella; pero ¿qué tanto? Después de todo, para la amistad no importaba la edad. Era un muchacho muy agradable y muy centrado. Al menos así lo parecía. «¿Qué más da? El sábado se va y nunca más voy a saber de él. Así que mejor aprovecho estos dos días que quedan» pensaba. Al salir del baño se percató de que tenía una llamada perdida de Adolfo. «¡Dios! Hoy no hemos hablado» se dijo, mientras lo llamaba.
-Hola, mi amor. Ya estaba enojada contigo- fingió reprocharle.
-¿Porqué, mi vida?
-No me llamaste en todo el día. Y yo no quise llamarte, porque pensé que podría interrumpirte.
-Estuve muy ocupado. Pero gracias a Dios, todo va de maravilla. ¿Y tú? ¿Qué tal tu día? ¿Cómo están los niños?
-Ellos están muy bien. Irene tuvo que cuidarlos hoy, porque tuvimos una reunión con los jefes del distrito escolar. Ya sabes cómo es eso- le dijo, mientras se mordía el labio inferior del lado izquierdo.
-Está bien, mi vida. Extraño tus ojos. Te extraño toda.
-Yo también, mi amor- le dijo sintiéndose muy mal por haber salido con Yassine.


Después de hablar largo rato con él, se quedó profundamente dormida. De pronto escuchó entre sueños que su celular sonaba. Creyó que era un sueño y solo se volteó en la cama. Al poco rato volvió a escucharlo. Entonces estiró la mano y lo levantó del buró.
-Hola- dijo somnolienta.
-Hola, mi Bella- escuchó la voz que tanto la hacía estremecerse. Se enderezó rápidamente y vio el reloj. Eran las tres de la mañana.
-¿Yassine?- preguntó sorprendida.
-Así es, mi Bella. Siento mucho despertarte a estas horas. Pero no me resistí a invitarte a que vieras la luna. ¿Ya la viste?
Bella se levantó y fue hacia su ventana. Abrió las persianas y se quedó mirándola. Sí, hermosa como la noche anterior. El tenía razón. La luna era lo más bello del cielo. Suspiró y volvió a su cama.
-¿No te has dormido o despertaste de repente?- le preguntó intrigada.
-No he dormido. Es culpa tuya.
-¿Mía? ¿Por qué?
-Te tengo en mi pensamiento. Por eso no puedo dormir.
-¡Oh!- No sabía qué decir. -Yassine.... es tarde y...
-Te entiendo, mi Bella. Disculpa que te haya despertado.
-No te preocupes. En realidad, me ha gustado. Hasta mañana.


-¿Quién de ustedes me quiere contar una historia de su familia?- preguntó Bella a sus alumnos. Todos los niños, al igual que Bella, estaban sentados en el suelo, en el centro del salón, formando un círculo. Muchos de ellos, levantaron la mano para contar sus historias. Bella los motivaba para que se expresaran tal y como ellos querían hacerlo. Después de escuchar varias historias, llegó la hora del almuerzo.
Bella almorzaba siempre con Sonia, también maestra de la misma escuela. Eran buenas amigas desde que estudiaron en el colegio.
-Gracias a Dios solo queda un mes de clases. Me muero por disfrutar mis vacaciones. Aunque este año no vamos a salir, pero tengo ganas de levantarme tarde y descansar de todo esto. ¿Y tú?- le preguntó a Bella. -¿Van a salir?
-No, tampoco. Adolfo tiene mucho trabajo y no vamos a tener tiempo para salir- respondió mientras revisaba su celular. Ya lo había hecho un par de veces antes.
-¿Estás esperando que te llame?
-¿Quién?- respondió, sin dejar de ver su celular.
-¿Cómo quién? ¡Tu marido! Ya me tienes nerviosa con tanta revisada de tus llamadas- dijo riendo.
-¡Oh, sí! Quedó de llamarme temprano y no lo ha hecho.
-No te preocupes, ha de estar ocupado. Más tarde te llamará. ¿Van a jugar tus niños durante el verano?- le preguntó para distraerla.
-Todavía no se. Pero me imagino que sí. El año pasado...- ya no siguió, porque sonó su celular.
-Hola- dijo tratando de controlar su nerviosismo. -¿A las cinco te parece bien?- Se levantó de su asiento para ir a tirar la basura. De regreso iba muy sonriente y solo le hizo una seña a Sonia, despidiéndose. Ella la siguió con la mirada hasta que la perdió de vista.
«No... no creo» pensó Sonia.


A la hora de la salida, Bella les daba un beso a cada uno de sus alumnos, que esperaban formados para despedirse de ella como todas las tardes. Cuando todos se hubieron ido, corrió a poner orden en su salón.
-Hola, ¿me invitas a ver tu video preferido?- le dijo Sonia mientras entraba al salón.

-Será mañana, porque tengo prisa- respondió sin levantar la vista de los papeles que guardaba en el escritorio.
-Vamos, amiga, solo son unos cuantos minutos. Vamos a verlo.
-De verdad, no puedo. Busca en Youtube....
-¿Quién es?- la interrumpió tratando de que su voz no sonara agresiva.
Bella volteó a verla sorprendida. -¿Perdón?
-¿Con quién te vas a ver a las cinco? ¿Lo conozco?
-No es de aquí- dijo avergonzada, bajando la cabeza. -Y no es lo que tú crees, es solo un amigo.
-¿Solo un amigo?- preguntó Sonia llevándose las manos a la cabeza. -Por Dios, Bella, ví tu cara cuando hablabas con él. Era su llamada la que esperabas y no la de Adolfo.
-No es lo que tú piensas. Lo conocí el día que se fue Adolfo; y solo lo voy a ver hoy y mañana. El sábado sale para Marruecos; allá vive.
-No puedo creer lo que estoy escuchando- dijo Sonia caminando de un lado a otro. -¿Me estás diciendo que se trata de alguien que no conoces y que vive del otro lado del mundo?- Regresó hacia Bella y la tomó de los brazos. -¿Lo conociste por internet? -casi gritó.
-¿Cómo crees?- respondió. -Siéntate. Voy a platicarte cómo sucedieron las cosas. Te lo voy a decir tal y cómo pasó.
Bella suspiró profundamente mientras también se sentaba. Le contó cómo lo había conocido y cómo había llegado hasta este punto. Le dijo que solo se trataba de pasar un buen rato, platicando de cosas triviales y sintiéndose al mismo tiempo halagada. Eso era todo. Sonia la veía y sonreía mientras ella le daba todos los detalles. Cuando Bella terminó su relato, Sonia se recargó en el asiento de su silla, se llevó las manos a la cara y movió las piernas pataleando mientras gritaba emocionada.
-No te lo creo. Esto es tan... ¿romántico?
-No lo sé. Pero estos dos días los he pasado de maravilla. Es algo diferente que me ha sacado de la rutina diaria- dijo suspirando. -Es más, hacía tanto tiempo que no suspiraba tan profundamente- dijo mientras sonreía.
-Ten cuidado, amiga. ¿Estás segura de que solo se va a tratar de platicar, sin llegar siquiera a un beso? Por lo que me dices, te gusta el muchacho.
-No va a pasar nada- dijo mientras se acomodaba sus rizos atrás de las orejas.

MÁS ALLÁ DE UNA AVENTURA - CAPÍTULO II - SOLAMENTE AMIGOS

 



-Mi bella luna- dijo Yassine, mientras la saludaba con un beso en la mejilla. -¡Te extrañé d!
-¿Cómo estás?- respondió sonriendo, y agachando la mirada. «¡Dios mío! ¡Qué mirada! Me envuelve con el negro tan profundo de sus ojos» pensó.
-Nervioso. No sabes con qué ansia esperaba volver a ver tus ojos. Me encanta perderme en ellos.
Una vez sentados, Bella estaba indecisa en qué ordenar para comer. Yassine había decidido invitarla a un restaurante de comida árabe. Leía el menú, pero no sabía qué clase de comida era. Cada que leía algo, le preguntaba a él si era pollo, res o lechón.
-No hay nada de cerdo. Los musulmanes no lo comemos- dijo sonriendo.
-¡Oh!- volvió la vista hacia el menú. -¿Porqué no eliges tú la comida? Por favor- suplicó mordiéndose el labio inferior.
-Está bien. Puedes confiar en mi buen gusto.


Más tarde el mesero llevaba los platos a la mesa. La comida se veía deliciosa. Consistía en carne de pollo picada en pedazos de tamaño regular, rodeada de arroz; garbanzos, calabazas, zanahorias y ejotes al vapor; rebanadas de jitomate y hojitas de cilantro encima. Todo bañado por el jugo que soltaron las verduras al cocerse. A Bella se le hizo agua la boca cuando vió el platillo.
-¿Se te antojó, verdad?- preguntó él, mientras se llevaba la servilleta a sus piernas.
-Mucho. Huele muy rico.
Mientras comían, ella quiso saber más sobre él.
-Platícame de Marruecos. ¿Cómo es?
-A mí me encanta mi país. Es un lugar hermoso. Tenemos el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. También hay montañas y ríos.
-¿Hay camellos?- preguntó intrigada.
-Claro que hay camellos. ¿Te gustaría un paseo en camello a la orilla del mar?
-¿A quién no? Claro que sí- sonrió.
-Ven conmigo. Te llevaré a pasear a las ciudades antiguas y pasearemos en camello- le dijo viéndola a los ojos, con un brillo especial en ellos.
-Imposible. De verdad me encantaría, pero no puedo- dijo borrando la sonrisa de sus labios. Y volviendo a sonreir, después de llevarse otro bocado a la boca, siguió: -Hay un cantante árabe que me gusta. Se llama Kathem Al Saher. ¿Lo conoces?
-Kathem. Por supuesto que sí. Y te apuesto lo que quieras a que estás enamorada de él- dijo acariciándole el brazo con el dedo índice.
-¿Qué he perdido?- respondió ella soltando la carcajada. -¿Cómo sabes que estoy enamorada de él?
-Todas las mujeres están enamoradas de él. Él es poeta y canta sus poemas; y poemas de otros poetas. Canta canciones de amor; muy románticas y utiliza un lenguaje único; lleno de romanticismo. Juega con las palabras y crea metáforas hermosas. Es iraquí. ¿Cómo es que lo conoces, mi Bella?
-Un día estaba buscando en YouTube, sin buscar nada en especial, y lo encontré con la canción Koli Ohiboka. Me gustó mucho y busqué más de él. Fue entonces que encontré esta otra canción que no sé cómo se llama porque él título y los subtítulos están escritos con signos árabes. Pero me encanta.  Y me encanta el lenguaje corporal de este hombre.
-Las canciones de él son preciosas. ¿Cómo es la que te gusta?
Bella empezó a tararearla. Él la veía atento. Le gustaba cómo cantaba. Por fin, ella se calló y él aplaudió. Bella se sonrojó.
-Cantas muy bonito, mi Bella. Se llama “Ekhtari”, que significa “Elige”. No vas a creerme, pero es mi canción favorita de Kathem.
-¿De qué habla?- preguntó intrigada. -Dice mi...- titubeó - mi amiga que pueden ser groserías en árabe.
-No, claro que no. Es de amor. Él está retando a una mujer a que lo ame. Ahora, hablemos de lo que me debes.
-¿Lo que te debo? ¿De qué me hablas?- lo miró sorprendida.
-Gané la apuesta. Mañana es mi último día por estos rumbos. Así que lo que tienes que pagar es muy sencillo- la miró fijamente a los ojos. -Mañana iremos a la playa por la noche.
-Ya lo has decidido, ¿verdad?- suspiró ella.
-¿No piensas pagar la apuesta?
-Nunca acepté la apuesta. Tú solito la hiciste sin esperar a que yo aceptara- le dijo muy seria.
-Es una broma, mi Bella. Pero sinceramente, me gustaría mucho esa caminata de noche- le dijo mientras le quitaba un mechón de la cara.
Bella se estremecía cada vez que él la rozaba. Así que se hizo hacia atrás, delicadamente, y entonces suspiró profundamente, como ahora lo hacía en estos días.
-Está bien. Acepto.


Bella no podía dormir. Había subido las persianas de una de las ventanas, para mirar la luna que iluminaba el cielo oscuro. Mientras la veía recordaba a Yassine. «Es tan atento y dice cada cosa» pensaba. Trataba de dormir, pero no lo conseguía. Cuando cerraba los ojos, lo veía a él. Veía sus ojos mirándola fijamente. De pronto sonó su celular.
-¿Qué haces, mi Bella?- lo escuchó del otro lado de la línea.
-Viendo la luna.
-¿Te gusta?
-Mucho- sonrió. -¿Y tú, qué haces?
-Pensando en ti. En nuestra cita de mañana.
-¡Oh!- no dijo más. Siguió mirando la luna desde su cama.
-¿Qué tienes puesto?- preguntó él de pronto.
-¿Cómo dices?- se asustó.
-Quiero saber con qué ropa duermes- insistió.
-No te lo voy a decir. Mejor dime… ¿qué edad tienes?
-Veintinueve años. ¿Porqué?
-Curiosidad- respondió ella. «Veintinueve años y yo sintiéndome en las nubes a su lado» pensó abochornada.
-¿Qué piensas?- preguntó él.
-Nada. Creo que me ha dado sueño.
-Está bien, mi luna. Que tengas dulces sueños. Nos vemos mañana.


Todo el día tuvo la sensación de tener un dolorcito en la boca del estómago. Estaba inquieta y nerviosa. Deseaba ir a encontrarse con Yassine, pero al mismo tiempo no quería hacerlo. Le parecía que estaba pasando los límites. Una cosa era tener un amigo con quién platicar y otra muy diferente era pensar en él toda la noche, hasta el grado de no poder dormir. La atracción que sentía por él era demasiado fuerte y le daba miedo cometer una estupidez. Sin embargo, llamó a Irene para que fuera a cuidar a sus hijos esa noche. Total, sería la última vez que lo vería. Sólo tendría que controlarse y pasar un rato agradable. Después de esa noche, no volvería a verlo jamás.
Antes de ir con él, decidió llamarle a Adolfo. Platicó un rato con él. Le dijo que iría con Sonia a tomar un café. Que ella le había pedido hacerlo pues tenía cosas qué contarle. No era algo raro, ya que lo hacían con frecuencia, y Adolfo le creyó fácilmente todo. Bella se sintió mal con él. Nunca antes le había mentido y ahora…. en menos de una semana lo había hecho tres veces.


-Gracias, mi Bella- dijo Yassine cuando se encontraron.
-¿Por qué?
-Por venir. Sinceramente tuve miedo de que no lo hicieras- la tomó de la mano y fueron hacia la playa. Había muy poca gente caminando. Recorrieron un buen tramo platicando. 
-¿Nos sentamos aquí?
-Está bien- dijo Bella sin poder verlo fijamente. No podía sostenerle la mirada. Además, cuando él la veía, ella temblaba. Decidió no despegar la vista del mar.
-Quedémonos callados por un rato- dijo él. -Escucha todo lo que puedas.
Bella dobló sus piernas mientras las sostenía con los brazos. Él, a su lado, estaba sentado al estilo indio; con las piernas cruzadas, mientras arrastraba arena de un lado a otro. -¿Te gusta lo que oyes?- le preguntó.
-Sí. Es la primera vez que vengo de noche- respondió con los ojos cerrados. -Tenías razón. Es bonita la playa de noche. Me gusta cómo se escuchan las olas y el viento.
-Me gustas mucho Bella- le soltó él. Ella se puso tensa. Sintió el corazón acelerarse, pero no dijo nada. Después de unos minutos en silencio, él continuó: -Te estoy dando las opciones para elegir; así que elige- Bella volteó a verlo sorprendida. -Elige entre morir sobre mi pecho  o sobre mis libros de poesías. Elige amar o no amar, porque es una cobardía no elegir. No hay punto medio entre el cielo y el infierno. Te estoy dando el derecho de elegir; así que elige entre morir sobre mi pecho o sobre mis libros de poesías.
-¿De qué me hablas?- preguntó sorprendida.
-Es la letra de la canción de Kathem; la que te gusta mucho. Se llama “Elige”, ¿recuerdas?
-¿Qué más dice?- preguntó interesada.
-Tira todas tus cartas y aceptaré cualquier decisión que tomes- él continuó. -Habla, actúa, agítate, explota; pero no estés de pie sin hacer nada. Yo no puedo estar siempre bajo la lluvia sin moverme, como si fuera una planta- Bella lo escuchaba atenta. -Estás cansada y asustada; y el viaje es muy largo. Sumérgete en el mar, o aléjate de él. No hay mar sin vértigo. El amor es una gran batalla contra la marea. En él hay crucificción, hay tortura y hay lágrimas que te llevan a la luna.
Bella suspiraba, pero no decía nada. Sólo lo escuchaba.
-Tu cobardía me está matando; la percibo através de la barrera que has levantado- continuó. -No creo en un amor que no tiene la fuerza de las revoluciones, que no golpea con la fuerza de los huracanes, que no rompe todas las barreras- siguió cantando.
-Es muy linda la letra- comentó Bella, suspirando.
-Tal vez la letra te parezca extraña. Es poesía árabe.
-¿Rara?- se sorprendió. -Es hermosa. Ahora me gusta mucho más. Sabía que se trataba de una canción de amor. Lo podía percibir. Y la música me fascina. Yo - dijo volviendo la mirada hacia el cielo -veo todas las noches ese video. Me encanta. Me hace suspirar.
-Me doy cuenta que eres especial. No sabes absolutamente nada de árabe y has podido percibir algo de esa canción. Eso me gusta en ti- le dijo acariciándole el cabello.


Yassine miró su reloj. Eran casi las once de la noche. No quería separarse de ella, sin embargo le recordó la hora. Ella suspiró, levantó la cara hacia el cielo, y sacudió su cabellera. Su cabello era castaño oscuro, ondulado y lo usaba entre los hombros y la cintura. El seguía moviéndole los mechones que se le iban hacia enfrente. Los regresaba a su lugar con cuidado, tratando de no tocarla. Aún así, Bella se estremecía cada vez que él extendía su mano hacia ella.
-Yassine… me ha dado mucho gusto conocerte- le dijo con la voz queda.
-Igual a mí, mi Bella- respondió él. -Cuando te dije que eres lo más hermoso que han visto mis ojos, no mentí- la veía de una manera diferente, más profunda que las otras ocasiones.
-He pasado unos momentos muy agradables contigo. Siempre me voy a acordar de ti- dijo con la voz entrecortada por la emoción.
-Me gustaría volver a verte. ¿Podría?- Le dijo mientras la ayudaba a ponerse de pie.
-Cuando vengas de vacaciones nuevamente, me llamas, ¿te parece?- dijo suspirando mientras se agachaba. Él le levantó el rostro con una mano y con la otra la tomó de la cintura acercándola hacia él. Se agachó y rozó sus labios con los suyos, suavemente. Cuando se retiró, vió que ella estaba quieta, con los ojos cerrados. Entonces volvió a besarla. Bella abrió un poco su boca, y él aprovechó para meter su lengua, despacio, suavecito. Ella correspondió de la misma manera, mientras lo abrazaba del cuello. Fue un beso largo y muy tierno.


Bella se sentía muy triste. No era normal. Estaba segura de amar con toda su alma a Adolfo. Pero Yassine había entrado en su corazón. Debía de estar confundida. Eso era todo. Todo era a causa de que Adolfo estaba lejos y el destino había querido que conociera a Yassine. Debido a la sensación de soledad mientras su esposo no estaba, se confundió. ¡Claro! Eso era lo que pasaba. «Pero… ¿porqué esta tristeza?» pensaba insistentemente. «¡No! No debo obsesionarme con este asunto. Yassine está volando hacia Marruecos y al llegar allá, sólo recordará a esta señora, con la cual pasó cuatro días, como la mujer que no permitió que se aburriera. Así va a ser» se dijo una y otra vez, mientras preparaba a sus hijos para ir a comer con Sonia y sus dos niños.
-Te lo dije- dijo Sonia, mientras meneaba la cabeza negativamente. -Te dije que tuvieras cuidado.
-No pasa nada, caramba. Lo que sucede es que me siento mal por lo del beso. No debí permitirlo.
-Pues trata de olvidarte de este asunto. Adolfo te va a notar cambiada.
-No estoy cambiada. Lo sigo amando igual que siempre. Sólo que… ¡me descontrolé!
-Ya pasó. Dale la vuelta a esta página y sigue adelante. Un beso no significa nada. Incluso- continuó Sonia -puedes llegar a tener una aventura, ¿porqué no? pero todo con cautela. Lo más importante en tu vida debe ser tu familia. ¿Me entiendes?
-¿Cómo puedes decirme eso?- la vió sorprendida. -No me digas que tú has tenido alguna aventura.
-Bella, si un día regresa tu amigo, sólo te pido que seas discreta y tengas cuidado. ¿Lo prometes?
Bella volvió la mirada hacia sus hijos. Sí. Ellos eran lo más importante en su vida y no los iba a arriesgar por una estupidez. Los llamó y les dió un beso a cada uno de ellos, diciéndoles que los amaba.
-¡Ay, mami!, ¿para esto nos llamaste?- dijo la niña. -¡Vamos, rápido!- les gritó a sus hermanos mientras salían corriendo otra vez hacia el jardín. Sonia sonrió y le palmeó la mano.


Mientras trataba de revisar los planos de un puente que se iba a construir sobre un lago en la ciudad de Casablanca, Yassine no dejaba de pensar en Bella. Había pasado una semana desde la última vez que la vio y hoy era su primer día de regreso en su trabajo. Nunca se le había dificultado su trabajo. Desde siempre le apasionó todo lo relacionado con construir edificios y carreteras. Sin embargo, y a pesar de que había tenido tres semanas de descanso, no podía concentrarse. Tenía la imagen de Bella en su cerebro. No podía apartarla de su mente. Por más esfuerzos que hacía, ella seguía ahí, en su mente. Podía escuchar claramente su voz, su risa, y podía ver sus ojos que tanto le gustaban. Así estuvo todo el día; trabajando y pensando en ella. Más tarde, después de hacer unas consultas con otro de los ingenieros, fue a su casa a comer con su familia. Mientras iba manejando, vió el reloj.  Eran las cuatro de la tarde; las doce del medio día en Miami. «¿Se alegrará si la llamo?», pensó.
Después de comer fue a su cuarto y decidió escuchar música. Optó por escuchar a Kathem Al Saher. Seleccionó la canción que a Bella le gustaba, Ekhtari. Mientras la escuchaba se acostó y cerró los ojos pensando en ella, en ese beso que se dieron en la playa. Recordaba perfectamente el sabor de su boca, la forma en que ella suspiró cuando él retiró su boca de la suya y recordaba muy bien cómo abrió sus ojos, lentamente, viéndolo fijamente a los ojos, después de ese beso. Brillaban de una manera diferente.


Mientras tanto, en Miami la vida para Bella había vuelto a la normalidad. Recordaba a Yassine como un muchacho agradable, inteligente y muy guapo que la descontroló por unos días, pero nada más. No pensaba mucho en el beso.  Cuando se acordaba de él, pensaba en las cosas que le decía, la forma en que la miraba. Los días que Adolfo salía de la ciudad, Bella dormía con las persianas abiertas, mirando la luna. Sonreía pensando en cómo, un muchacho tan joven se había fijado en ella. Aunque fuera únicamente para no estar solo en Miami durante sus vacaciones. «Pero aún así, ¿por qué no buscar una muchacha de su edad?», pensaba Bella mirando la luna.
Los días siguieron su curso. Y como siempre, antes de ir a dormir, veía su video favorito.
-¿Cómo es posible que no te aburras de ver eso todas las noches?- dijo Adolfo bostezando.
-Ahora me gusta mucho más. Ya se de qué habla la canción y siento mucho decirte que te equivocaste horriblemente al pensar que decía groserías. Yo tenía razón- dijo mientras se quitaba la bata para acostarse junto a él. -Se trata de una canción de amor- continuó diciéndole la letra.
-¡Vaya! ¿Y cómo investigaste la letra?
-Bueno, tú sabes que en internet todo se averigua. -«Una mentira más» pensó. -En los comentarios de esta canción, escribí en inglés, que si alguien sabía la letra, que por favor me la dijera porque me encantaba la canción. Pronto recibí la respuesta. Así que por favor, no vuelvas a hablar mal de mi novio.
-Entonces castígame como tú sabes, mi amor. Me lo merezco.
Bella se subió en él y lo besó en la boca y en todo el cuerpo. Él la abrazaba y acariciaba, jugaba con su cabello revuelto. Después de hacer el amor se quedaron profundamente dormidos.


Bella estaba almorzando con Sonia, mientras los alumnos jugaban afuera, al cuidado de las maestras auxiliares. Estaban planeando la fiesta de cumpleaños del hijo menor de Sonia. De pronto sonó el celular de Bella.
-¿Hola?
-Te estoy dando las opciones para elegir; así que elige. Elige entre morir sobre mi pecho o sobre mis libros de poesías.
-¿¡Cómo estás!?- gritó llena de emoción. Habían pasado poco más de tres meses desde que Yassine se fuera, y estaba segura de que él no la volvería a llamar nunca más. Sentía el corazón latiéndole rápidamente.
-Extrañándote mucho, mi Bella. No sabes cuánto. ¿Has pensado en mí?
-Sí. Sí me he acordado de ti- respondió con voz baja, mientras veía sonriente a Sonia. -¿Cuándo vienes?- preguntó casi sin aliento.
-No tengo planes por el momento. Créeme que me encantaría ir ahora mismo, pero no puedo. ¿Qué tal si tú vienes acá? Puedes venir con tus hijos.
-Imposible.
-¿Porqué imposible? Marruecos está en el mismo planeta en que está Estados Unidos- respondió mientras reía.
-Lo que pasa es que no puedo ir y dejar a los niños acá solos- repuso ella.
-Te estoy diciendo que los traigas. Los cuatro están invitados.
-¿Crees que tengo todo el dinero del mundo para hacer un gasto tan grande?
-Sólo responde: ¿Te gustaría venir?- preguntó con tono muy serio.
-Por supuesto que sí. Conocer otro país…. volver a verte…- dijo mientras bajaba todavía más el tono de su voz.
-Entonces hagamos un trato- propuso él. Y después de una breve pausa. -Te ayudo con los gastos de los niños y tú pagas tu pasaje. ¿Qué te parece?
-¿Cómo se te ocurre?- preguntó ella abriendo los ojos sorprendida.
-¿Porqué no? Quiero verte y quiero conocer a tus hijos.
-Mira… te propongo otra cosa. Démosle tiempo al tiempo. Y el mismo tiempo nos dirá qué hacer. ¿Te parece?
-Mi bella luna. Siempre tomando las cosas con calma. Está bien. Acepto tu trato.
Estuvieron platicando por aproximadamente unos cuarenta minutos, hasta que ella le anunció que su hora de descanso estaba por terminar.
-Mañana te llamo por la noche- dijo Yassine.
-¡No! Por la noche no, por favor- respondió sobresaltada. -Últimamente apago mi celular por las noches, para poder dormir bien- dijo tratando de controlar su nerviosismo.
-¿A qué hora te parece bien, entonces?- insistió.
-A esta misma hora está perfecto.


Más tarde, cuando los alumnos ya se habían ido, Sonia entró al salón de Bella. Sonreía de una manera peculiar.
-Te llamó tu marroquí. Platícame todo.
-Solo quiso saludarme- respondió sonriendo, mientras se sentaba en una silla junto a su amiga.
-¡Te invitó a Marruecos! Me dí cuenta. Y también invitó a tus hijos.
-Cosa que nunca va a suceder.
-¿Porqué no?- preguntó haciéndose la tonta.
-¿Te olvidas que estoy casada?
-¿Porqué no se lo dices y te quitas de andar diciendo mentiras aquí y allá?
-No puedo.
-¿Vas a ir?- insistió Sonia.
-Claro que no.
Sonia soltó la carcajada y ambas salieron del salón hacia sus respectivas casas.


Pasaron algunos cuantos meses más, durante los cuales, Bella y Yassine se comunicaban mediante correos electrónicos y una vez por mes, él la llamaba por teléfono.  Ella encontró más canciones de su artista favorito, Kathem, y él le traducía cada una de ellas. El tenía razón. El lenguaje que utilizaba ese hombre era único. Las letras eran completamente de amor. Llegó el mes de Enero; hacía nueve meses que se habían visto por última vez. Yassine estaba completamente seguro de haberse enamorado de Bella. No se lo había dicho todavía, pero comenzó a hacerse ilusiones con ella.
-Me he enamorado irremediablemente- dijo sonriendo a Hayat. Ella lo miró sorprendida. No quería que volvieran a lastimar a su hermano. Hacía algunos años, él estuvo enamorado de una muchacha de su edad. Él era muy joven y todavía no terminaba su carrera. Aquella muchacha conoció a otro hombre, quien ya tenía su fortuna propia bien cimentada y prefirió casarse con él. Yassine sufrió mucho. Fue tal su decepción que se había negado al amor. Ahora su familia lo veía muy entusiasmado. Por eso Hayat tenía miedo de que volviera a sufrir.
-¿Cómo puedes estar enamorado de una mujer que nunca ves? ¡Nunca convives con ella!- le dijo mientras arreglaba la mesa para comer.
-Convivo con ella seguido; aunque no como tú dices. A pesar de que estamos muy lejos físicamente, nuestros corazones están cerca. Lo nuestro es algo especial.
-Pero no sabes nada de ella, ni de su familia- insistió.
-Sé lo suficiente, Hayat- dijo mientras le ayudaba a acomodar los cubiertos sobre la mesa. -Sé que es una mujer buena, con un alma limpia y sentimientos sinceros.
-¿Qué hay de los hijos? Además… está bien, estás enamorado, ¿y?- le dijo viéndolo fijamente. Hayat era una mujer delgada y alta. Tenía una cara muy bonita, aunque su mirada era triste. Usaba un chal que le cubría el cabello, a la usanza árabe.
-¿Y?- él sonrió.
En eso llegaron Fátima y Mohamed, con sus respectivas familias. Se trataba de una comida en familia organizada por Hayat, para celebrar el cumpleaños de su esposo.
-¡Les gané en llegar!- dijo Yassine sonriente. -Pero qué bueno que ya están aquí. Tengo algo importante qué decirles.
Hayat se fue molesta a la cocina, mientras los recién llegados la miraban desconcertados y volvían la mirada hacia Yassine.
-Ya lo sabrán- les dijo mientras cargaba a uno de sus sobrinitos.


La comida transcurrió dentro de un ambiente alegre. Todos platicaban y reían. Después de comer y una vez que las mujeres pusieron orden, se fueron a platicar a la sala. Fue entonces que Yassine decidió hablar.
-Tengo que hablar con ustedes- hizo una pausa mientras tomaba suficiente aire para continuar- estoy pensando seriamente en casarme.
-¡Vaya! ¿Y cómo piensas hacerlo? ¿Por internet?- preguntó Hayat con burla.
-Por favor, esto es lo más serio que he decidido en mi vida.
-Quiere casarse con esta mujer, sabrá Dios cuántos años mayor que él, divorciada, con tres hijos, y que además, y para variar, vive del otro lado del mundo- lo interrumpió Hayat, diciéndoles a los demás, mientras volteaba los ojos y se cruzaba de brazos notoriamente molesta.
-¿Has hablado con ella?- le preguntó Mohamed, ignorando a Hayat.
-Todavía no. Quiero tratarla un poco más. Conocer a sus hijos. Ganarme su confianza y entonces, se lo pediré. Quiero traerlos para que se conozcan con ustedes.
-Tienes nuestro apoyo, hermano- dijo Mohamed abrazándolo cariñosamente- ¿verdad?- se dirigió a los demás.
-Por supuesto- respondieron todos, menos Hayat, que se encontraba mirando hacia el techo.


Mientras veía otro video de Kathem, Bella apagaba su celular. Desde que conoció a Yassine, lo apagaba todas las noches. Le daba miedo que la llamara y Adolfo la descubriera. Tampoco quería que Yassine supiera que era casada. «Al fin que no pasa nada. Sólo es una amistad a distancia» se decía una y otra vez. Y su amor por Adolfo no había cambiado en lo absoluto. Era completamente feliz a su lado.


Por la mañana, después de que Adolfo se fuera hacia su trabajo y mientras ella se alistaba, encendió su celular. Se dio cuenta de que tenía un mensaje de voz.

-Hola, mi bella luna- decía la voz de Yassine. -Perdóname, pero no pude resistirme. Tenía que decírtelo hoy, aunque sabía que iba a contestar tu grabadora- continuó. -Quiero que sepas que estoy pensando mucho en ti. Estoy pensando mucho, creo que demasiado en ti. Tengo tantas ganas de verte, que estoy pensando en ir a finales de este mes para allá. Escríbeme, por favor, un correo electrónico para que me digas qué te parece esta idea- y después de un silencio: -Extraño esos ojos verdes, tu sonrisa, te extraño toda.
Bella se quedó sin aliento. Esperaba todo menos eso. «¡Verlo de nuevo!» pensó suspirando.


-Nos vemos más tarde en la cafetería. No tardes- le dijo a Sonia cuando la vio mientras iba hacia su salón.
Toda la mañana estuvo ansiosa. No dejaba de pensar en Yassine. Cuando por fin llegó la hora del almuerzo, platicó con su amiga.
-¿Qué piensas hacer?
-Es que todo esto es tan… increíble. Siempre se me facilitan las cosas con él- dijo mientras se acomodaba el cabello hacia atrás. -La vez pasada lo pude ver sin ningún problema, y ahora quiere venir justo cuando Adolfo va a salir para Brasil. ¿Te das cuenta? Parece que Dios nos abre el camino para que podamos vernos.
-¡No metas a Dios en estas cosas!- respondió Sonia. -Entonces, sí lo vas a ver, ¿verdad?
-¿Tú qué piensas?- la miró preocupada.
-Lo que yo piense está de más. ¿Qué es lo que tú quieres?
-Quiero verlo. Claro que quiero verlo- dijo casi en un susurro. -Aunque está claro que solo como amigos. No va a pasar nada.
-¿Estás segura? Yo no lo estaría. ¿Tú crees que él va a viajar desde Marruecos hasta acá, solo para platicar?
-¿Y por qué no? Solo somos amigos- insistió Bella.
-¡Por favor, ubícate!- y mientras le daba vueltas a su té con una cuchara, continuó. -Bella, no lo hagas venir hasta acá, si no va a pasar nada entre ustedes.
Bella se quedó pensativa. Ni siquiera se tomó su té. Más tarde en su casa, mientras comía con su familia le preguntó a Adolfo sobre su viaje.
-Mi amor, ¿cuántos días vas a estar en Brasil?
-Cuatro semanas, exactamente.
-Es mucho tiempo. Me vas a hacer mucha falta- le dijo tomándolo de la mano y besándolo en la mejilla. -¿No hay forma de que vuelvas antes?
-No, mi amor. Estas clases son obligatorias y tengo que tomar todo el curso, completito.


Por la noche, mientras Adolfo revisaba unos papeles, Bella le escribió un correo a Yassine.
“Yassine, me parece una idea estupenda que vengas. Me dará mucho gusto verte. Si pudieras venir entre la última semana de Enero y las tres primeras de Febrero, sería fabuloso, porque en esos días no tengo mucho trabajo. Recibe un abrazo. Bella”.
«Dios, ¿no estaré yendo demasiado lejos?» se preguntó, mientras se llevaba las manos a la boca.

MÁS ALLÁ DE UNA AVENTURA - CAPÍTULO III - EL REENCUENTRO

 


-Por favor, hermano. Piensa bien las cosas- le decía Hayat. Su rostro denotaba gran preocupación, cosa que a Yassine le daba mucha risa. Estaba completamente seguro de que su hermana exageraba en su preocupación.
-Tranquila. Ven acá- dijo mientras la abrazaba y caminaban hacia la sala. -No he venido hasta tu casa, para oírte decir cosas que no me agradan- la besó en la mejilla. -Tú verás cómo estás equivocada. Cuando la conozcas vas a darte cuenta.
-¿Cuántos años es mayor que tú?
-No lo sé. Tal vez uno o dos. Se ve muy joven y es muy bonita.
-¿Cómo saber si es una buena persona?- insistió ella, mirándolo a los ojos.
-Yo lo sé, Hayat- dijo él, serio. -Con que yo sepa que es una mujer buena, basta. Te va a caer bien y van a ser buenas amigas- dijo él, sonriendo nuevamente.


-Hola, mi bella luna- dijo a través del teléfono. -¿Te interrumpo?
-Por supuesto que no. Estoy en mi descanso. ¿Cuándo vienes?- le soltó, sorprendiéndose ella misma.
-Por eso te he llamado. Acabo de comprar el boleto. Salgo la primera semana de Febrero para Miami. Solamente voy a estar nueve días por allá. No sé si sean muchos o pocos, pero pienso aprovecharlos al máximo- dijo riendo.
-Está perfecto- respondió ella con el corazón latiéndole a mil por hora. «aprovecharlos al máximo» pensó. «¿Qué me quiso decir?»
-No quiero perder tiempo, mi bella. Voy a llegar un viernes a las ocho de la mañana. ¿A qué hora nos podemos ver ese mismo día?- preguntó ansioso.
-A las ocho, guapo. Te esperaré en el aeropuerto- y con la voz temblando siguió.  -¿Te parece bien?
-Por supuesto. Más que bien. Bella, mi luna bella, no sabes las ganas que tengo de verte- dijo hablando en voz muy baja. -Me haces tanta falta.
-Ya no digas más, por favor- suplicó ella.
-Perdóname, pero es la verdad.
-Entonces así quedamos. Te recojo en el aeropuerto- cambió el tema.
-De cualquier forma, seguimos estos días en contacto mediante correos.


Cuando colgó, Sonia la veía muy seria. No decía nada, esperando a que Bella dijera algo. Sin embargo, ella solo sonrió y bajó la mirada. Sonia buscaba su mirada insistentemente. Al ver que ella no soltaba prenda, no tuvo más remedio que iniciar ella con el interrogatorio.
-¿Y bien?
-Nada.
-¿Cómo nada? Vamos- dijo dando unos golpes en la mesa con la palma de su mano. -Vas a ir por él… ¿y luego? ¿qué va a pasar?
-¡Por el amor de Dios! ¡No lo sé! Voy a dejar que todo transcurra como el destino quiera- bajó la mirada.
-¿Estás segura de querer hacer esto?
-Completamente.


A partir de entonces, Bella no dejaba de estar nerviosa. Además estaba muy pensativa. No dejaba de pensar en lo que se le venía encima. Tenía miedo y a la  misma vez ansiaba ver nuevamente a Yassine. Deseaba que los días transcurrieran rápido y que Adolfo se fuera a su viaje. Pero al mismo tiempo no quería que se fuera, y así no poder verse con Yassine. Su cabeza era un caos. Adolfo notó su nerviosismo.
-¿Qué tienes, mi amor?- le preguntó un día preocupado.
-Me duele mucho la cabeza- respondió desviando la mirada.
-Pero te he visto nerviosa. ¿Hay algo que yo deba saber?
-Ya sabes, amor- dijo abrazándolo mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. -No me acostumbro a estos viajes tuyos. Cuatro semanas es demasiado tiempo.
-¡Oh, cariño! No me digas eso, por favor- le dijo besándole los ojos. – Necesito tomar estas clases. Es importante para mí.
-No te digo que no vayas, mi amor. Solo que voy a extrañarte mucho.
-Te llamaré a diario, cariño.
Más tarde, mientras Adolfo dormía, Bella no dejaba de pensar. Se sentía muy incómoda. Adolfo había pensado que ella lloraba por que él iba a estar lejos. Pero la realidad era que lloraba porque tenía miedo de que él descubriera algo. «¡Dios, mío! Estoy pasándome de la raya peligrosamente» pensó preocupándose aún más.


-Necesito que me ayudes, amiga- le pidió a Sonia. -¿Puedo contar contigo?
-Claro. No te preocupes. Sólo prométeme que vas a hacer las cosas bien- agachó la cabeza y continuó con seriedad. -Bella, esto es delicado. Ten cuidado, por favor. Un error que cometas… no sabes el problema que se te vendría encima.
-Tú le fuiste infiel a Javier, ¿verdad?
-Hace varios años- dijo recargándose en la silla. -Él me descubrió y se armó un lío enorme. Después de muchos problemas, me perdonó. Pero queda el sentimiento de culpa- dijo suspirando.
-¿Javier te menciona esto en ocasiones?
-No. Nunca. Pareciera que nunca pasó nada. Y a veces eso me incomoda. Me siento muy mal al pensar en todo lo que él sufrió. Me siento pésima, pensando como fuí tan estúpida como para estar a punto de desbaratar mi familia- dijo suspirando.
Bella no dijo ni preguntó nada más al respecto. Sintió una especie de temor. Sin embargo decidió seguir con aquéllo. Nunca, en toda su vida de casada le había llamado la atención otro hombre; mucho menos un hombre varios años menor que ella. Pero ahora… de cualquier forma no iba a pasar nada grave. Se trataba solamente de un amigo con quien le gustaba platicar. Eso era todo.
-No se qué va a pasar, pero quizás voy a necesitar dejar a mis niños contigo alguna noche.
-No sabes qué va a pasar, pero sí sabes lo que deseas, ¿verdad?
Bella se sonrojó. Era muy cierto lo que Sonia decía. Aunque no lo aceptaba, deseaba hacer el amor con Yassine.
-No quiero dejarlos con Irene, porque no sabría qué pretexto poner. En cambio contigo, las cosas son más naturales. Tus hijos podrían invitar a los míos a pasar la noche en tu casa. ¿Me explico?
-Perfectamente. Cuenta conmigo. Pero… no quiero fastidiarte, así que es la última vez que te lo digo. Recuerda que Adolfo es un gran hombre. No te desubiques, por favor, y ten en mente siempre, que este asunto es solo para pasar un buen rato y se acabó.
-Gracias, amiga… lo tengo presente siempre. Yo quiero a Adolfo con toda mi alma, pero no se qué me pasa.
-No tienes que decir nada, Bella. Te entiendo. Sólo ten cuidado.


Hacía casi una semana que Adolfo saliera para Brasil. Bella no podía con los nervios. En dos días más llegaría Yassine. Quería oírle decir todas esas cosas bonitas que le dijo la vez anterior. Quería que le cantara Ekhtari en árabe. Deseaba que la volviera a besar. Fue hacia su ordenador. Buscó una canción nueva del mismo artista y mientras la escuchaba, revisó su correo electrónico.
-"En dos días podré ver nuevamente un par de ojos hermosos de color verde. Se me hará eterno este par de días"- leyó con el corazón acelerado por la emoción. A lo cual decidió responder:
-"Espero con ansias ese día. Yo también deseo verte pronto".


-Todavía están dormidos, pero ya saben que tú los llevarás hoy a la escuela. Llegaré antes de las once de la noche. Si algo se ofrece, me llamas, por favor. De cualquier forma yo les llamaré, igual que siempre lo hago cuando no estoy.
-No te preocupes. Ve sin pendiente a tu curso- respondió Irene.
La niñera pensaba que Bella iría a tomar un curso que le hacía falta para su desarrollo como maestra.


Llegó unos cinco minutos tarde al aeropuerto. Había mucha gente. Bella buscaba con la mirada entre toda la multitud. Se estiraba viendo para un lado y para otro. De pronto escuchó una voz muy conocida detrás de ella.
-Mi bella luna.
Volteó rápidamente y lo vió. Alto, guapísimo, impecable y muy sonriente. No pudo contenerse y lo abrazó emocionada. Le rodeó el cuello con sus brazos y él le rodeó la cintura con los suyos. Se dieron un beso en la mejilla.
-Bienvenido- dijo Bella. ¿Tienes mucho esperándome?
-No, mi bella. Acabo de llegar.
Después de recoger su equipaje, fueron hacia el carro de ella. Se dirigieron al hotel en el que Yassine había hecho su reservación. Bella no dejaba de platicarle cosas de su trabajo, mientras él, sonriente, parecía escucharla atentamente. La veía fijamente, con los ojos entrecerrados. A ella le parecía tan guapo; era un hombre impecable. Todo le gustaba de él. Vestía un pantalón de vestir color negro y una camisa azul de manga corta. Los zapatos negros brillaban, perfectamente boleados. Le encantaba su cabello negro y abundante. Y esos ojos de mirada negra penetrante. También le gustaba su boca, de labios gruesos.
«¡Dios, me gusta mucho!» pensó mientras seguía conduciendo y platicando.


Una vez dentro de la habitación, Bella no dejaba de pasear en ella, nerviosa. Después de acomodar su equipaje, Yassine se daba una ducha y ella encendió el televisor. Estaba viendo las noticias cuando él salió del baño envuelto en una toalla. Su pecho estaba al descubierto. Bella no pudo dejar de admirar ese cuerpo. Sin embargo apartó de él la vista rápidamente y siguió viendo las noticias. Su corazón latía aceleradamente. Le había gustado mucho lo que vió. Él escogió ropa limpia y regresó al baño. Cuando salió nuevamente, estaba totalmente vestido.
-¿Tienes hambre?- le preguntó a ella.
-No mucha ¿y tú?- no podía mirarlo fijamente.
-Yo sí. Me estoy muriendo de hambre. Vamos a desayunar algo, ¿te parece?- dijo sonriéndole.
Iban a salir, cuando él se interpuso entre Bella y la puerta. La jaló de la cintura y le dió un beso en la boca. Un beso largo y suave. Ella le rodeó el cuello y también lo besó, metiendo su lengua en la boca de él. Disfrutando su sabor.
-Me moría por besarte, mi bella- le dijo al oído y luego le besó la oreja.
Ella abrió los ojos. Estaba temblando. Pensaba que él seguiría besándola, pero no fue así. Le dió un golpecito con el dedo índice en la nariz y sonrió. -Tus ojos son muy hermosos. Me encanta perderme en ellos, mi luna- dijo abriendo la puerta e invitándola a salir.


Después de desayunar, caminaban por un parque. Ella se sentía muy bien con él, aunque todavía se sentía turbada por la forma en que él la miraba. Se sentía envuelta por esa mirada negra tan penetrante. Compraron nieves y fueron a sentarse en un banco, debajo de un árbol.
-Mi bella luna. No sabes cómo te extrañé. Todos los días pensaba en ti.
-Eso es una mentira- dijo mientras daba una probada a su nieve. -No te creo que hayas pensado en mí todos los días.
-¿Me estás llamando mentiroso?- la miró muy serio.
-No, claro que no. Estoy jugando- respondió ella riendo.
-Es verdad lo que te digo. Por las noches veía la luna y cerraba los ojos para evocar tu imagen. Y cada noche lo comprobaba… Tú eres mucho más hermosa que la luna.
Bella sonrió y después se puso seria. Llenó la cucharita con nieve y se la llevó lentamente a la boca. Tomó la nieve y sacó muy despacito la cuchara de su boca, viéndolo fijamente a los ojos. A Yassine se le oscureció todavía más la mirada. Entonces ella, sonriendo con coquetería, se llevó la copa de nieve a la boca y la chupó, para después invitarlo a él a chupar ahí, donde ella lo había hecho. El chupó ahí mismo, excitándose. Entonces la jaló del cuello y la besó en la boca.
-¿Te gusta provocarme?- le dijo con voz ronca.
-Sólo quería que probaras mi nieve. Es todo.


Más tarde paseaban por el centro de Miami. Y después de caminar un rato por las tiendas fueron a dar un paseo en bote.  Mientras Bella veía el agua del mar, podía sentir la mirada de Yassine en ella. Sentía cómo su mirada la traspasaba y toda ella se estremecía. De pronto él acarició su cabello, rozándole la nuca; ella sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal.
-Igual a tu nombre… eres bella.
-Gracias- dijo sin despegar la vista del mar.
-Bella, mi bella luna- le dijo al oído suavemente. -Mi amor por ti está creciendo. Eres el mejor ataque que he tenido en toda mi locura. Deseo ahogarme, el océano me está llamando. Quiero morir y deseo, que si la muerte me lleva, me regrese vivo.  Eres la mujer más hermosa de todo el mundo. Ámame. Yo te amaré hasta que el amor del mundo se consuma. Ámame- le cantó al oído, muy bajito.
-¿Qué canción es?- volteó a verlo.
-Sólo escucha, mi luna- y siguió cantando -Los mapas ya no significan nada para mí, porque tu amor es mi guía. Sin tu amor, soy la capital mas antigua de la tristeza. Mi herida es una inscripción faraónica. Mi dolor crece como una parvada de palomas.
-¿La canta Kathem?- preguntó.
-Sí, mi luna- le dijo abrazándola por la cintura; él detrás de ella. -Eres la luz de mi vida, el aroma de mis jardines. Con tu fragancia, extiende un puente para pasar debajo de él, y así poder impregnarme de tu olor. Conviérteme en un pequeño peine de marfil, escóndelo entre tu cabello y olvídame ahí, siempre contigo. Mi amor por ti está creciendo.
Bella suspiró. Tenía los ojos cerrados.
-Ese hombre debe estar enamorado del amor.
-Es muy romántico, ¿verdad?
-Sí, aunque en ocasiones me resulta un poco difícil entender las letras.
-Recuerda que es poesía árabe.
Yassine le dio vuelta y la besó en los labios. Fue un beso suave, delicado. Cuando se separó de ella, vió sus ojos verdes, igual que aquella vez en la playa. La abrazó fuerte y ella recargó la cabeza en su pecho.
-Te quiero- le dijo él, sin soltarla.


-¿Puedes hacer que tus hijos inviten a los míos a pasar todo el fin de semana con ustedes?- le pidió a Sonia por teléfono.
-Claro. Pensé que llegarías hasta en la noche- respondió.
-Me vine antes, para organizar esto de los niños- dijo bajando la voz y asegurándose de que sus hijos no la oyeran. -Yassine me pidió que me quedara con él el fin de semana completo. Por eso decidí regresarme temprano para hablar contigo.
-¿Te acostaste con él?
-No. Ni siquiera me lo pidió. Sólo me dio algunos besos, durante el día.
-¿No te pidió que te acostaras con él? ¿Y cómo entonces, quiere que te quedes dos días con él?
-Te digo que es todo un caballero. Quizás nosotras estamos dejando volar nuestra imaginación. Tal vez él solamente quiere pasear, platicar, qué se yo!- soltó la carcajada.
-Seguramente. Y por eso ha volado quince horas hasta acá.
-Ya te platicaré el domingo por la noche.


Antes de que oscureciera, Sonia y sus hijos llegaron a casa de Bella. Todos los niños salieron corriendo a jugar al jardín, mientras Sonia y Bella se sentaban en el sofá a platicar.
-Le pedí a Javier que nos llevara a Disney World. Salimos mañana muy temprano y regresamos el domingo por la noche. Así podremos ir a dos parques- se asomó hacia el jardín y continuó. -Les pregunté a los niños si querían invitar a tus hijos y por supuesto que aceptaron emocionados.
-Muchas gracias, Sonia. No sabes cómo te lo agradezco.
En eso entraron corriendo todos los niños. Entre gritos, los tres hijos de Bella, hacían esfuerzos por hacerse escuchar por su mamá. Ella fingía estar muy entretenida con la plática que sostenía con Sonia.
-¡Te estamos hablando, mami!- gritó la pequeña.
-¿Qué es eso tan importante que me quieren decir?- fingió Bella.
-Han venido a invitarnos a Disney World. ¿Nos das permiso de ir?- De pronto todos estaban callados, esperando la respuesta. -Por favor, mami- suplicó la niña.
Bella fingió estarlo pensando y después de hacerle varias preguntas a Sonia sobre los precios y cuándo regresarían, por fin aceptó.
-¡Gracias!- gritaron todos, abrazándola.
-Entonces vayan a preparar sus maletas, porque hoy tienen que irse con nosotros- avisó Sonia. -Así, se duermen temprano para levantarnos sin problemas mañana.
-Te lo agradezco tanto, amiga- dijo bella abranzándola.


Mientras iba llegando al hotel, Bella sentía su corazón latir aceleradamente. Estaba nerviosa porque no sabía exactamente lo que sucedería durante esos días junto a ese hombre. Le encantaba la forma en que la besaba, pero también la volvía loca la forma en que se comportaba con ella. Era muy caballeroso, muy atento. Eso le gustaba mucho. Casi ya no había hombres así. Una vez que se estacionó y mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad, Yassine abrió la puerta del coche. Ella dió un brinco, asustada.
-¡Perdón, mi bella! No quise asustarte- le dijo mientras le extendía la mano para ayudarla a bajar. Y sin soltarla, con la otra mano la enlazó por la cintura atrayéndola hacia él. La vió a los ojos, así como él lo hacía, entrecerrando los suyos, viéndola fijamente. Bella lo miraba aturdida, respirando agitadamente. Entonces, él la besó intensamente, metiendo la lengua en la boca de ella, mientras la atraía todavía más hacia él. Estaban tan juntos, que ella pudo sentir su virilidad y un estremecimiento se apoderó de su cuerpo.
Cuando por fin se separó de ella, Bella suspiró profundamente. De pronto recordó que se encontraban en plena calle.
-Nos puede ver alguien- dijo volteando hacia todos lados mientras se acomodaba el cabello revuelto.
-¿Qué tiene de malo que nos vean?- dijo él, riendo.
-Bueno, es que solo somos amigos- soltó, sin saber qué excusa dar.
-¡Ah! ¿Entonces estamos haciendo mal?- la empujó suavemente con su cuerpo, hasta dejarla completamente recargada en el carro. -No te preocupes, mi alma. Está tan oscuro a esta hora, que nadie nos puede ver- dijo mientras le besaba el cuello.
Bella se deshizo de su abrazo y buscó encaminarse rápidamente hacia adentro del hotel.
Solo subieron al cuarto a dejar la maleta en la que Bella llevaba algo de ropa y enseguida salieron a caminar. No llevaban un rumbo fijo, caminaban por las calles iluminadas por las luces de los hoteles, restaurantes, bares y salones de baile. Había mucha gente paseando. De pronto Bella escuchó música estilo jamaiquina.
-¿De dónde viene esa música?- le preguntó a él. -¿La escuchas?
-Sí. Parece que de ese bar. ¿Quieres que lleguemos?
-Vamos. Me gusta esa música- dijo riendo.
Yassine la tomó de la mano y así entraron. Una vez ahí, platicaban animadamente. Ella no se cansaba de hacerle mil preguntas.
-¿Qué quieres saber, mi bella?
-Háblame de tus hermanos. ¿Te llevas bien con ellos?
-Por supuesto. Pero siento especial cariño por Hayat. Es la menor y es una mujer muy luchadora.
-¿Ellos saben que has venido a verme?
-Sí, mi bella. Saben toda la verdad.
-¿Cuál verdad?- preguntó frunciendo el ceño.
-Que estoy enamorado de ti, mi luna.
Bella se removió incómoda en su asiento. Entonces él puso su mano sobre la de ella y acariciándosela, le dijo:- Es la verdad, mi alma.
-Creo que se me antoja tomar una piña colada- cambió el tema.
-¿Estás segura?- preguntó mientras le hacía una seña al camarero.
-Creo que sí- dijo soplándose el cabello que caía sobre su frente.
Bella bebió tres piñas coladas, mientras él sólo bebió agua. De cuando en cuando se paraban a bailar y a las dos de la mañana se retiraron de ahí.


Entraron riendo a la habitación. Bella le contaba chistes, los cuales él no entendía muy bien. Ella se los tenía que explicar, y era así, como él lograba entenderlos. Eso la hacía reir mucho. De pronto, se dió cuenta de que él la miraba de una forma diferente. Sonreía sentado en una silla, mientras ella paseaba por el cuarto contándole más chistes. Se quedó callada y se hizo un silencio entre ellos. Bella no aguantó más.
-¿Qué pasa?
-Nada, mi bella.
-¿Porqué me miras así?- dijo parada enfrente de él, con los brazos en la cintura.
-Me gustas mucho.
-¡Oh!- no dijo más.
El solo imaginaba cómo quitarle esos pantalones tan ajustados. Deseaba verla en ropa interior, y mejor aún, sin ropa. Se puso de pie, y ella, rápidamente se metió al baño, con el pretexto de cepillarse los dientes. Él sonrió al darse cuenta con ello, de su nerviosismo. Cuando salió del baño, fue hacia la cómoda y empezó a cepillarse el cabello. Lo tenía muy brilloso.
-Tienes un cabello muy bonito. Me gustan tus rizos- dijo mientras le quitaba el cepillo y lo dejaba sobre la cómoda.
Bella se levantó tratando de alejarse de él. Yassine le dió alcance y la acorraló en la pared. Ella se encontraba entre la pared y él. Sus pechos subían y bajaban agitadamente. Él tenía una mano sobre la pared y la otra en el cuello de ella.
-¿Me tienes miedo, mi bella?- dijo mientras le acariciaba suavemente el cuello con el pulgar.
-Claro que no- dijo con la voz entrecortada.
-Me da gusto oír eso- le dijo al oído.
Entonces le dió un beso suave, rozando sus labios con la boca, mientras del cuello, bajaba su mano y la ponía en uno de sus pechos. Bella dejó escapar un gemido ahogado. Sin dejar de besarla, fue abriendo su blusa hasta que logró quitársela. Luego acarició sus pechos por encima del sostén. Ella abrió su boca y le ofreció la lengua, la cual él aceptó gustoso. Bella, de igual manera, le quitó la camisa. Entonces él se separó y ella pudo ver su pecho desnudo.
-Te deseo, mi bella.
La llevó hacia la cama y la recostó boca arriba. Le quitó el sostén y le pasó la lengua por un pezón, despacio, lentamente. Luego siguió con el otro. Ella acariciaba su espalda. Entonces, él le quitó el pantalón y el bikini, y se tumbó sobre ella. Bella sentía el vello de Yassine sobre sus pechos, lo cual la excitaba mucho. Después rodaron en la cama, quedando ella encima de él. Bella comenzó a besarle el pecho; lo besaba despacio camino abajo. El se estremecía con cada beso, pero cuando sintió la lengua de Bella, moverse de arriba a abajo, no pudo reprimir un gemido de placer.
-¿Te gusta?- preguntó ella.
-Me encanta, mi alma.
Antes de que no pudiera reprimir más su reacción, tomó su cara entre sus manos llevándola hacia su boca; la besó y la acostó ahora, boca abajo. Le besó la espalda, pasando la lengua por su espina dorsal, mientras con una mano la levantaba por el vientre, atrayéndola hacia él, y con la otra le acariciaba los pechos. Bella estaba muy excitada. Le gustaba sentir las manos grandes de él por todo su cuerpo.
-Así te ves muy bonita, mi luna- dijo con la voz enronquecida. -Tus caderas me vuelven loco.
Nuevamente rodaron por la cama, quedando ahora, él encima de ella, y despacio, lentamente, la fue penetrando. Bella gozaba, con los ojos cerrados.
-Abre los ojos, mi luna- le pidió él. -Quiero ver esos hermosos ojos verdes, mientras te hago mi mujer.
Ella los abrió, al tiempo que lanzaba un grito, al sentirlo totalmente adentro de ella. Comenzaron a moverse rítmicamente, mientras no dejaban de verse a los ojos.
-Te quiero, mi bella- le decía él, mientras se movía al ritmo de ella.
Bella lanzó un último grito, viéndolo fijamente, mientras su cuerpo temblaba por la sensación que la llevaba al clímax.


Yassine salió del baño, envuelto en una toalla. La luz del sol apenas se filtraba entre las cortinas e iluminaba ligeramente el cuerpo de Bella. El suspiró mientras la veía dormir boca abajo abrazando la almohada. El color oscuro de su cabello contrastaba con la piel blanca. De pronto Bella lanzó un suspiro. Se dió la vuelta, aún con los ojos cerrados, y quitándose los rizos de la cara los abrió. Volteó y lo vió parado, a un lado de ella, mirándola con una sonrisa en los labios. Ella sonrió, se estiró y luego jaló la sábana para cubrirse con ella.
-No, por favor- suplicó él. -No te cubras. Me gusta verte.
Bella sonrió aún más. Aventó la sábana con los pies mientras se mordía el labio inferior. Yassine se inclinó sobre ella y la besó en la boca.


Más tarde, después de almorzar, fueron a los Everglades. Mientras hacían el recorrido en un hidrodeslizador por los pantanos, Yassine la abrazaba y le repetía una y otra vez lo contento que se sentía por estar ahí, con ella. Todo ese día estuvieron viendo lagartos y cocodrilos. Antes de que oscureciera, llegaron al hotel. Apenas iban entrando al cuarto, cuando sonó el celular de Bella. El identificador de llamadas decía que era una llamada desconocida. Sospechó que se trataba de Adolfo. Con la mano, le indicó a Yassine que tomaría la llamada afuera.


-Hola, cariño- escuchó a Adolfo. -¿Cómo están por allá?
Bella le explicó que los niños andaban en Orlando con Sonia y su familia.
-Te extraño- dijo Bella.
-Yo también, mi amor. Espero que pasen pronto los días.
Cuando terminó de hablar con él, les llamó a sus hijos. Ellos estaban felices con su paseo. Después de hablar con ellos y con Sonia, se quedó un rato en el lobby. Pensaba en lo que estaba pasando y en la facilidad con que le mentía a Adolfo. Aunque se sentía un poco incómoda por estar engañándolo, reconocía estar disfrutando esa aventura.
-Eran mis hijos- explicó cuando regresó al cuarto.
-¿Están bien?
-Están felices- sonrió. -Creo que no me extrañan nadita.
-Me gustaría conocerlos, mi luna.
Ella se removió incómoda. Por supuesto, eso no pasaría nunca.
-Quizás un día- dijo en un susurro.
El la abrazó por detrás, mientras le mordía suavemente una oreja. Ella se recargó en él, dejándose llevar. Con una mano le retiró el cabello del cuello para besárselo delicadamente, mientras la otra mano la deslizaba por debajo de la blusa hasta llegar a uno de sus pechos. Bella se dió la vuelta para quedar enfrente de él y poder besarlo. De pronto, ella lo aventó en la cama y se subió sobre él. Con las manos temblando por el deseo, le desabrochó la camisa hasta dejar su pecho al descubierto. Yassine se enderezó un poco, sólo para terminar de quitarse la camisa. Bella puso las dos manos sobre su pecho, acariciándolo. Luego, con el dedo índice, recorrió el camino que formaba el vello de su pecho hacia abajo, hasta toparse con los pantalones. Entonces, emprendió el camino de regreso, ahora con la boca, besándolo despacio, muy despacito. Al llegar a su boca, lo besó apasionadamente. Después de unos minutos, Yassine se levantó de la cama y rápidamente terminó de desvestirse. Como ella quedó sentada a la orilla de la cama, él se acercó a ella.  Entonces Bella, sentada como estaba, lo jaló de la cintura hasta acercarlo completamente a ella, y comenzó a pasar la punta de la lengua alrededor de su virilidad. Él se estremeció de placer, pero cuando sintió la boca de Bella cerrándose alrededor de él, al tiempo que su lengua se movía despacito, de arriba a abajo, lanzó un gemido.
-Sigue, mi Bella- dijo con voz quebrada. -No pares.
Antes de terminar ahí, Yassine la levantó, tomándola por un brazo y la besó en la boca, mientras le quitaba la blusa y el sostén. Ella se bajó los pantalones y la tanga, sin dejar de besarlo. Cuando estuvo completamente desnuda, se repegó completamente a él. Tenía los pezones duros por la excitación. Entonces, Yassine se sentó en la cama, recargándose en la cabecera, y tomándola de la cintura, la sentó sobre él. Los dos gimieron al mismo tiempo.
-Deliciosa, mi luna- le decía al oído. -Me vuelve loco tu humedad.
Bella le rodeó la cintura con las piernas. Así podía tenerlo completamente dentro de ella.
-¿Te gusta lo que sientes?- preguntó chupándole la oreja.
-Me fascina, mi alma- dijo volviendo a besarla en la boca.
Bella llevaba el control. Se movía despacio mientras enredaba los dedos en el cabello de él. Se hacía ligeramente hacia atrás y él aprovechaba para besarle los pechos. Mordía los pezones duros y ella se estremecía aún más.
-Así, mi Bella- decía él. -¡Qué forma de moverte!- dijo moviéndola de las caderas.
Llegaron juntos al clímax, mientras Bella daba pequeños gritos de placer.